Denuncian un “clima de miedo” en la diócesis de Cádiz

Denuncian un “clima de miedo” en la diócesis de Cádiz

El canónigo Rafael Vez Palomino denuncia un prolongado abuso de poder en la diócesis de Cádiz durante el mandato de monseñor Rafael Zornoza, actualmente investigado por abusos sexuales.

Rafael Vez Palomino, canónigo de la catedral de Cádiz, ha denunciado durante años presuntos abusos de poder cometidos por el obispo emérito Rafael Zornoza en su diócesis, un proceso que ha sufrido personalmente y que continúa suspendido cautelarmente desde noviembre de 2020, a pesar de que la suspensión debería haberse levantado en un plazo máximo de seis meses. Esta situación se prolonga ya por más de cinco años debido a la negativa del Promotor de Justicia, Rvdo. Don Rafael Rabasco, actuando bajo órdenes de Zornoza.

Vez Palomino explica que el abuso de poder no fue exclusivo del obispo, sino que contó con la colaboración de su equipo cercano, incluyendo vicarios, ecónoma, deán, rector del seminario, jefe de estudios, canciller y jueces, quienes participaron en un ambiente de temor que llevó a la mayoría de los sacerdotes a guardar silencio por miedo a represalias. Según sus palabras, "había miedo a hablar, decir lo que se pensaba. Miedo a las represalias que podía tomar tanto el Obispo como sus íntimos colaboradores".

El canónigo califica la etapa de Zornoza como un periodo marcado por la desconfianza y una fraternidad falsa, mantenida solo para la apariencia. Señala que, aunque el nuevo administrador apostólico, Ramón Valdivia, debe recibir tiempo para actuar, la permanencia del mismo equipo que acompañó a Zornoza dificulta la posibilidad de conocer toda la verdad y realizar cambios profundos. "Con el mismo equipo de Zornoza, incluyendo vicarios, ecónoma, secretario y chófer, tiene las manos atadas, le será un poco complicado y difícil conocer toda la verdad", afirma.

En cuanto a la situación económica y personal, Vez Palomino ha contado con el apoyo de familiares, amigos y algunos fieles, especialmente de Conil de la Frontera, mientras que ha invertido aproximadamente 35.000 euros en gastos legales relacionados con el proceso en tribunales diocesanos y en la Rota Romana, donde actualmente espera una resolución sobre la querella de nulidad presentada.

Respecto al rechazo de sus compañeros sacerdotes, el canónigo atribuye esta actitud al miedo persistente generado durante el gobierno de Zornoza, cuyos colaboradores más cercanos continúan en sus cargos. Describe un ambiente donde se castigaba a quienes expresaban críticas, mientras se ocultaban situaciones escandalosas para mantener una imagen perfecta de la Iglesia, sin reflejo real en la vida de los fieles.

Sobre la acusación de abusos sexuales contra Zornoza, Vez Palomino manifiesta su respeto tanto por la víctima como por el acusado, manteniendo la presunción de inocencia. Considera que la denuncia es un acto valiente que puede ayudar a otras personas y espera que, si se confirma la veracidad de las acusaciones, el obispo tenga el valor de reconocerlo. Añade que la diócesis no merecía un escándalo de esta magnitud y critica el encubrimiento y el silencio que han caracterizado la respuesta eclesiástica ante estos delitos en España, reclamando que las leyes políticas se modifiquen para que los abusos sexuales no prescriban.

En cuanto a la gestión actual, señala que el administrador apostólico podría realizar cambios, aunque debe limitarse a lo estrictamente necesario para la administración ordinaria, y que la continuidad del equipo anterior complica la renovación. Como ejemplo, menciona la reciente noticia sobre una fundación vinculada a la diócesis que planea invertir 4,8 millones de euros en la adecuación de un edificio propiedad diocesana durante esta etapa de "Sede vacante".

Finalmente, describe su rutina diaria como sacerdote suspendido, que incluye oración, lectura, elaboración de documentos pastorales, compras, paseos y visitas, mientras recibe un ingreso mensual de 1.129,83 euros correspondiente al mínimo vital, habiendo perdido complementos económicos por su situación canónica.

Al preguntarle si se arrepiente de haber denunciado los abusos de poder, responde con un rotundo no y lamenta no haberlo hecho antes, aunque reconoce que en aquel momento no disponía de pruebas suficientes. Asegura que muchos que aportaron evidencias no se atrevieron a hablar públicamente.

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