En la Plaza de San Pedro, el Papa León XIV reflexionó sobre la Transfiguración de Cristo, destacando su significado profundo para la fe y la esperanza cristiana.
Ante una multitud congregada este domingo 1 de marzo, el Santo Padre explicó el pasaje evangélico en el que Jesús revela su divinidad a los apóstoles Pedro, Santiago y Juan. Este episodio, según León XIV, ejemplifica cómo Dios se manifiesta: una presencia humana luminosa que irradia abundancia sin buscar el espectáculo ante las masas.
El pontífice subrayó que el cuerpo de Cristo durante la Transfiguración anticipa la luz que resplandecerá en la Pascua, cuando Jesús, tras su muerte en la cruz y resurrección, ilumina los cuerpos marcados por el sufrimiento, la violencia y la pobreza. Enfatizó que, aunque el mal reduce la carne humana a un objeto o a un número anónimo, la redención transforma ese mismo cuerpo en un reflejo glorioso de Dios.
Esta enseñanza conecta con el dogma de la resurrección de los cuerpos, que sostiene que al final de los tiempos todos los difuntos recuperarán su cuerpo, pero en una forma glorificada y renovada. León XIV insistió en que, mediante su resurrección, Cristo transfigura las heridas de la historia humana.
El Papa invitó a los fieles a dejarse iluminar por el verdadero rostro del Señor, único capaz de ofrecer respuesta al vacío del ateísmo, a la soledad del agnosticismo y a la fragilidad de la fe. Reconoció que, al igual que los apóstoles, la comprensión de esta revelación divina requiere tiempo y paciencia.
Animó a vivir este tiempo de Cuaresma como un periodo de conversión y encuentro con el Señor, para profundizar en la experiencia de su compañía y en la esperanza que ofrece a la humanidad.
