
El Cardenal Matteo Zuppi concluye su tercer viaje diplomático a Moscú como enviado papal, reafirmando el compromiso vaticano en mediación del conflicto Rusia-Ucrania.
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El cardenal Matteo Zuppi, arzobispo de Bolonia y presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, concluyó el 30 de septiembre su tercer viaje a Moscú como enviado especial del Papa León XIV. La misión, de tres días de duración, giró en torno a «el intercambio de prisioneros y el retorno de los niños ucranianos que han sido deportados», y confirma que el Vaticano mantiene abierto su canal de mediación en el conflicto entre Rusia y Ucrania, iniciado el 24 de febrero de 2022.
En la capital rusa, Zuppi se reunió con el ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, según informa el periódico La Croix. La agenda del cardenal se ciñó a cuestiones humanitarias, en la línea del mandato que le encomendó en su día el papa Francisco y que el actual pontificado de León XIV ha mantenido sin interrupción.
Entre los asuntos tratados figuran «el respaldo a los esfuerzos para el intercambio de prisioneros de guerra» y «la atención a la situación de los civiles afectados por el conflicto». Que Zuppi regrese por tercera vez a Moscú revela que el Vaticano preserva líneas de comunicación activas con el Kremlin al margen de los bloqueos que padecen las negociaciones diplomáticas formales.
Las estimaciones apuntan a al menos 7.000 prisioneros ucranianos y cerca de 4.000 rusos en cautiverio, miles de personas en un limbo legal sin acceso garantizado a la mediación del Comité Internacional de la Cruz Roja ni información fiable sobre su situación.
A ello se suma «la tragedia de miles de niños ucranianos que han sido separados de sus familias y trasladados a territorios ocupados por el ejército ruso». Esta dimensión infantil del conflicto ha llevado a la Santa Sede a destinar recursos diplomáticos específicos a su resolución. En declaraciones a la agencia Tass, Zuppi subrayó que el objetivo de la Santa Sede es profundizar en el diálogo para aliviar el sufrimiento causado por la guerra y contribuir a la resolución de estos problemas humanitarios.
El Vaticano ha multiplicado sus canales de acción. El arzobispo Paul Richard Gallagher, responsable de las relaciones exteriores de la Santa Sede, también viajó recientemente a Rusia. Allí celebró una misa por la paz y mantuvo reuniones tanto con Lavrov como con el metropolita ortodoxo Antonio de Volokolamsk, representante del Patriarcado de Moscú.
El reparto de tareas es claro: Zuppi atiende los expedientes humanitarios concretos; Gallagher cultiva el diálogo diplomático y las relaciones con la jerarquía ortodoxa. Juntos expresan una estrategia vaticana de aproximación integral que busca conexiones transconfesionales capaces de trascender el conflicto político.
La diplomacia de la Santa Sede apunta a «facilitar procesos concretos en lugar de forzar a ambas partes a sentarse a negociar de inmediato». Gracias a esta labor, el Vaticano «ha logrado reunir a familias separadas y facilitar la liberación de cautivos mediante el intercambio de listas de prisioneros».
El método es pragmático y gradualista: no impone calendarios de paz, sino que construye confianza mediante actos verificables. Cada intercambio de prisioneros es una victoria parcial que demuestra que el diálogo produce resultados, y sienta precedente para conversaciones de mayor alcance.
Este planteamiento encaja con la visión del Papa León XIV, quien en su reciente visita a Francia subrayó la vocación pacífica de Europa y la necesidad de demostrar «el coraje de la negociación», incluso si ello implica sacrificar ciertas posturas en pro de la paz.
La expresión "coraje de la negociación" merece atención. Negociar no es debilidad, sino un acto que exige valentía: reconocer que la solución militar no será completa, que ambas partes deben ceder algo, que una paz imperfecta vale más que una guerra sin fin. En su discurso en Metz sobre el futuro de Europa, León XIV fijó ese marco: Europa renació tras la Segunda Guerra Mundial sobre bases de paz negociada, no sobre la victoria total de uno sobre otro.
Este enfoque más matizado contrasta con declaraciones de su predecesor. El papa Francisco generó controversia en Ucrania en 2024 al sugerir que se debía tener «la valentía de la bandera blanca» y negociar en situaciones adversas. La expresión fue interpretada por muchos ucranianos como una llamada a la capitulación, en un momento en que el país soportaba una ofensiva militar rusa de especial dureza.
León XIV mantiene la prioridad de la paz, pero con un lenguaje diferente: no «bandera blanca», sino "coraje de la negociación". Ambas expresiones apuntan al diálogo, pero el actual pontífice evita la terminología que evoca rendición. La negociación se plantea desde la dignidad, no desde la derrota.
Conviene recordar que la misión de Zuppi como enviado papal arrancó bajo el pontificado de Francisco. León XIV ha continuado esta estrategia diplomática sin abandonarla, aunque con un acento distinto en el lenguaje y en los énfasis. La maquinaria vaticana sigue funcionando: contactos con Moscú, comunicación con Kiev, participación de varios emisarios en paralelo.
Que León XIV sostenga y refuerce esta labor sugiere que considera los avances humanitarios graduales un complemento necesario a las posiciones públicas más firmes sobre justicia y resolución del conflicto.
Con una actitud prudente pero resuelta, la Santa Sede mantiene su apuesta por el diálogo activo en medio del conflicto. Las misiones de Zuppi y Gallagher, las misas por la paz, los contactos sostenidos con ambas partes: todo ello expresa la convicción vaticana de que la paz es alcanzable si se construye sobre logros humanitarios concretos, no sobre imposiciones políticas abstractas.
Una tercera misión de Zuppi deja claro que este diálogo no es un gesto puntual, sino un trabajo sostenido. El Vaticano sigue creyendo que puede desempeñar un papel específico: no el de árbitro que declara vencedor, sino el de mediador humanitario que facilita acuerdos parciales e identifica áreas de posible cooperación, como el intercambio de prisioneros, el retorno de los niños deportados o el acceso de la ayuda humanitaria.
Estas preguntas han sido generadas por inteligencia artificial para favorecer el diálogo y la reflexión.
¿Crees que los esfuerzos diplomáticos del Vaticano en Moscú pueden contribuir realmente a resolver la crisis humanitaria de prisioneros y niños deportados, o son principalmente gestos simbólicos?
¿Te parece que el enfoque gradualista del Vaticano, buscando intercambios concretos antes que negociaciones políticas amplias, es la estrategia más efectiva para avanzar hacia la paz?
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