El viaje apostólico del Papa León XIV a Argelia ha sido calificado como un “evento histórico” con una proyección duradera tanto en la Iglesia como en la sociedad del país norteafricano. Así lo ha señalado el arzobispo de Túnez y presidente de la Conferencia Episcopal del Norte de África, monseñor Nicolas Lhernould, al hacer balance de la visita.
El prelado subraya que no se trata solo de la primera vez que un Pontífice visita Argelia, sino del significado profundo del viaje: León XIV, agustino, ha recorrido la tierra de San Agustín con una fuerte carga espiritual y pastoral. “Ha venido a encontrarse con un pueblo”, destaca, más allá de un simple gesto simbólico.
Durante su estancia, el Papa ha dejado como hilo conductor de sus intervenciones la centralidad de Dios, de la que brota la paz, junto a una insistente llamada a la convivencia y al encuentro entre personas de distintas culturas y religiones. En este contexto, una palabra ha resonado con especial fuerza: convivium, entendida como la construcción de la fraternidad.
La celebración de la Misa en Annaba, la antigua Hipona, fue uno de los momentos más significativos del viaje. Allí, según Lhernould, se vivió una intensa experiencia de paz, marcada por la interculturalidad y la presencia también de amigos musulmanes, reflejo de la convivencia cotidiana en el país.
El Papa se presentó “con humildad y sencillez”, evitando discursos diplomáticos y optando por un lenguaje cercano que ha tenido un fuerte impacto tanto en la comunidad cristiana como en la sociedad en general.
El arzobispo destaca que León XIV no solo ha hablado de paz, sino que ha ofrecido un camino concreto para construirla: la fraternidad. “Es probablemente la medicina contra todo lo que se opone a la paz”, afirma, en una referencia directa a la insistencia del Pontífice en vivir la comunión desde las diferencias.
Este enfoque, profundamente inspirado en san Agustín, se apoya en tres pilares que el Papa ha señalado para la Iglesia en Argelia: la oración, la caridad y la unidad. Elementos que, según Lhernould, definen una misión “agustiniana” plenamente en sintonía con la realidad local.
Tras la visita, la Iglesia en Argelia se siente fortalecida en su identidad: una presencia humilde, basada en las relaciones, el diálogo y el testimonio cotidiano en una sociedad mayoritariamente musulmana.
El impacto del viaje, concluye el arzobispo, se verá con el tiempo, pero ya ha dejado una huella clara: la invitación a construir una convivencia donde las diferencias no dividan, sino que, desde Dios, se conviertan en verdadera comunión.
