Abortos, copríncipes y sotanas diplomáticas: la traición de Andorra que el Vaticano bendice en silencio.
Un día escribí en InfoVaticana.com lo que me daba la gana. Sin pedir permiso ni rezar novenas a ningún editor iluminado. Hasta que al señor Jaime Gabriel Gurpegui, editor de entonces y de ahora, le dio un ataque de misticismo barato: decidió que era poco menos que el Espíritu Santo con derecho a “inspirar” cónclaves. Sí, como lo oyen: de repente se creyó cardenal con birrete rojo y voto decisivo. Spoiler: no coló. Entonces me marché.
El nuevo obispo de Málaga, José Antonio Satué, ha iniciado su ministerio con unas declaraciones que no han pasado desapercibidas. Al referirse a las bendiciones a parejas homosexuales, aseguró que son “una puerta abierta” y que, con el tiempo, “se darán otros pasos”. Una frase breve, pero de gran carga teológica y pastoral, que plantea más dudas que certezas.
Hoy 15 de septiembre, la Cadena SER ha publicado una pieza de esas que se escriben con el ceño fruncido y la sonrisa torcida, titulada “El oscuro pasado de Piero Pioppo, nuevo nuncio apostólico en España”. El titular es un clásico del género: no hace falta demostrar nada si consigues que el lector entre con la sospecha ya activada. Basta con la palabra “oscuro” para teñir todo lo que venga después. Oscuro es todo lo que el redactor no puede explicar, pero quiere que suene mal.
Entre vírgenes itinerantes, auditorías invisibles y cartas del Papa con aroma a novela, Monseñor Pérez Pueyo pierde la partida antes de repartir las cartas.
¿Por qué esperar a que la vida te pase por encima para plantearte entregar lo mejor de ti? ¿Por qué reservar la pregunta por la vocación para cuando el corazón ya está cansado, golpeado o endurecido? El momento de decidir es cuando la sangre hierve, cuando todavía se sueña en grande, cuando no se han apagado las ganas de cambiar el mundo.
No es una curación inexplicable, ni una bilocación, ni una levitación documentada por testigos fidedignos. No. El milagro más grande ocurrido últimamente en Torreciudad es que el obispo de Barbastro, monseñor Ángel Pérez Pueyo, ha dejado caer –como quien no quiere la cosa, pero con toda la carga dramática del caso– que podría dimitir. Y aunque no está canonizado el sarcasmo como virtud teologal, la noticia bien merece una novena de acción de gracias.
Íñigo Domínguez ha vuelto a escribir desde Roma en su elpais.com, y como era de esperar, lo ha hecho sin moverse ni un centímetro de su zona de confort: el Opus Dei como malo de la película, los obispos conservadores como cruzados despistados, y el Vaticano como telón de fondo para intrigas que él ni ve ni entiende, pero igual relata. Esta vez le ha tocado reciclar hoy el conflicto por Torreciudad, el santuario aragonés construido por la Obra, cuya gestión lleva años en disputa con la diócesis de Barbastro-Monzón. ¿La novedad? Ninguna. Pero había que justificar el artículo.
El 24 de agosto de 2025, el cardenal Anders Arborelius, obispo de Estocolmo, participó sonriente y perfectamente integrado en una "misa ecuménica" celebrada en la catedral de Uppsala, Suecia, junto a ministros protestantes, ortodoxos, metodistas y demás representantes de una cristiandad fracturada, relativista y profundamente alejada de la fe católica. El acto, conmemorativo del centenario de la conferencia “Vida y Obra” de 1925, fue presentado como un gesto de reconciliación, unidad y oración por la paz.
Reproduzco a continuación un diálogo que mantuve con varios voluntarios de ONGs a finales de agosto. Aunque no es una reproducción literal sino una variación un poco teatralizada, también es cierto que la mayor parte de la conversación tiene una base real y verificable. He realizado unos cambios mínimos para que la conversación gane un poco en intensidad y en fuerza reivindicativa a favor de esos/as misioneros, sacerdotes y voluntarios que nunca salen en las noticias y que trabajan sin hacer ruido y casi sin descanso. La conversación, resumida, fue más o menos así:
Una feligresa me escribe con una mezcla de perplejidad y escándalo. Ha descubierto en Instagram la cuenta de su párroco —Ángel Amigo, en el madrileño pueblo de Colmenarejo— y no sabe si ha topado con un influencer del fitness, un modelo de catálogo deportivo, o un misionero del Reino de Dios. Intrigada por la estética cuidada, las instantáneas en blanco y negro, las poses atléticas y los disfraces heroico-populares, se pregunta: ¿esto es evangelización o autoafirmación? ¿Pastoral o postureo?
Cuando creíamos haberlo escuchado todo del difunto Papa Francisco —campeón del diálogo sin dogmas, maestro del “¿quién soy yo para juzgar?” y apóstol del consenso global sin contenido sobrenatural—, resurge una de sus frases más letales: “All religions are paths to God”. Todas las religiones llevan a Dios. Así, sin más. Como quien dice que todos los caminos llevan a Roma, pero olvidando que sólo uno pasa por la Cruz.
Cien días no parecen mucho para juzgar un pontificado, pero sí bastan para intuir el rumbo. Y lo que veo en León XIV me convence: es el Papa que no corre detrás del aplauso, ni del titular fácil, ni del postureo eclesiástico. Es un hombre sereno que ha decidido que la Iglesia no se gobierna con ocurrencias, sino con firmeza, memoria y visión.
El arzobispo de Tarragona, Joan Planellas, ha vuelto a hablar. Y lo ha hecho, cómo no, en El País, el púlpito progresista desde el que ciertos prelados se sienten más cómodos predicando que desde un ambón consagrado. El resultado es una entrevista que habría hecho sonrojar a cualquier padre de la Iglesia, pero que hará aplaudir con las orejas a burócratas de la ONU, feministas sin fe y ministros de Interior preocupados por la “inclusividad litúrgica”.
Hay cosas que una ya no sabe si tomar con sorna, con pena o con incienso para exorcizar tanta miseria disfrazada de “opinión”. Hoy domingo, Religion Digital ha decidido arremeter contra el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, a cuenta de sus declaraciones sobre el islam, la misión y la identidad cristiana. Pero atención a los francotiradores: no son precisamente faros de fidelidad eclesial.
El arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz Montes, ha hecho lo que lleva años faltando en la Iglesia en España: hablar con la libertad de un hijo de Dios, no con el guión de un funcionario del Estado multicultural. Al señalar la falta de reciprocidad religiosa por parte de países islámicos —donde los cristianos son perseguidos, encarcelados o asesinados—, y hacerlo además con lenguaje directo, ha provocado una reacción en cadena de fariseísmo episcopal y berrinche mediático.
La reciente decisión del Ayuntamiento de Jumilla (Murcia) —gracias al acuerdo entre PP y Vox— de proteger los espacios públicos frente a celebraciones religiosas ajenas a nuestra tradición ha desatado un ruido mediático que va mucho más allá de lo local. Santiago Abascal ha defendido con firmeza esta medida, recordando que no se trata de un ataque a la fe de nadie, sino de la defensa legítima de nuestra identidad cultural y de la neutralidad de lo público.
En Roma, hace apenas unos días, más de un millón de jóvenes de 146 países ocuparon plazas, calles y parques para vivir el Jubileo de los Jóvenes 2025. La explanada de Tor Vergata se llenó de colores, cantos, idiomas y risas, y no fue solo una gran concentración juvenil: fue una sacudida de energía y de fe para todo el mundo.
Si usted pensaba que la parroquia era el lugar donde un sacerdote enseña, santifica y gobierna al estilo apostólico, despierte. Ha llegado el Consejo Pastoral Obligatorioâ¢, versión madrileña del “caminar juntos” en bucle, impuesto ahora por el cardenal José Cobo para todas las parroquias de su archidiócesis. Porque claro, si lo dice el Sínodo, no se discute: se acata, se aplica, y se aplaude.
Cada vez que leo una noticia de religión en el diario El País tengo la sensación de ser tratado con poco respeto intelectual.
La parroquia de San Andrés Apóstol, en Torre del Mar (Málaga), ha trasladado su adoración al Santísimo Sacramento desde el templo parroquial hasta la playa. La iniciativa comenzó el pasado 23 de julio y se celebra cada miércoles hasta finales de agosto, en horario de 21:00 a 22:00, coincidiendo con la puesta de sol. Según los organizadores, la intención es “acercar esta práctica religiosa a un mayor número de personas” y ofrecer una “experiencia espiritual en un entorno natural”. La propuesta, aseguran, ha sido bien recibida por los asistentes.
En El País están de vacaciones... de ideas. Se nota el sopor estival en las redacciones: el Papa no da titulares manipulables, los obispos se han tomado un respiro y el agosto informativo les pesa como una losa. ¿Solución? La de siempre: sacar del congelador un nuevo capítulo de su saga favorita, “abusos en la Iglesia”, aliñada con música triste, voces quebradas y ese aroma dulzón a producción sentimental. Esta vez, el plato viene en formato podcast, con título de culebrón lacrimógeno: “Abusos en la Iglesia y la carta de perdón que nunca llegó”. El contenido se puede escuchar aquí, aunque con el título basta para adivinar el menú: drama de encargo y propaganda editorial.
