La Fraternidad de San Pío X ha anunciado la intención de consagrar nuevos obispos sin contar con la autorización del Papa, fijando la fecha para el 1 de julio.
El Superior General de la Fraternidad de San Pío X, Davide Pagliarani, informó el lunes que los obispos de la comunidad realizarán las consagraciones episcopales el próximo 1 de julio, sin especificar qué sacerdotes serán ordenados. Según el comunicado emitido por la casa general, Pagliarani ofrecerá en los días siguientes explicaciones adicionales sobre la situación actual y la decisión tomada.
Esta determinación surge tras la negativa del Vaticano a responder a las solicitudes presentadas el año anterior para garantizar la continuidad del ministerio episcopal dentro de la Fraternidad. En una carta reciente dirigida al Superior General, la Santa Sede no atendió dichas peticiones. Por ello, Pagliarani, apoyado por la opinión unánime de su consejo, concluyó que la gravedad de la situación espiritual de las almas exige esta medida.
Fundada en 1970 por el arzobispo Marcel Lefebvre (1905–1991) en oposición al Concilio Vaticano II, la Fraternidad actualmente cuenta con dos obispos consagrados en 1988 por Lefebvre, con la co-consagración del obispo brasileño Antônio de Castro Mayer. Se trata de Alfonso de Galarreta, de 69 años, y Bernard Fellay, de 67. En esa misma ceremonia fueron consagrados también Bernard Tissier de Mallerais, fallecido en 2024, y Richard Williamson, quien fue expulsado en 2012 y murió el año pasado.
En el seminario ubicado en Zaitzkofen, Baviera, los seminaristas de la Fraternidad son ordenados diáconos y sacerdotes. Estas ordenaciones carecen de permiso y, por tanto, los ordenados quedan suspendidos automáticamente.
Desde hace tiempo se debate dentro de la Fraternidad la posibilidad de realizar nuevas consagraciones episcopales. En 2024, Benoît de Jorna, superior del distrito francés, manifestó que ante la falta de mejoría en la situación eclesiástica desde 1988, resulta necesario pensar en "proporcionarles ayudantes que algún día sean sus sucesores". La continuidad en la ordenación sacerdotal depende exclusivamente de la existencia de obispos.
Según el derecho canónico, la consagración episcopal sin mandato papal conlleva la excomunión automática tanto para quien la confiere como para quien la recibe. En la carta apostólica Ecclesia Dei (1988), emitida por el Papa Juan Pablo II tras las consagraciones ilegales de Lefebvre, se establece que este acto constituye un "acto cismático" al implicar un rechazo real del primado romano. La remoción de dicha sanción corresponde únicamente a la Santa Sede.
En 2009, por disposición del Papa Benedicto XVI, se levantó la excomunión impuesta a los obispos de la Fraternidad. No obstante, esta medida no implicó la rehabilitación canónica de la comunidad, cuyos sacerdotes y obispos continúan suspendidos y sin ejercer ministerios legítimos, administrando sacramentos generalmente sin autorización. Sin embargo, las ordenaciones ilícitas pueden ser válidas desde el punto de vista sacramental si se realizan conforme a la forma prescrita.
