El quinto viaje apostólico del Pontífice a Francia cierra con encuentros ecuménicos sobre paz, justicia y el futuro de Europa.
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León XIV regresó a Roma el pasado 28 de septiembre de 2026 tras concluir su quinto viaje apostólico, que le llevó a Francia entre los días 25 y 28 de ese mes. El vuelo de Air France tomó tierra en el aeropuerto Leonardo da Vinci de Roma-Fiumicino a las 20:53 horas, después de despegar del aeropuerto de Metz-Nancy-Lorraine a las 19:33. Durante el trayecto, el Pontífice atendió a una conferencia de prensa ante los 80 periodistas que viajaban con él.
El viaje cerró con varios actos en Metz, ciudad donde el Papa se reunió con el presidente francés Emmanuel Macron antes de partir. En el aeropuerto, León XIV agradeció a Macron la «calorosa acogida y generosa hospitalidad» dispensadas durante su estancia en territorio francés, y prometió seguir orando por el pueblo de ese país.
El Pontífice extendió también sus buenos deseos al presidente suizo Guy Parmelin y al presidente italiano Sergio Mattarella. Estos gestos diplomáticos reflejan el empeño vaticano por afianzar vínculos con los principales Estados europeos en un momento de notable tensión geopolítica.
El Papa subrayó asimismo el compromiso de la Iglesia en Francia con la promoción del Evangelio y la cultura de la vida, y calificó el viaje de momento de reafirmación de la presencia católica en suelo francés.
Entre los momentos más destacados del viaje figuró un encuentro interreligioso celebrado en el Centro de Congresos Robert Schuman de Metz, donde líderes de diversas tradiciones de fe se dieron cita bajo la presidencia del Pontífice. El Papa aprovechó la ocasión para enunciar un principio sin ambigüedades: «invocar el nombre de Dios para legitimar la violencia es una profanación».
La declaración apunta más allá del contexto francés y se dirige implícitamente a los conflictos globales en que ciertos actores recurren al lenguaje religioso para justificar acciones bélicas. León XIV situó la defensa de la dignidad humana en el centro de toda reflexión sobre fe y acción política.
Desarrollando esa misma idea, el Pontífice añadió una afirmación sobre la medida de las civilizaciones: «la grandeza de una civilización no se mide por sus éxitos materiales, sino por cómo protege y eleva a la persona humana». La tesis invierte la jerarquía de valores dominante en la modernidad: la riqueza material cede ante la protección de la dignidad de la persona.
El segundo gran acto en Metz llevaba por título «A las raíces de Europa por la paz y la unidad» y congregó a líderes religiosos y políticos para debatir los desafíos actuales del continente. Macron estuvo presente en la ceremonia y reclamó que Europa recupere el espíritu de sus fundadores frente al resurgimiento de los nacionalismos.
En su intervención, el Sumo Pontífice lanzó una advertencia explícita. «Advirtió sobre la ilusoria idea del rearme» y reclamó esfuerzos creativos para alcanzar la paz, en lugar de limitarse a contener la guerra. Esta posición coloca al Papa en abierta discrepancia con las estrategias de aumento del gasto militar anunciadas por varios Estados europeos.
La lógica papal es nítida: el rearme no proporciona seguridad verdadera, sino que perpetúa la dinámica de la confrontación. El Papa propone un cambio radical de mentalidad en el que la creatividad política sustituya a la acumulación de armamento como instrumento de defensa.
La jornada concluyó con una misa en la catedral de San Esteban de Metz, donde el Pontífice puso el acento en la paz y la justicia. En su homilía, León XIV animó a los fieles a ser «misioneros, no funcionarios», una exhortación que llama a la Iglesia a recuperar su dimensión profética frente a la tentación de la burocratización.
Junto a ese llamamiento espiritual, el Papa abordó también el cuidado de quienes se han incorporado a la fe en los últimos años, reconociendo que la Iglesia en Francia afronta el reto de acoger y acompañar a nuevos fieles en un contexto de avanzada secularización.
La homilía reflejó una visión pastoral de conjunto: la justicia no es solo una cuestión política, sino un imperativo espiritual que debe orientar la acción de toda la comunidad de fe.
El viaje ha sido valorado por numerosos observadores como un momento de gran relevancia para la Iglesia Católica en Francia, que afronta serios desafíos en su capacidad de influir en la vida social y política del país. León XIV fue recibido con entusiasmo por miles de fieles, lo que evidencia que la presencia papal conserva una base de apoyo popular sólida.
El regreso a Roma cierra un viaje que ha reforzado el perfil de el Papa como líder espiritual y actor político en un momento de creciente tensión en Europa. Su advertencia sobre la ilusoriedad del rearme, unida a la apelación a la creatividad política y a la defensa de la dignidad humana, sitúa a la Iglesia en una posición claramente diferenciada respecto a las narrativas nacionalistas y belicistas que vuelven a ganar terreno en el continente.
La visita a Francia consolida además la estrategia vaticana de presencia activa en los grandes debates europeos, recordando que la Iglesia se considera un actor con voz propia en la configuración del futuro político y moral de Europa.
Estas preguntas han sido generadas por inteligencia artificial para favorecer el diálogo y la reflexión.
¿Crees que el mensaje papal sobre la ilusión del rearme puede influir en las decisiones de política de defensa de los países europeos?
¿Qué te parece la llamada del Papa a ser misioneros en lugar de funcionarios, aplicada a la realidad actual de la Iglesia?
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