La Mezquita de Córdoba celebró en el día de ayer la misa funeral por las 46 víctimas del accidente ferroviario en Adamuz del pasado 18 de enero, que conmocionó a toda España. Presidió la celebración el obispo de Córdoba Jesús Fernández, aunque contó con la participación de gran parte del clero de la diócesis, incluido Demetrio Fernández, obispo emérito de la ciudad.
A la misa acudieron más de mil personas, entre los asistentes se encontraban el alcalde de Córdoba, José María Bellido, y el de Adamuz, Rafael Ángel Moreno. Junto a ellos acudieron distintas autoridades como los presidentes de las diputaciones de Córdoba y Huelva, Salvador Fuentes y David Toscano. También asistieron el director del Hospital Reina Sofía y del Instituto de Medicina Legal de Córdoba.
Los familiares de las dos víctimas, sentados juntos a los representantes públicos, recibieron el pésame de la mayoría de los ciudadanos que estuvieron presentes en la celebración, así como de los representantes de la Policía Nacional, Guardia Civil, Protección Civil y bomberos de la provincia.
La homilía de Jesús Fernández invitó a reflexionar sobre el sentido del sufrimiento bajo la fe cristiana. Recordó que la “meta soñada” por todo ser humano es la felicidad, pero que cuando la desgracia irrumpe de forma inesperada “el sufrimiento se intensifica y es difícil creer que esa meta sea alcanzable”.
Monseñor Fernández recordó que una de las puertas que dan acceso a la bienaventuranza es “la del llanto”, evocando a la lectura del Santo Evangelio: “Bienaventurados los que lloran porque ellos serán consolados”. En este contexto, aludió a los muchos rostros presentes “cubiertos de lágrimas” y animó a buscar en medio del dolor “alguna luz de esperanza que sirva de consuelo”.
El obispo afirmó que, en el momento del accidente, “Dios estaba allí, en medio de la noche”, ofreciendo su luz, alivio, y vida eterna. Destacó la esperanza que ha sostenido a las familias afectadas: la del reencuentro con los suyos tras el accidente, la recuperación de los heridos y la confianza en que los fallecidos hayan sido acogidos por el Padre.
También recordó el consuelo que supuso para los familiares el “amor desplegado” por los profesionales de los servicios de emergencia y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, así como la “actuación coordinada de las distintas administraciones públicas”.
Antes de finalizar su homilía, Jesús Fernández reconoció que aún quedan “muchas heridas por curar y mucho sufrimiento que aliviar”, también apeló a la necesidad de que “se conozca la verdad y se haga justicia”.
