La guerra en Ucrania cumple cuatro años, dejando una huella profunda en la población y en la estructura del país, mientras la esperanza y la fe se mantienen como pilares fundamentales para afrontar la crisis.
El conflicto que comenzó hace cuatro años ha escalado en intensidad y alcance, afectando no solo las zonas cercanas al frente, sino también áreas alejadas que antes parecían seguras. Según datos recientes, la presencia militar rusa en Ucrania se ha multiplicado por cuatro, y los ataques con misiles y drones han aumentado entre tres y cuatro veces, lo que ha provocado un incremento significativo en las víctimas civiles en todo el territorio.
Las agresiones no se limitan a las regiones en disputa; ciudades como Ternopil y la capital, Kyiv, han sufrido bombardeos que han causado numerosas bajas y daños a infraestructuras, incluyendo embajadas. La representación diplomática de Azerbaiyán, por ejemplo, ha sido blanco de múltiples ataques a pesar de que su ubicación fue comunicada a las autoridades rusas.
En este escenario, los profesionales sanitarios enfrentan enormes dificultades para atender a los heridos. Inicialmente, podían montar puestos de socorro en sótanos y plantas bajas, pero ahora, debido a la constante amenaza de ataques, se ven obligados a excavar hasta cinco o seis metros bajo tierra para protegerse. La evacuación de pacientes resulta complicada y puede demorarse hasta una semana, agravada por las extremas temperaturas bajo cero que afectan a los heridos.
La llegada de ayuda humanitaria también se ha visto seriamente comprometida. La Cruz Roja Internacional ha reducido considerablemente sus operaciones cerca del frente debido a los ataques indiscriminados que afectan a civiles, militares, personal sanitario y religiosos. Esto dificulta la distribución de agua, alimentos, medicamentos y otros suministros esenciales.
Ante esta realidad, el nuncio apostólico Visvaldas Kulbokas subraya la importancia de la oración y la solidaridad espiritual. Recuerda que Rusia, como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, tiene la responsabilidad de promover la paz y respetar acuerdos internacionales como el Memorándum de Budapest de 1994 y los tratados posteriores que garantizan la soberanía ucraniana. Sin embargo, la violencia persiste y parece intensificarse, lo que hace que la esperanza se sostenga en la fe y en la búsqueda de soluciones pacíficas.
En medio de la adversidad, surgen ejemplos de resiliencia y compromiso. Un grupo interconfesional de mujeres que visitó al Santo Padre en Audiencia General se dedica a proporcionar prótesis a víctimas civiles y militares, además de facilitar su traslado fuera del país para que puedan recuperarse. Estas mujeres evitan juzgar a la población rusa, reconociendo la complejidad de la situación política y la influencia de la propaganda.
Esta actitud de fortaleza también se observa en la población civil. Tras un bombardeo nocturno en Kyiv, un embajador relató cómo, a pesar del peligro, la gente salió a la calle para continuar con su vida cotidiana, mostrando una voluntad de no dejarse vencer por el miedo y el sufrimiento.
El nuncio hace un llamamiento a mantener el apoyo a Ucrania desde una perspectiva espiritual, enfatizando la necesidad de oración, presencia humanitaria y cercanía emocional. Cita al Papa León XIV, quien invita a no detenerse en la desesperanza, sino a levantarse y reconstruir, confiando en que Dios actúa incluso cuando los hombres fallan en construir la paz.
Respecto a las perspectivas actuales, Visvaldas Kulbokas señala que, aunque los diálogos de paz entre Ucrania y Rusia son limitados y enfrentan grandes obstáculos, es posible encontrar "gérmenes de esperanza" si se mira con ojos espirituales. La Iglesia, según él, debe ofrecer sobre todo apoyo espiritual para ayudar a la población a no centrarse únicamente en el sufrimiento, sino a mantener viva la esperanza.
Los capellanes militares, añade, desempeñan un papel crucial al brindar esperanza divina a quienes están en el frente, donde la desesperanza suele ser predominante. Por ello, insiste en que la oración y la esperanza espiritual son los mayores aportes que se pueden ofrecer en estos momentos.
