El Papa rezó ante la Moreneta en uno de los actos centrales del milenario de Montserrat y encomendó a la Virgen su pontificado y la misión de la Iglesia en un mundo que “clama pidiendo justicia y paz”.
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La Abadía de Montserrat acogió uno de los momentos más intensos de la estancia de León XIV en Cataluña. En el santuario mariano más venerado de la región, el Santo Padre se postró ante la Virgen de Montserrat para rezar e instar a los fieles a liberarse de aquello que paulatinamente endurece el corazón e impide el encuentro con Dios.
“Os invito a dejar a los pies de la Virgen las corazas que han endurecido poco a poco el corazón”, expresó el Pontífice durante su intervención ante miles de personas reunidas en el monasterio.
La jornada se inscribía en los actos conmemorativos del milenario de la Abadía, uno de los centros espirituales más relevantes de España y destino de peregrinación para generaciones de catalanes y devotos procedentes de todo el mundo.
Antes de la celebración, León XIV se recogió en silencio en la capilla del Santísimo, donde contempló el Cristo esculpido por Josep Maria Subirats. Seguidamente fue recibido por el obispo de Sant Feliu de Llobregat, Xavier Gómez, y por el abad de Montserrat, Manel Gasch.
El abad subrayó la trascendencia histórica del momento y aseguró que la visita del Pontífice “ya es una de las peregrinaciones más importantes de nuestra historia”.
Uno de los instantes más emotivos llegó cuando el Papa se dirigió directamente a la Virgen de Montserrat, conocida popularmente como la Moreneta. Con voz serena, expresó: "Estoy contento de poder venir a los pies de la Moreneta para encomendarle, lleno de confianza en su intercesión maternal, mi servicio petrino y la misión de la Iglesia en el mundo que clama pidiendo justicia y paz".
León XIV evocó entonces la larga historia del monasterio, cuyos muros han sido testigos durante siglos de innumerables actos de fe, sufrimiento, esperanza y gratitud de los fieles. "Los muros de este recinto podrían narrarnos las innumerables historias de devoción, gratitud y esperanza que han contemplado a lo largo de los siglos en torno a la Mare de Déu de Montserrat", reflexionó.
Recordó asimismo la sangre derramada por tantos cristianos que entregaron sus vidas por Jesucristo, así como las voces de generaciones de niños que han cantado en la Escolanía de Montserrat, considerada la escolanía activa más antigua de Europa.
Durante su meditación, el Santo Padre evocó el gesto que realizó el Papa Francisco en 2023 al entregar la Rosa de Oro a la Virgen de Montserrat. Explicó que aquel reconocimiento constituía también una invitación a contemplar cómo multitudes de fieles han acudido al santuario a través de los siglos para rezar el rosario.
“El Papa Francisco nos invitaba a considerar cómo, durante cientos de años, los fieles, sin distinción, han pasado por este santuario desgranando las cuentas del rosario”.
León XIV subrayó que María posee un lugar central en la vida cristiana y recordó palabras pronunciadas por Francisco durante la entrega de la Rosa de Oro. “Delante de la Madre se despiertan los sentimientos más nobles de una persona”.
Por ello animó a los presentes a acercarse a la Virgen con sinceridad y confianza, depositando ante ella las heridas, los temores y todo aquello que endurece el corazón.
La celebración culminó con el rezo del Rosario, el canto de la Salve Regina y la interpretación del tradicional Virolai por la Escolanía de Montserrat. Posteriormente, León XIV veneró a la Virgen en el camarín y pronunció una oración final en catalán que conmovió profundamente a los fieles presentes.
“Que María, Madre de la Iglesia, nos oriente siempre hacia Jesús”.
A continuación citó palabras hondamente enraizadas en la tradición popular catalana: “De los catalanes siempre seréis la Princesa, de los españoles y del mundo todo el amor”.
Y cerró con una súplica dirigida a la Virgen: “Decidnos: ‘Sois mi tesoro, yo soy vuestra madre, no temáis’”.
Tras concluir el acto, el Papa se asomó al balcón de la Plaza de Santa María para bendecir a los miles de fieles congregados en el exterior del monasterio.
La visita a Montserrat quedará como uno de los momentos más profundamente espirituales de todo el viaje apostólico: un encuentro marcado por la oración, la devoción mariana y una llamada clara de León XIV a dejar a los pies de la Virgen aquello que endurece el corazón, para volver a mirar a Dios con confianza y esperanza renovadas.
