
Nunca debiste cruzar el Mississippi, Gabi. Te lo advertí y lo desoíste. No es una amenaza —no te pongas paranoico—: es la consecuencia natural de una decisión torpe. Cuando uno se expone, se vuelve vulnerable.
Te dije, te pedí, que no usaras mi seudónimo en Infovaticana una vez que yo había abandonado esa barquichuela. Confié en que lo entenderías a la primera. Pero insististe. Y esa arrogancia, cuando se convierte en método, termina pasando factura.
No me ha hecho ninguna gracia que me uses para criticar a Hakuna. Así que, como te prometí devolverte el favor, seré fiel a mi palabra. Dije que desvelaría quién estaba detrás del seudónimo Jaime Gurpegui, y lo prometido es deuda. El otro día pregunté a ChatGPT si le sonaba el nuevo “colaborador” de InfoVaticana, Carlos Balén, y la IA respondió que su estilo es casi, casi, casi, calcado al de Jaime Gurpegui. Balén y Ariza se parecen incluso en el número de letras del apellido.
Podrás decir que Infovaticana ya no es tuyo, pero el rastro documental deja poco margen. El propio infovaticana.com declara en su aviso legal que el dominio pertenece a INFOVATICANA, S.L. (CIF B-86850666). El BORME publicó en 2015 el nombramiento de Gabriel Ariza Rossy como administrador único de esa sociedad. Además, en 2020 consta el cambio de domicilio social a C/ Nicasio Gallego 9 (Madrid). Hum… esa dirección me suena. Ahora mismo no sabría decir de qué. Y ya que hablamos de rastros que una deja por ahí: en X figura la cuenta @GabrielArizaIV. Lo de “IV” al final tiene su gracia: ¿es un guiño dinástico, como los reyes, o una aspiración numerada, como los papas? A partir de ahí, la cronología societaria también es explícita: en 2025 se constituyó EDICIONES INFOVATICANA, S.L. como unipersonal, con INFOVATICANA, S.L. como socio único. Meses después se publicó la pérdida del carácter unipersonal, sin que ese anuncio identifique a los nuevos socios ni permita reconstruir el reparto de participaciones con una simple consulta pública. En otras palabras: lo verificable traza una cadena clara y, a la vez, fija un límite igual de claro: quién entra y con qué porcentaje no aparece en esa publicación oficial. La investigación de las relaciones entre estas empresas tiene hasta un panadero de por medio.
Imaginemos —solo imaginemos— que alguien se dedica al trilerismo societario para sembrar confusión. Primero impulsa una empresa vinculada a un medio de comunicación y, en un momento dado, su jefe —un peso pesado del activismo político— le advierte de que ese medio está perjudicando sus intereses. A partir de ese supuesto, el propietario constituye una segunda sociedad usando las acciones de la primera: la nueva sociedad se llama casi igual, nace unipersonal y queda como filial de la primera. Más tarde, se le retira la unipersonalidad incorporando a otros accionistas y, claro, como esos accionistas son minoritarios, no aparecen en los documentos oficiales y contrastables. ¿Podría ese propietario —que controla la primera y, por extensión, la segunda casi homónima— introducir socios minoritarios, quitar la unipersonalidad y seguir mandando sin que la foto completa sea accesible? Sí, podría. Y si, además, en esa filial entrara en el accionariado un “amiguito” —con Vox y voto—, forrado y con un apellido de sobra conocido en el deporte español, el cuadro quedaría completo.
Es Vox populi —uy, perdón— el encuentro de Gabriel Ariza Rossy con el cardenal Prevost, en la puerta de las congregaciones vaticanas, muy pocos días antes de la elección del nuevo pontífice. Se cuenta que se encaró al futuro papa con su habitual tono 'porque yo lo valgo'. Se dice también que hay grabación y que está bien custodiada en la gendarmería vaticana; y que hasta el mismísimo Papa se ha preocupado de esclarecer qué pasó y cómo se coló este sujeto a las puertas de tan importante reunión. Y lo saben. Si todo eso es cierto, no parece el tipo de episodio que sume apoyos. Ariza perdió el oremus cuando creyó que su publicación sería capaz de modificar la voluntad del mismísimo Espíritu Santo, y entró en shock. De esos polvos, estos lodos. Pero esta es otra historia, y será contada en otra ocasión próxima.
Por cierto: feliz cumpleaños.


Llevo mucho tiempo leyendo al Gurpegui en Infovaticana y no lo sabía... desde el coónclave estéba como rabioso ahora sabiendo quien es, no me extraña...Cito a Chus:
Abascal debería darse cuenta de que tener a este orangután al lado lo único que puede traerle es complicaciones y escándalos. Si no, al tiempo...
Desde luego Infovaticana es un medio mediocre y quien lo dirige, más aún.
No engaña a nadie con sus juegos societarios...sabemos quien está detrás con los sesgos (y odio) que tiene. Rezaremos por él.