El obispo de Vitoria, Mons. Juan Carlos Elizalde, ha pronunciado una homilía de gran carga social y espiritual en la fiesta de San Prudencio, patrón de Álava, en la que ha abordado algunos de los grandes desafíos actuales: la polarización, la convivencia, la migración y la necesidad urgente de construir la paz desde dentro.
En un contexto marcado por tensiones globales y sociales, el prelado ha presentado la figura del santo como un referente actual para una sociedad que necesita recuperar la unidad.
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El obispo ha subrayado que San Prudencio vivió en una época también marcada por conflictos e inestabilidad, pero eligió un camino distinto: abrirse a Dios y entregarse a los demás.
“San Prudencio vivió en una época marcada también por incertidumbres… y, sin embargo, eligió no encerrarse en el miedo”
A partir de este ejemplo, ha lanzado una llamada directa a los cristianos de hoy:
“Cuando el mundo se agita, los creyentes estamos llamados a ser sembradores de paz”
Lejos de planteamientos teóricos, el obispo ha insistido en que la paz se construye en gestos concretos y cotidianos, empezando por el corazón de cada persona.
“La paz no tendrá éxito si no comienza en el corazón de cada persona”
Y ha concretado cómo se hace presente:
“La paz se hace presente cuando se perdona, cuando se dialoga, cuando se escucha”
En este sentido, ha recordado que la sociedad española, y en particular el País Vasco, conoce bien el coste del conflicto y la violencia, por lo que está llamada a ser ejemplo de convivencia.
Uno de los ejes centrales de la homilía ha sido la crítica a la polarización, que ha descrito con gran profundidad.
“La polarización transforma las opiniones en identidades. Ya no ‘opinas’ de una manera, sino que ‘eres’ de una forma”
El obispo ha explicado que este fenómeno se alimenta del miedo y de la desconfianza, generando una dinámica peligrosa en la sociedad.
“El miedo es el pegamento más fuerte de la polarización”
Además, ha advertido de una consecuencia especialmente grave:
“No se ve al oponente como alguien con quien se discrepa, sino como una amenaza existencial”
Esta dinámica, ha señalado, conduce a la deshumanización del otro, rompiendo el diálogo y dificultando cualquier convivencia real.
El obispo también ha dedicado una parte importante de su homilía a la cuestión migratoria, una de las más sensibles en la actualidad.
“Detrás de cada migrante hay una historia, una familia, lágrimas, sueños y una enorme valentía”
Frente a posturas simplistas, ha propuesto una visión equilibrada:
“Acoger no significa ingenuidad; significa humanidad”
Y ha advertido con claridad:
“La indiferencia, jamás”
En uno de los momentos más incisivos, el obispo ha interpelado directamente a los fieles y a la sociedad en general:
“¿Qué clase de sociedad queremos ser?”
Una pregunta que, según ha explicado, no se resuelve solo en la política, sino en todos los ámbitos de la vida cotidiana: familia, trabajo, educación y comunidad.
Mons. Elizalde ha insistido en que la Iglesia está llamada a ser lugar de unidad y reconciliación, especialmente en un mundo donde muchas personas se sienten desorientadas.
“Muchos necesitan experimentar que juntos es mejor, que juntos es hermoso”
Y ha advertido de una realidad creciente:
“Hoy muchas personas se sienten perdidas… les parece que ya no pueden orientarse”
La homilía ha concluido con una oración cargada de sentido social, en la que ha pedido por la unidad, la paz y la responsabilidad de todos.
“Que nos haga ver a quienes han venido de lejos… como hermanos”
Y ha resumido su mensaje en una frase clara y directa:
“Que nos enseñe a ser constructores de puentes y no de muros”
