Cayó en mis manos el último número de Vida Nueva y, la verdad, tampoco puedo fingir sorpresa. Una abre la revista con esa mezcla de curiosidad y prevención con la que se mira una cazuela sospechosa en la nevera: quizá esté mejor de lo que parece, pero lo normal es que confirme lo que ya temías. Y sí, las sospechas se confirmaron otra vez. Aviso a navegantes.
Eldiario.es publicó ayer un artículo firmado por Jesús Bastante, redactor jefe de Religión Digital y una de las firmas más veteranas del periodismo religioso en España, con un titular tan rotundo como este: “Los obispos denuncian el ‘bombardeo emocional’ de Hakuna o Emaús que puede acabar en ‘abuso espiritual’”.
La entrada de hoy va dedicada a comentar brevemente una práctica que conocí en las iglesias de Estados Unidos y que cada vez veo más extendida en las españolas. Me refiero a la costumbre de colocar la bandera nacional y la del Vaticano en algún lugar del templo, sobre todo en el presbiterio pero también en la entrada principal o en alguna de las capillas laterales.
Alvise Pérez ha vuelto a hacerlo. El agitador que ha construido su notoriedad a base de acusaciones espectaculares sin demasiada preocupación por las pruebas ha decidido ahora apuntar directamente contra la Iglesia católica.
El otro día fui padrino de bautismo de mi sobrina recién nacida. Me encontré con un problemita administrativo. Algo que debería ser sencillo, una familia que pide para su hija el primer sacramento de la vida cristiana, terminó convirtiéndose en una pequeña peregrinación por varias parroquias. La razón: que estamos en Cuaresma, y en Córdoba, la ciudad donde vivo, no es habitual celebrar bautizos en este tiempo litúrgico. Mi hermana tuvo que ir preguntando de parroquia en parroquia hasta encontrar finalmente un sacerdote dispuesto a celebrarlo.
En la alfombra roja todo brilla. Los focos, las joyas, los trajes imposibles. Y, por lo visto, también el ingenio cuando se trata de hacer un chiste sobre monjas. Porque en la gala de los Goya emitida por RTVE hubo espacio para el rezo convertido en guiño irónico, para el “amén, hermanas” lanzado con esa sonrisa de complicidad que busca la carcajada fácil.
La polémica surge tras la 40ª edición de los Premios Goya, celebrada en Barcelona, donde la actriz y humorista Silvia Abril afirmó que le daba “pena” que los jóvenes se “agarren en la fe cristiana” y calificó esa adhesión como una “carencia”, además de referirse a la Iglesia como un “chiringuito” y concluir con un “vayan saliendo”. Sus palabras, pronunciadas en el marco de una intervención sobre cine, generaron una inmediata reacción pública y reabrieron el debate sobre los límites del humor y el respeto a la libertad religiosa en el espacio cultural.
La noticia sacude el tablero mundial: la muerte de Alí Jamenei tras una operación atribuida a Estados Unidos en coordinación con Israel. Un líder totalitario menos, pero un problema más sobre la mesa.
En la estantería principal de una redacción suele descansar, con aire de reliquia, el libro de estilo: ese manual que se cita cuando conviene recordar al público que aquí se trabaja con verificación, contraste y respeto por los hechos. En El País, el compromiso se formula sin ambigüedades: las informaciones relevantes deben confirmarse con varias fuentes independientes, con el listón simbólico de tres como regla prudente.
Hace unos días, el obispo de Barbastro-Monzón, Ángel Pérez Pueyo, ha vuelto a criticar al Opus Dei por la gestión del santuario de Torreciudad, tras un proceso canónico que no ha ido según sus expectativas
Según han adelantado algunos medios de comunicación, en la primera quincena del próximo mes de junio el Papa León XIV visitará España, con paradas previstas en Madrid, Barcelona y Canarias. La noticia ha llenado de emoción y esperanza el corazón de millones de fieles. Para los católicos de nuestro país —y para todos los españoles en general— es una alegría inmensa saber que el Vicario de Cristo, el Sucesor de San Pedro, viene a nuestra patria.
Recientemente, el obispo de Málaga, José Antonio Satué, ha generado una gran polémica con sus declaraciones sobre la homosexualidad, publicadas en una entrevista con Málaga Hoy. En la misma, afirmó que "ser homosexual no es pecado", lo cual, desde un punto de vista doctrinal, es correcto. La Iglesia siempre ha enseñado que la inclinación homosexual en sí misma no constituye pecado, sino que es la acción, el acto, lo que es moralmente cuestionable.
Hay algo especialmente irritante en todo esto. No es solo un matiz técnico. No es una cuestión burocrática menor. Sino que es una forma de gobernar.
La tradición no es un museo. Y la ortodoxia no es un refugio para la desobediencia. La Fraternidad de San Pío X vuelve a asomarse al abismo de siempre: la tentación de preservar la forma sacrificando el fundamento. Hablan de tradición, de fidelidad, de urgencia pastoral.
«El Estado soberano contemporáneo, aun cuando no alcance un dominio plenamente absoluto sobre el orden civil, se rige por una concepción del orden profundamente defectuosa, que empuja a sus agentes a ejercer una influencia desmedida sobre ciudadanos y asociaciones».
España ha desarrollado una forma muy cómoda de indignarse: se elige un escenario, se encienden los focos, se adopta el gesto grave y se recita la liturgia reglamentaria. Luego se apaga la iluminación, se pasa página y las víctimas vuelven a quedarse donde estaban: esperando. La conciencia pública, eso sí, queda impecable. En el papel.
Un cura debe hablar de Dios. Un obispo también,cClaro que sí. Pero hablar de Dios no es callarse cuando la sociedad se desordena. Es justo lo contrario.
Nunca debiste cruzar el Mississippi, Gabi. Te lo advertí y lo desoíste. No es una amenaza —no te pongas paranoico—: es la consecuencia natural de una decisión torpe. Cuando uno se expone, se vuelve vulnerable.
Aunque en este artículo no profundizamos en los aspectos luminosos del cine, sería injusto ignorar que se trata de un arte que aporta mucho más de lo que resta: entretiene, relaja, amplía el conocimiento del mundo en sus dimensiones geográficas, históricas y culturales. La gran pantalla ha sabido trasladar relatos del Antiguo y del Nuevo Testamento, así como innumerables películas con un indudable valor humano y moral.
En España se ha librado una batalla silenciosa que casi nadie ha querido mirar de frente. No era un juicio a un obispo concreto, sino un ensayo general: comprobar si la Iglesia todavía puede decir en voz alta lo que siempre ha creído sobre la sexualidad humana sin ser perseguida.
Hay vidas que, incluso en medio de la tragedia, se convierten en una pregunta silenciosa para los demás. No hacen ruido, no buscan titulares, pero dejan una huella que obliga a detenerse y pensar qué es lo verdaderamente importante.
Acaba de publicarse en Religión Digital un artículo firmado por Jesús Bastante que lleva por título Llamados' a 'Despertar': la ultraderecha se cuela en los macroeventos 'católicos. Olé tus perendengues, Bastante, pero creo que hablas de oídas o juegas al teléfono escacharrado.
Dedicado a las victimas del accidente ferroviario de Adamuz y sus familias. Cuando humanamente no se explica el dolor, un cristiano no tiene más que rezar. Yo escribo esta historia como una suerte de homenaje.
En una entrada anterior, dedicaba un espacio a la zanja del diseño del resignificado “Valle de los Caídos”. Por cierto, aviso que yo llamaré siempre así a este lugar, pues no hace falta ser poeta para ver que el nombre de “Cuelgamuros” es sencillamente horrible y queda a años luz del que ahora es casi un tabú.
