La joven relató una infancia marcada por la violencia, la droga y la separación familiar. León XIV respondió reflexionando sobre el mal, la dignidad humana y la violencia contra las mujeres.
Uno de los momentos más emocionantes de la vigilia de oración presidida por el Papa León XIV en el Estadio Olímpico Lluís Companys de Barcelona llegó cuando una joven compartió ante el Santo Padre el testimonio de una vida marcada por el sufrimiento y formuló una pregunta tan sencilla como desgarradora: «¿Dónde estaba Dios cuando era niña?».
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Ante los más de 55.000 fieles congregados en el estadio, la joven explicó que procede de un entorno muy humilde de Barcelona y relató algunos de los episodios más dolorosos de su infancia.
«Durante mi infancia, mi padre intentó matar a mi madre. Ella se salvó porque un chico se interpuso para protegerla y este murió», contó.
Tras aquel episodio, explicó que su padre ingresó en prisión y que su madre cayó en el mundo de las drogas. A los diez años, los servicios sociales se hicieron cargo de ella y fue trasladada a un centro de menores.
Sin embargo, también relató cómo en medio de aquella situación descubrió la fe.
«Fue allí donde me hablaron de Jesús, donde empecé a rezar y donde finalmente me bauticé», explicó.
Más adelante fue acogida por una familia creyente y comenzó un camino de reconstrucción personal. Aun así, reconoció que sigue luchando con una herida muy profunda: el perdón a su padre.
«Han pasado algunos meses y todavía me cuesta perdonarlo», confesó.
Fue entonces cuando formuló la pregunta que dejó en silencio al estadio.
«A veces levanto los ojos al cielo y le pregunto a Dios: ¿dónde estabas cuando era una niña?».
La joven quiso ir un paso más allá y preguntó directamente al Santo Padre:
«¿Cómo puedo perdonar a mi padre que estuvo a punto de dejarme sin madre? ¿Cómo puedo reconciliarme de verdad con Dios?».
El Papa comenzó agradeciendo su valentía y reconociendo la profundidad de la pregunta.
«Es realmente un signo de la gracia de Dios que esta pregunta surja de un pasado tan marcado por el sufrimiento», respondió.
León XIV explicó que, ante situaciones tan dolorosas, la pregunta sobre dónde estaba Dios no puede separarse de otra cuestión igualmente importante: la responsabilidad humana.
«Nos hemos de preguntar dónde estaba Dios. Pero también hemos de preguntarnos sobre el hombre y sobre la humanidad».
El Pontífice señaló que muchas veces las personas se convierten en «prisioneras del mal» y terminan dañando gravemente a quienes tienen a su alrededor.
A partir de ahí amplió la reflexión más allá del caso concreto de la joven para referirse a una realidad que sigue presente en muchas familias.
«Tantas crónicas policiales todavía hoy reflejan un clima envenenado en las relaciones familiares, de abusos y opresiones, y en particular de violencia contra las mujeres que a menudo desembocan lamentablemente también en feminicidios».
León XIV calificó esta situación como una «realidad dramática» con profundas raíces antropológicas y culturales y aseguró que toda la sociedad está llamada a afrontarla.
La intervención provocó un profundo silencio entre los asistentes y se convirtió en uno de los momentos más intensos de toda la vigilia. El intercambio entre la joven y el Papa puso rostro a muchas historias de sufrimiento oculto y permitió escuchar una de las reflexiones más profundas de León XIV sobre el dolor, el perdón y la violencia familiar durante su viaje apostólico a España.
