Un sacerdote rural, las redes sociales y una mirada clara sobre la fe, la Iglesia y el futuro de los pueblos
Con más de 20.000 suscriptores en Youtube y más de 10.000 seguidores en Instagram, el padre Antonio María Doménech se ha convertido en una voz singular dentro del panorama eclesial español. Párroco rural y creador del proyecto Sotana Rural, combina la vida pastoral en pequeños pueblos con una presencia activa en redes sociales, donde habla con naturalidad de fe, Iglesia y vida cotidiana. Él mismo se define como un sacerdote “ilusionado con sus pueblos y sus gentes”, una ilusión que atraviesa toda su forma de vivir el ministerio. En esta entrevista en exclusiva para Iglesia Noticias, comparte su mirada personal y pastoral sobre algunos de los grandes retos de nuestro tiempo.
A lo largo de la conversación, el padre Antonio María reflexiona sobre su vocación sacerdotal, su experiencia en el mundo rural, los retos sociales y espirituales de la España vaciada y el futuro de las parroquias en los pueblos. También aborda cuestiones de actualidad como la relación de la Iglesia con el mundo contemporáneo, los obstáculos para el descubrimiento de la fe y el papel de las redes sociales como herramienta de evangelización, todo ello desde una mirada directa, sin rodeos, marcada por la cercanía, la experiencia y una profunda convicción personal.
¿Qué persona o experiencia marcó más su vocación sacerdotal?
Sin ninguna duda, la experiencia de la misericordia de Dios vivida en los procesos de exorcismos que he acompañado.
¿Cómo nació el proyecto de “Sotana Rural”? ¿Tuvo miedo al comienzo de exponerse públicamente?
No me resulta fácil ubicar el concepto de “miedo”. Siempre he hablado en público con facilidad, a veces incluso demasiado. La idea surgió con un amigo al subir a redes sociales un vídeo explicando por qué llevaba sotana, también en verano. El vídeo se viralizó mucho y pensamos que podía ser un medio de evangelización en un momento en el que casi nadie utilizaba las redes para ese fin, hace ya muchos años.
¿Qué respuesta tiene para quienes dicen que la Iglesia está desconectada del mundo actual?
Que, gracias a Dios, la Iglesia lleva dos mil años desconectada del mundo. Eso es precisamente lo que le permite ser actual, porque todas las modas pasan y desaparecen, mientras que Cristo permanece.
¿Cuál es el mayor obstáculo para que una persona descubra la Fe?
La falta de disposición, quizá causada por el abandono del hecho religioso y por las dificultades para la docilidad espiritual, a lo que se suma el constante bombardeo en contra por parte de medios de comunicación y de determinados políticos.
¿Qué necesidades espirituales o sociales ve en la España rural?
En el plano social, hay grandes carencias a nivel laboral, pero especialmente en el ámbito sanitario. Recuerdo un domingo, hace años, en el que mi sobrina pequeña se rompió un dedo. Tras horas esperando en el hospital sin recibir atención, decidimos que se lo entablillara yo mismo. Hay momentos en los que la falta de respuesta y las ganas de trabajar de algunos profesionales ponen a prueba la paciencia.
También veo necesario que los párrocos permanezcan durante largos periodos en los mismos destinos. Atender a pocas personas, muchas veces dispersas, no es una tarea que pueda hacerse cambiando de lugar cada dos años.
¿Qué es lo mejor y lo más difícil de llevar una parroquia en pueblos pequeños?
Lo mejor es el trato cercano, que permite un trabajo pastoral muy específico, adaptado a las necesidades concretas de cada persona. Lo más difícil es que, al ser grupos pequeños, en los pueblos suele haber demasiada atención a quién va y quién no va, a cuántos son, y eso termina dificultando la asistencia mucho más de lo que podríamos imaginar.
¿Qué ha aprendido de la gente de los pueblos que no habría aprendido en otro lugar?
He aprendido que cada persona necesita su tiempo y que, para abrir el corazón, hacen falta años y mucha confianza. En las ciudades, a veces nos acomodamos a quienes ya vienen porque no hay tiempo para más. Aquí, en cambio, existe la posibilidad real de ir a buscar a quienes están más alejados.
¿Qué le gustaría que la gente entendiera sobre los sacerdotes rurales?
En primer lugar, que es posible desplazarse para asistir a Misa del mismo modo que se hace para ir a comprar, a la peluquería o al médico. Y también que no exista una desconfianza tan grande, muy presente en las zonas rurales, no solo hacia el sacerdote, sino entre las propias personas. Si solo podemos acudir a los pueblos más pequeños una o dos veces por semana, es muy difícil que se genere confianza. Además, en estas zonas, quizá por el frío, la gente no suele participar en lo que se organiza y se repite mucho aquello de “cada uno en su casa y Dios en la de todos”.
¿Cómo percibe el futuro de las parroquias rurales?
De forma muy sencilla: parroquias cerradas por la falta de población y utilizadas únicamente de manera ocasional.
¿Qué libro, santo o devoción considera imprescindible en su vida espiritual?
Desde niño, mi santo patrón: San Antonio María Claret. Me identifico profundamente con su amor a la Virgen Santísima, con sus escritos y con su celo apostólico. Me encomiendo a él con frecuencia.
¿Qué es lo más “de pueblo” que le guste hacer?
La cercanía con las personas que sufren: visitar el hospital, acompañar en los tanatorios, estar con los enfermos y recibir el agradecimiento de quienes has podido ayudar. También me encanta ir a buscar setas, una afición que compartía con mi madre cuando era pequeño.

Sin comunidad, no hay Parroquia.