El sacerdote italiano Alberto Ravagnani ha comunicado su suspensión del ministerio presbiteral tras una polémica relacionada con su actividad en redes sociales.
La archidiócesis de Milán informó oficialmente que Alberto Ravagnani, vicario parroquial en una iglesia de esta ciudad, ha dejado de ejercer su ministerio tras comunicar su decisión al arzobispo Mario Delpini. El comunicado, fechado el 31 de enero de 2026 y dirigido a la parroquia de San Gottardo al Corso y a la comunidad diocesana, fue firmado por el vicario general monseñor Franco Agnesi. En él se invita a acompañar este momento con oración, reconociendo el impacto que esta determinación genera en numerosos fieles.
Ravagnani es una figura destacada en el ámbito eclesial italiano, con más de 280.000 seguidores en redes sociales, especialmente en Instagram. Su estilo cercano a la juventud y su manejo del lenguaje digital le permitieron convertirse en un referente espiritual para miles, movilizando a jóvenes en actividades de oración y encuentros. Esta notoriedad explica la repercusión que ha tenido la noticia de la suspensión de su ministerio.
La decisión se produce tras una controversia originada en septiembre, cuando el sacerdote promocionó suplementos nutricionales deportivos en su cuenta de Instagram, señalando que se trataba de una “colaboración pagada” e incluyendo enlaces comerciales. Avvenire, diario italiano, recordó que el canon 286 del Código de Derecho Canónico prohíbe a los clérigos realizar actividades comerciales sin autorización eclesiástica. Según esta fuente, el arzobispo Delpini habría convocado a Ravagnani para escuchar sus explicaciones y expresar su desaprobación.
Este caso pone en evidencia un desafío dentro de la Iglesia: el riesgo de que sacerdotes jóvenes con alta visibilidad en redes sociales se vean atraídos por la lógica del éxito digital, la popularidad y la admiración de sus seguidores. Obispos y formadores advierten desde hace años que esta dinámica puede desviar el foco del ministerio sacerdotal, cuyo núcleo es la relación personal, discreta y constante, y no la construcción de una imagen pública.
El peligro no es únicamente pastoral, sino también espiritual, pues puede fomentar el ego, confundir la autoridad con la popularidad y reemplazar la interacción directa por la validación virtual. El sacerdote legionario y director editorial de Zenit manifestó en su cuenta de X que no le sorprende la noticia: “El punto no era si pasaba, sino cuándo. En los muchos años que tengo observando el fenómeno de los sacerdotes 'influencers' (y hoy cada vez más de seminaristas con visibilidad digital), llama la atención la relación que hay entre sobreexposición (videos, post, comentarios, etc) y el punto de llegada (salvo contadas y honorables excepciones)”.
Un caso similar tuvo lugar en España con el sacerdote Daniel Pajuelo, conocido en redes como smdani, quien abandonó el ministerio en 2023 tras alcanzar una considerable popularidad digital y generar debates con sus posturas controvertidas dentro y fuera de la Iglesia. Ambos episodios reflejan un fenómeno más amplio que desafía a la Iglesia en la era digital: cómo convivir con las redes sociales sin que estas comprometan la vocación sacerdotal.
