El Sínodo entra en fase clave en Barcelona entre resistencias y expectativas

El Sínodo entra en fase clave en Barcelona entre resistencias y expectativas

En Barcelona, la implementación del Sínodo sobre la sinodalidad avanza con retos y expectativas de consolidación hacia 2028.

El 11 de marzo de 2025, desde el hospital Gemelli en Roma y semanas antes de su fallecimiento, el Papa Francisco autorizó el inicio de la fase de implementación del Sínodo sobre la sinodalidad, un proceso de tres años que concluirá con una asamblea en el Vaticano en 2028. Bajo la dirección de la Secretaría General del Sínodo, las diócesis de todo el mundo deben aplicar el Documento Final, involucrando tanto a clérigos como a laicos en la vida eclesial. Enric Termes, responsable de esta etapa en el Arzobispado de Barcelona, explica cómo se afronta este desafío y subraya que “la sinodalidad no es un Nescafé instantáneo, sino un proceso que requiere tiempo y formación”.

El reciente consistorio extraordinario convocado por el Papa León XIV se desarrolló con un formato sinodal, caracterizado por mesas redondas y intervenciones abiertas. Termes valora que la reunión haya reunido a cardenales en torno a una mesa para elegir los temas, destacando sinodalidad y misión, lo que refleja la coyuntura actual de la Iglesia. El discurso inaugural del Santo Padre a los cardenales el 9 de mayo de 2025, un día después de su elección, estableció las prioridades de su pontificado, y el consistorio ha supuesto un avance en esa dirección.

Persisten ciertas reservas hacia la sinodalidad, que Termes atribuye a la dificultad del proceso y a la resistencia al cambio. Señala que la iniciativa responde a una intuición del Concilio Vaticano II, que abrió el estudio teórico sobre el Pueblo de Dios y los ministerios, pero que ahora el Sínodo busca profundizar en la práctica con un laicado más activo que hace seis décadas. Además, el episcopado actual es universal, a diferencia del carácter europeo del Vaticano II, y las tecnologías facilitan una conexión sin precedentes. La propuesta del papa Francisco está aún en desarrollo y requerirá más tiempo para culminar en la asamblea de 2028.

En Barcelona, la implementación del Sínodo ha avanzado lentamente y aún queda mucho por hacer. Se ha introducido la temática en el consejo pastoral diocesano y se ha intentado aplicar la metodología sinodal, aunque se encuentra en fases iniciales. Las otras diócesis catalanas han progresado a ritmos diversos debido a sus circunstancias particulares. Se organizan encuentros de equipos sinodales y formaciones abiertas, como la impartida por Cristianismo y Justicia con expertos como Rafael Luciani y Cristina Inogés.

El Documento Final del Sínodo, que consta de 60 páginas, ha sido distribuido a todas las parroquias, aunque su impacto es incierto y depende del trabajo que se realice con él. En 2022, en Barcelona se elaboraron fichas para revisar aspectos surgidos en la fase diocesana, lo que facilita no partir de cero y relacionar el trabajo previo con el contenido del documento.

Los retos actuales se centran en concretar las reflexiones recogidas durante la fase diocesana. La implementación implica abordar conceptos clave como discernimiento, conversión, espiritualidad y mecanismos de participación. El discernimiento supone un desafío para los consejos parroquiales y diocesanos, que no deben limitarse a decisiones triviales, sino abrirse a un trabajo complementario y participativo. Ejemplos internacionales muestran que es la primera vez que algunos rectores consultan la opinión de sus comunidades.

Los sacerdotes, formados tradicionalmente para dirigir, deben adaptarse a formas diversas de liderazgo. En Cataluña, la complementariedad se practica desde hace tiempo en iniciativas como el Concilio Provincial Tarraconense, donde los temas surgen de consultas amplias. El plan pastoral de Barcelona también incluyó una fase de consulta abierta a todos los interesados.

Algunos críticos de la sinodalidad argumentan que la verdadera dificultad reside en una supuesta amenaza a la autoridad sacerdotal. Termes, sacerdote él mismo, reconoce que el Sínodo ha supuesto un cambio significativo, que exige replantear actitudes y aceptar el cuestionamiento.

Comentarios
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Jorge Jiménez
2 horas hace
La sinodalidad es un proceso que avanza, pero a paso de tortuga; ¿cuándo veremos resultados concretos en Barcelona? La resistencia al cambio es palpable y el riesgo de que se quede en meras palabras es alto. En lugar de reuniones interminables, necesitamos acciones claras y efectivas.
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