Al concluir la sexta edición anual de la Cumbre Internacional de Libertad Religiosa (IRF Summit) en Washington, D.C., sus copresidentes ofrecieron una evaluación del estado actual de la libertad religiosa a nivel global y del crecimiento del movimiento que la defiende.
Los copresidentes de la edición 2026, Sam Brownback y Katrina Lantos Swett, subrayaron tanto los avances como los graves desafíos que enfrenta este derecho fundamental. La cumbre, que finalizó el martes, reúne a una amplia coalición de organizaciones religiosas y de derechos humanos que promueven la libertad religiosa para todas las personas en el mundo.
Brownback fue embajador para la libertad religiosa internacional durante la primera administración de Donald Trump, mientras que Lantos Swett es presidenta de la Fundación Lantos para los Derechos Humanos y la Justicia y ex presidenta de la Comisión de Estados Unidos para la Libertad Religiosa Internacional (USCIRF).
Según Lantos Swett, en el lado positivo se observa que “cada vez más países están destinando recursos a esta cuestión y nombrando enviados de alto nivel dedicados a la libertad de religión o de creencias”. Sin embargo, advirtió que “más del 80 % de la población mundial vive en países donde existe algún grado de represión, persecución o imposición social y legal sobre este derecho humano fundamental”.
Entre las preocupaciones actuales, destacó el fenómeno de la “represión transnacional”, mediante el cual algunos gobiernos extienden la violencia, las amenazas y la intimidación más allá de sus fronteras. En este contexto, señaló a China, Irán y Rusia como los países con peores registros en materia de libertad religiosa.
En el caso de China, Lantos Swett expresó una especial preocupación por lo que calificó como intentos del gobierno chino de controlar a la Iglesia Católica mediante el nombramiento de obispos y la limitación de sus actividades. También alertó sobre el uso de propaganda falsa y los posibles efectos de la inteligencia artificial, tanto positivos como negativos, en la defensa de la libertad de conciencia.
Por su parte, Brownback afirmó que la vulneración de la libertad religiosa es “uno de los derechos humanos más violados en el mundo” y subrayó que afecta a creyentes de todas las religiones. Coincidió en señalar a China como el principal infractor, además de mencionar a Nigeria y al subcontinente indio. Según explicó, China no solo oprime a su población, sino que también exporta tecnología de control y vigilancia a numerosos países.
Durante un panel celebrado el 2 de febrero, Brownback afirmó que el movimiento por la libertad religiosa ha ganado visibilidad y ahora debe actuar con rigor, valentía y responsabilidad. Recalcó la importancia de formar alianzas más amplias, no solo con defensores de la libertad religiosa, sino también con movimientos democráticos y de seguridad, para consolidar un movimiento global de base social.
Lantos Swett añadió que la defensa de la libertad religiosa debe situarse por encima de las divisiones políticas y mantenerse como una causa no partidista. A su juicio, el crecimiento del movimiento responde en parte a una creciente inquietud ante el nihilismo moral y existencial presente en muchas sociedades.
Finalmente, expresó su esperanza de que esta búsqueda de sentido impulse a una nueva generación de líderes a comprometerse con la defensa de la libertad religiosa, al comprender la importancia de vivir con propósito y responsabilidad.
