La Iglesia Católica ha comenzado a ofrecer refugio temporal a familias desplazadas por desalojos y demoliciones en Port-Bouët y Koumassi.
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El cardenal Ignace Bessi Dogbo, arzobispo de la Archidiócesis Católica de Abidján en Costa de Marfil, ha denunciado una "tragedia humana" provocada por las operaciones de desalojo y demolición que han arrasado los distritos de Port-Bouët y Koumassi, dejando a cientos de familias sin hogar ni perspectiva de acogida.
A través de un mensaje difundido por Ecclésia TV, el canal de televisión católica nacional, el cardenal expresó su solidaridad con los desplazados e hizo un llamamiento urgente a la sociedad civil y a los fieles para que movilicen recursos y hospitalidad ante esta crisis humanitaria que ha alterado profundamente la vida de numerosos residentes en la capital económica del país.
En su intervención del miércoles 17 de junio, el cardenal Dogbo fue directo en su diagnóstico: "Estamos viviendo una situación dramática. Estamos experimentando una tragedia humana". Sus palabras colocaron el sufrimiento de los desplazados en el centro de la respuesta que la Iglesia debe ofrecer.
La llegada de la temporada de lluvias agrava exponencialmente la situación de quienes han sido expulsados de sus viviendas. El arzobispo de Abiyán subrayó esta realidad con preocupación: "El frío, la humedad y el cambio climático ya hacen que las personas sean frágiles. Cuando se les deja sin refugio, esa fragilidad solo aumenta", lamentó en su mensaje.
El cardenal Dogbo enfatizó que la Iglesia, mediante su ministerio social, tiene la responsabilidad de acompañar a los que sufren. Por ello, dirigió un llamamiento explícito a cristianos y ciudadanos para que demostrasen generosidad y compasión hacia los afectados. "La Iglesia, a través de su ministerio social, busca acompañar a quienes sufren. Invitamos a todos a abrir sus corazones y sus puertas, para apoyar a aquellos que no tienen hogar, a quienes han sido expulsados y no saben a dónde ir", afirmó.
El arzobispo exhortó a ciudadanos y cristianos a convertir la hospitalidad en un acto concreto de fe. "Que cada ciudadano y cada cristiano abra su corazón a la generosidad y ofrezca una medida de hospitalidad a estas personas. Acoger a los pobres es acoger a Dios", pidió con énfasis.
Para fundamentar su apelación, el cardenal Dogbo recurrió al ejemplo de Abraham en el Libro del Génesis. "Abraham acogió a extraños que pasaban, pero en realidad estaba acogiendo a Dios. Seamos, por tanto, abiertos y generosos, y miremos con compasión el sufrimiento de estas personas", recordó, invitando a los fieles a reconocer en el rostro del desplazado la presencia del mismo Dios.
Más allá de las palabras, el cardenal animó a los fieles a acompañar a los afectados mediante la oración. Subrayó que la Iglesia permanece junto a quienes carecen de refugio y se encuentran en situación de especial vulnerabilidad, sin abandonarlos a su suerte.
La parábola del Buen Samaritano sirvió como referencia espiritual en el mensaje del cardenal para interpretar el deber cristiano ante los heridos y marginados. "Esta es una oportunidad para orar por todas estas personas y recordar que la Iglesia siempre está cerca de aquellos que no saben a dónde ir, de aquellos que se encuentran en los márgenes, heridos como el hombre en el camino de Jerusalén a Jericó", añadió.
La respuesta de la Iglesia no se ha limitado a declaraciones. La Diócesis de Grand-Bassam, que limita con la Archidiócesis de Abidján, ha puesto en marcha iniciativas concretas. El obispo Raymond Ahoua ha abierto las instalaciones de escuelas católicas para acoger temporalmente a los desplazados.
Esta medida representa un esfuerzo tangible por proporcionar un espacio seguro a quienes han perdido sus viviendas en las operaciones de desalojo. Las instalaciones escolares funcionan como refugio temporal mientras se buscan soluciones más permanentes para las familias afectadas.
Con esta iniciativa, la Iglesia Católica en Costa de Marfil subraya la urgencia humanitaria de la crisis y reafirma su responsabilidad moral ante las familias vulnerables. La acción del obispo Ahoua responde directamente al llamamiento del cardenal Dogbo y demuestra que la solidaridad no es solo un principio, sino una práctica.
El cardenal Dogbo presentó la solidaridad como un deber humano y cristiano fundamental, especialmente en momentos de sufrimiento e incertidumbre. Su apelación busca garantizar que ninguna de las víctimas de los desalojos quede abandonada, y que la sociedad civil y la comunidad de fe asuman su responsabilidad ante esta tragedia.
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