El Secretario de Estado, Pietro Parolin, participó en la Cátedra de la Acogida en Sacrofano, un evento que aborda la temática de las «acogidas generativas» en su cuarta edición.
Durante su intervención, el cardenal destacó la importancia de la demografía y la integración, subrayando la necesidad de otorgar un mayor protagonismo a los jóvenes en las instituciones y de proporcionarles una formación adecuada. Pietro Parolin pidió convertir a los jóvenes en «protagonistas» para «construir un futuro de paz».
El evento, que se celebra en la Fraterna Domus de Sacrofano, se centra en la situación de los jóvenes, quienes a menudo se ven atrapados en conflictos, como los que ocurren en Ucrania y en diversas regiones de África. Estos jóvenes, que enfrentan la falta de oportunidades, son vulnerables al extremismo y a otras «tentaciones» debido a su situación precaria.
El cardenal también se refirió a aquellos jóvenes que, por miedo, eligen no tener hijos, así como a los que se sienten abrumados por las responsabilidades que les son impuestas o que se aíslan en el mundo virtual. Parolin enfatizó la necesidad de ofrecerles «perspectivas» y de «invertir» en su futuro.
La intervención del Secretario de Estado, quien regresó recientemente de un viaje a Burkina Faso, donde presidió la ordenación episcopal del nuevo nuncio en la República Democrática del Congo y Gabón, Relwendé Kisito Ouédraogo, marcó el inicio de un ciclo de trabajos que se extenderán hasta el 13 de marzo. En su discurso, Parolin mantuvo un diálogo con el profesor Vincenzo Buonomo, analizando los contextos en los que se encuentran los jóvenes y las dificultades que enfrentan.
Uno de los temas centrales fue la migración y la integración de los migrantes, que Parolin calificó como «retos sin resolver». A pesar de los esfuerzos realizados en varios países, el cardenal consideró que se requieren más reflexiones y propuestas para alcanzar soluciones efectivas. Asimismo, abordó el fenómeno de la baja natalidad, que describió como «exactamente lo contrario de lo que debería ser una apertura al futuro», señalando que el miedo a la guerra y a la incertidumbre influye en la decisión de los jóvenes de formar familias.
El cardenal advirtió que esta situación podría comprometer a las generaciones futuras, planteando la pregunta sobre el verdadero valor que se otorga a la vida y a la autorrealización. Parolin observó que, en el contexto occidental, los jóvenes enfrentan un panorama complicado, mientras que en África la población crece rápidamente. Resaltó la importancia de ofrecer a los jóvenes oportunidades de educación y empleo para evitar que caigan en manos del extremismo.
Además, el cardenal criticó la tendencia a que solo los ancianos participen en las negociaciones y decisiones importantes, argumentando que los jóvenes deben tener un papel activo en la búsqueda de soluciones innovadoras. Parolin abogó por una mayor apertura de las instituciones, especialmente las internacionales, para que los jóvenes puedan contribuir con sus ideas y perspectivas.
El cardenal también mencionó la frustración que sienten muchos jóvenes al ser asignados a tareas para las que no se sienten preparados. Propuso que la solución radica en brindarles amor incondicional, destacando que «Dios nos ama a pesar de los resultados». Por lo tanto, es fundamental presentarles un Dios que no exige perfección, sino que valora a cada individuo por lo que es.
Asimismo, Parolin hizo hincapié en la necesidad de fomentar una identidad cristiana entre los jóvenes y de reactivar la transmisión de valores, que antes era responsabilidad de la familia, la escuela y la parroquia. Sin embargo, actualmente se observa una fragmentación en esta transmisión, lo que dificulta la formación de una identidad sólida.
El cardenal concluyó subrayando que la Iglesia debe comprometerse a escuchar a los jóvenes y acompañarlos en sus dificultades. Destacó que las escuelas católicas y eventos como las Jornadas Mundiales de la Juventud pueden desempeñar un papel fundamental en este acompañamiento.
