El Papa León XIV ha enviado una carta a los cardenales en pleno tiempo pascual, en la que subraya que la misión de la Iglesia debe centrarse en el anuncio de Cristo y no en estrategias de poder o expansión institucional.
En el texto, fechado el 12 de abril y difundido este 14 de abril, el Pontífice agradece el trabajo realizado en el último consistorio y recoge algunas de las principales conclusiones surgidas en torno a la misión, la sinodalidad y la transmisión de la fe.
El Papa destaca que la exhortación apostólica Evangelii gaudium sigue siendo un texto central para la vida de la Iglesia:
“Representa un punto de referencia decisivo”.
Según explica, no se trata solo de nuevos contenidos, sino de un cambio de enfoque que sitúa el kerigma —el anuncio de Cristo— en el centro de la vida cristiana y eclesial.
León XIV insiste en que la renovación de la Iglesia pasa por una conversión personal real:
“Pasar de una fe simplemente recibida a una fe realmente vivida y experimentada”.
En este sentido, subraya la importancia de la oración, el testimonio y la coherencia entre la fe y la vida.
El Pontífice propone un cambio de mentalidad en la acción pastoral:
“Pasar de una pastoral de conservación a una pastoral misionera”.
En esta línea, anima a crear comunidades acogedoras, capaces de acompañar, escuchar y comunicar el Evangelio con un lenguaje comprensible.
Uno de los puntos más fuertes de la carta es la definición de la misión de la Iglesia:
“La Iglesia está llamada a vivir sin complejos como un pequeño rebaño portador de esperanza”.
Y añade que el objetivo último no es la supervivencia institucional:
“El fin de la misión no es su propia supervivencia, sino la comunicación del amor con el que Dios ama al mundo”.
“La misión se difunde por atracción, no por conquista”
“Evangelii gaudium sigue siendo un punto de referencia decisivo”
“Pasar de una fe recibida a una fe vivida”
“De una pastoral de conservación a una pastoral misionera”
“La Iglesia no busca sobrevivir, sino comunicar el amor de Dios”
“De sus aportaciones se desprende claramente que Evangelii gaudium sigue representando un punto de referencia decisivo: no se limita a introducir nuevos contenidos, sino que recentra todo en el kerigma como corazón de la identidad cristiana y eclesial”.
“Se ha reconocido como un verdadero «soplo nuevo», capaz de iniciar procesos de conversión pastoral y misionera, más que de producir reformas estructurales inmediatas”.
“A nivel personal, llama a cada bautizado a renovar el encuentro con Cristo, pasando de una fe simplemente recibida a una fe realmente vivida y experimentada”.
“A nivel comunitario, insta al paso de una pastoral de conservación a una pastoral misionera, en la que las comunidades sean sujetos vivos del anuncio”.
“De todo ello surge una comprensión de la misión profundamente unitaria: una misión cristocéntrica y kerigmática, que se difunde por atracción más que por conquista”.
“El fin de la misión no es su propia supervivencia, sino la comunicación del amor con el que Dios ama al mundo”.
