Más de 20.000 adultos se bautizarán en Francia: crece la fe entre los jóvenes

Más de 20.000 adultos se bautizarán en Francia: crece la fe entre los jóvenes

Un fenómeno inesperado está captando la atención de la laicista Francia: más de 20.000 adultos, en su mayoría jóvenes, se preparan para ser bautizados en la próxima Pascua.

Según la información difundida por agensir.it, este aumento en el número de bautismos plantea interrogantes sobre las motivaciones que llevan a estos jóvenes a abrazar la fe católica en un contexto donde la Iglesia enfrenta desafíos significativos. Mientras en algunas comunidades se escucha el clamor por el “sbattezzo”, que implica la renuncia formal a la pertenencia a la Iglesia, en Francia se observa un crecimiento notable de adultos que, tras un riguroso proceso de catecumenado, optan por recibir los sacramentos de iniciación cristiana.

Durante la primera semana de Cuaresma, se celebró en las diócesis francesas el “appel décisif”, un rito en el que los catecúmenos son llamados individualmente a confirmar su deseo de ser bautizados. Para la Pascua de 2026, se espera que al menos 20.000 personas participen en esta celebración, un aumento significativo desde los 4.000 bautismos registrados en 2015, que han crecido anualmente hasta alcanzar las 17.800 el año pasado y superar las 20.000 en la actualidad. Este incremento del 150 % en cinco años incluye una notable mayoría de jóvenes entre 18 y 25 años, y también se extiende a áreas rurales, donde un tercio de los catecúmenos reside fuera de las grandes ciudades.

Celestino Migliore, nuncio apostólico en París, señala que esta tendencia es “contraintuitiva”, ya que estos jóvenes llegan a una Iglesia debilitada por escándalos de abusos y que ha perdido su antiguo esplendor. A quienes cuestionan cómo pueden unirse a una comunidad que los medios retratan como corrupta, ellos responden que al formar parte de ella, la experiencia es diferente y se genera confianza. Estos jóvenes no son revolucionarios ni reformadores; buscan en la Iglesia un marco de referencia, disciplina y dogma, aunque no tienen prisa por integrarse en la institución eclesial, ya que el aumento de bautismos no se traduce en un incremento de seminaristas.

“Buscan la alegría de la fe, no el compromiso con el sacerdocio”, explica Migliore. Si bien son menos críticos con la institución clerical, la consideran un medio y no un fin. Experimentan un renacer espiritual que se distancia tanto de la tradición histórica como de la cultura secular predominante, anhelando una espiritualidad vivida intensamente y un sistema normativo que recuerda a sus contrapartes musulmanas, como se observa en la comparación entre las prácticas de Cuaresma y el Ramadán. Además, no están motivados políticamente y se sitúan en oposición tanto a los identitarios de extrema derecha como a los cristianos de izquierda, que se centran en la tradición y la igualdad de género.

Algunos críticos advierten que ciertas conversiones, especialmente entre evangélicos o en círculos católicos afines, carecen de la transparencia del Evangelio y de la paciencia necesaria para un camino de clarificación interior. Estas conversiones parecen impulsadas por un fervor que se canaliza hacia la religión con la misma lógica que podría aplicarse a la militancia política: una adhesión total, una pertenencia identitaria y un deseo de posicionarse. El auge de los nuevos bautismos ha sorprendido incluso a la prensa laicista francesa, que ha titulado “Viento de juventud sobre el catolicismo francés” en referencia a la “jeunesse de l’Eglise Catholique en France”.

Este fenómeno también ha llamado la atención de la propia Iglesia, que reconoce que el catecumenado, que hasta ahora era una de las muchas pastorales, se ha convertido en la prioridad pastoral. “Es fundamental cómo acoger, facilitar la decisión a través de las redes sociales, discernir y acompañar a los nuevos fieles tras la euforia del catecumenado hasta el bautismo. Lo que sucede después del bautismo es realmente crucial”, añade Migliore.

Comentarios
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Victoria Iglesias
56 minutos hace
El alza en los bautismos en Francia revela un vacío espiritual que la juventud intenta llenar, pero no debemos confundir deseo con ceguera. ¿Qué propone la Iglesia para asegurar que estas conversiones no se queden en mero fervor efímero y realmente transformen vidas?
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