Un grupo de padres vinculadas al Colegio El Recuerdo (Madrid), centro jesuita, ha difundido entre familias un artículo académico que, a su juicio, refleja un enfoque de la educación afectivo-sexual difícil de encajar con la formación conforme a la doctrina católica que muchos padres buscan en un colegio confesional.
El documento procede de la revista jesuita Sal Terrae: Revista de teología pastoral y está firmado por Ana Berástegui Pedro-Viejo, investigadora del Instituto Universitario de la Familia de la Universidad de Comillas. Los padres que lo han hecho circular consideran relevante que las familias conozcan estas líneas de trabajo para elegir, con libertad, el centro educativo que estimen más acorde con sus convicciones.
La controversia se concentra en varias afirmaciones literales del texto. Entre ellas, la autora sostiene que “recibir una educación afectivo-sexual inclusiva y abierta a la diversidad tiene efectos positivos en todos los niños y adolescentes”, formulación que, según estas familias, puede interpretarse como un planteamiento permisivo en el marco de un colegio católico.
Otro pasaje que ha suscitado inquietud afirma: “la educación exige conocer y comprender acerca de todo tipo de manifestaciones sobre la sexualidad. Así, una educación afectivo-sexual no lo será en plenitud si no reconoce y aborda la diversidad de sexualidades y formas de expresión sexual”. Los progenitores que han recopilado estos fragmentos entienden que el modo de presentar la cuestión introduce un marco conceptual que puede chocar con la antropología cristiana que esperan en la enseñanza ordinaria de un centro confesional.
El artículo también alude a mensajes que, según la autora, se introducen en el “currículum oculto”: “Algunos de los mensajes negativos o sesgados sobre la diversidad se cuelan con frecuencia en este currículum oculto son: solo hay un modo aceptable de ser varón o ser mujer; solo hay un modo posible de desear y enamorarse; sólo hay un modo de ser familia; la diversidad es enfermiza".
En esa misma línea, el texto añade: “frente a mensajes concretos y cerrados sobre lo que significa ser varón y mujer, debemos ser capaces de tener un mensaje abierto y explícito sobre la importancia radical de ‘respetar a cada persona en su particular y diferente condición’”. Para algunos padres, el contraste entre “mensajes cerrados” y “mensaje abierto” introduce una formulación que puede resultar problemática si se aplica en el aula sin una delimitación clara.
El documento identifica obstáculos internos a la hora de tratar estas cuestiones en los centros. En concreto, sostiene que “una de las principales barreras para abordar la educación en la diversidad sexual es la visión del equipo educativo, educado en una sociedad que mantenía un tabú hacia la diversidad sexual”.
El texto pone el foco de manera insistente en la capacitación docente: “La formación del profesorado es uno de los factores clave para una adecua-da atención a la diversidad sexual y la generación de escuelas inclusivas”. Esta afirmación aparece reiterada en los fragmentos recopilados por las familias.
Otro de los puntos que más desconcierta a parte de los padres es el modo de valorar la diversidad dentro del propio equipo educativo. El artículo afirma que “la diversidad en los distintos miembros del equipo educativo, lejos de suponer un mal ejemplo, puede ser una oportunidad porque nos per-mite aprovechar sus habilidades, experiencias y modelado como recurso educativo para todo el centro”.
En el plano de la relación con las familias, el texto atribuye un papel central al temor a las reacciones: “Probablemente la mayor barrera de los centros educativos para avanzar en la educación afectivo-sexual de sus alumnos y en la integración de la diversidad sexual en las aulas tiene que ver con el miedo a la reacción de las familias. Igual que los educadores, las familias sienten miedos, muchos de ellos irracionales, a la hora de abordar estas cuestiones”.
El artículo defiende asimismo un marco de acceso a contenidos en esta materia: “En educación sobre la diversidad, los alumnos tienen derecho a escuchar, a acceder, conocer y comprender [...] la diversidad afectivo-sexual”.
Finalmente, el texto propone un itinerario de diálogo apoyado en determinadas lecturas: “en este camino de diálogo y razonamiento y encuentro nos puede ayudar la aproximación y el diálogo con lecturas de la Escritura, el Magisterio, la antropología teológica y la moral argumentadamente abiertas a la diversidad sexual”, una formulación que, según las familias críticas, puede interpretarse como un giro significativo en el modo de presentar la moral católica a menores.
Los padres del colegio que han difundido el documento sostienen que estas afirmaciones, leídas con calma, describen una orientación que puede resultar chocante para padres católicos que matriculan a sus hijos en un colegio católico precisamente por su compromiso con la doctrina. En ese marco, consideran que el contenido merece un conocimiento público suficiente para que cada familia actúe con criterio y libertad.
En paralelo, estas familias también apuntan que, hasta la fecha, no se conoce ninguna declaración de los obispos españoles o la Conferencia Española de Religiosos (CONFER) ni a favor ni en contra de este modo de proceder en la educación afectivo-sexual en centros católicos, al menos en relación con el enfoque recogido en el artículo difundido.
Sin duda estamos en un momento de creciente sensibilidad social y educativa en torno a estas cuestiones, pero las familias que han trasladado su preocupación insisten en que la identidad de un centro católico exige claridad para evitar confusiones sobre el sentido de la formación moral y religiosa ofrecida a menores.
