La Santa Sede ha manifestado con contundencia su rechazo a la reciente escalada bélica en Oriente Medio, subrayando la necesidad imperiosa de detener la violencia y apostar por la diplomacia para evitar una catástrofe mayor.
En los últimos días, el Vaticano ha expresado su oposición clara y firme ante el aumento de tensiones derivado del ataque conjunto israelí-estadounidense contra Irán y la respuesta iraní posterior. Esta postura se fundamenta en las declaraciones del Papa León XIV y en la entrevista concedida por el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado, donde se enfatiza la urgencia de frenar el conflicto antes de que sus consecuencias sean irreversibles.
El 1 de marzo, el Santo Padre lanzó un mensaje directo en el que advirtió que la paz no puede sustentarse en amenazas mutuas ni en el uso de la fuerza armada. En su intervención, solicitó a las partes involucradas que asuman “la responsabilità morale di fermare la spirale della violenza prima che diventi una voragine irreparabile”, insistiendo en que la diplomacia debe recuperar su papel fundamental para promover el bienestar de los pueblos afectados.
Unos días después, durante su regreso al Vaticano desde Castel Gandolfo, León XIV reiteró su preocupación en un breve pero contundente mensaje dirigido a la prensa: “Pregare per la pace, lavorare per la pace, meno odio. Sempre sta aumentando l’odio nel mondo. Serve cercare veramente di promuovere il dialogo, cercare soluzioni, senza le armi, per risolvere i problemi”. Esta referencia al aumento del odio fue destacada en el comunicado vaticano como un factor clave que alimenta la degradación social y la aceptación de la violencia.
La posición de la Santa Sede no se limita a un llamamiento genérico a la paz, sino que defiende explícitamente la diplomacia multilateral y el respeto al derecho internacional como pilares esenciales para resolver los conflictos. En la entrevista publicada el 4 de marzo en L’Osservatore Romano, el cardenal Parolin afirmó que la seguridad y la paz solo pueden alcanzarse mediante la política, la negociación y el equilibrio de intereses, descartando la eficacia de la fuerza como medio legítimo.
Además, el secretario de Estado cuestionó abiertamente la lógica de la llamada “guerra preventiva”, recordando que, según la Carta de la ONU, el uso de la fuerza debe ser la última opción, tras agotar todas las vías diplomáticas y siempre dentro de un marco legal internacional. En este sentido, destacó: “È davvero preoccupante questo venir meno del diritto internazionale: alla giustizia è subentrata la forza, alla forza del diritto si è sostituito il diritto della forza, con la convinzione che la pace possa nascere solo dopo che il nemico è stato annientato”.
La entrevista también pone de manifiesto una crítica profunda al deterioro del sistema internacional, alertando sobre la consolidación de un modelo basado en la supremacía de las potencias, el aislamiento estatal y la erosión de principios fundamentales como la autodeterminación, la soberanía territorial y el derecho humanitario. Parolin denunció asimismo la doble vara de medir que aplica la comunidad internacional ante diferentes víctimas y reiteró la condena del Vaticano a cualquier implicación de civiles, escuelas, hospitales o lugares de culto en operaciones bélicas.
Este giro en la postura vaticana, según el documento, representa un cambio significativo respecto a etapas anteriores, especialmente en relación con la guerra entre Rusia y Ucrania. Se destaca que, bajo el liderazgo de León XIV, la Santa Sede ha aprendido de errores previos y ahora se muestra más enfocada en promover la paz, el diálogo y la negociación, en lugar de buscar protagonismo político en medio de los conflictos.
El texto subraya que el Papa no pretende otorgar a la Santa Sede un papel de mediador con fines propios, sino que ofrece su disposición para facilitar el encuentro entre las partes enfrentadas. En sus palabras: “La Santa Sede è a disposizione perché i nemici si incontrino e si guardino negli occhi. Col cuore i"
