El 250 aniversario de la independencia estadounidense genera controversia por el enfoque religioso de los actos conmemorativos.
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El próximo domingo, el presidente Donald Trump y varios miembros de su gabinete asistirán a un acto de oración en el National Mall de Washington para conmemorar el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos. El evento, titulado Rededicate 250, ha desatado críticas por su énfasis en la dimensión religiosa de la celebración, particularmente por lo que detractores califican como promoción del nacionalismo cristiano, una perspectiva que, según sus críticos, mezcla la identidad americana con la cristiana de manera que podría vulnerar la separación constitucional entre iglesia y estado.
La organización sin ánimo de lucro Freedom 250 coordina el evento, presentado en su web como una iniciativa público-privada que encabeza la programación presidencial para el semiquincentenario, cuyo punto culminante será el 4 de julio con el aniversario de la Declaración de Independencia. Demócratas del Congreso han cuestionado tanto la estructura como las finanzas de esta organización, viéndola como un mecanismo de Trump para eludir la comisión establecida por el Congreso hace una década con el propósito de organizar los actos conmemorativos.
Se prevé que miles de personas acudan a Rededicate 250, que contará con música de adoración, oraciones y discursos de miembros del gabinete, funcionarios republicanos y líderes religiosos. Entre los participantes figuran el secretario de Estado Marco Rubio, el secretario de Defensa Pete Hegseth y el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson. Hegseth, en un vídeo promocional, subrayó que “nuestros derechos no provienen del gobierno, provienen de Dios”, vinculando así la fe con la solidez de la nación.
Algunos líderes religiosos han caracterizado el acto como una reunión cristiana. El pastor Jentezen Franklin expresó en un vídeo que “este es un momento en el que el Cuerpo de Cristo, la iglesia, se une y declara que América aún necesita a Dios”. Johnson, por su parte, recordó que la conmemoración coincide con el 250 aniversario de una proclamación del Congreso que solicitaba un “día de Humillación, Ayuno y Oración” en apoyo a la causa revolucionaria.
No obstante, críticos como el representante Jared Huffman han denunciado que Rededicate 250 sirve para difundir una narrativa de nacionalismo cristiano que tergiversa la diversidad religiosa estadounidense. Huffman, copresidente del Caucus de Libre Pensamiento del Congreso, argumentó que el evento “ha sido políticamente secuestrado” y que “no representa a todos los cristianos”, en alusión a las tensiones recientes entre Trump y el Papa León XIV.
El acto se inscribe en una estrategia más amplia de la Administración Trump dirigida a su base de cristianos conservadores, especialmente evangélicos blancos. Varios de los participantes en Rededicate 250 integran también la Comisión de Libertad Religiosa, que prepara un informe tras un año de audiencias centradas en quejas políticas de orientación conservadora.
La Freedom From Religion Foundation ha anunciado una manifestación en Washington el mismo día, argumentando que el evento de Trump constituye un uso indebido del aparato estatal para promover el nacionalismo cristiano. Según datos del Pew Research Center, el 60% de los adultos estadounidenses y el 80% de los evangélicos blancos creen que los fundadores pretendían que el país fuera una nación cristiana, aunque los historiadores coinciden en que las convicciones religiosas de los fundadores eran variadas y que la Constitución no establece religión oficial alguna.
