Unos 50.000 jóvenes de diversas regiones de México participaron el 31 de enero en la peregrinación al monumento a Cristo Rey en el Cerro del Cubilete, Guanajuato, una de las movilizaciones juveniles más numerosas recientes.
El evento, organizado desde 1974 por el movimiento Testimonio y Esperanza, rinde homenaje a los mártires mexicanos que entregaron su vida proclamando “¡Viva Cristo Rey!”. La asistencia en 2025 igualó la cifra récord alcanzada en 2020, que hasta entonces era el año con mayor participación en esta convocatoria.
Este año, la peregrinación adquirió un significado especial al conmemorar el centenario del inicio de la Guerra Cristera, un conflicto surgido por la persecución religiosa que sufrieron los católicos en México durante las primeras décadas del siglo XX.
Al concluir la Misa de clausura, Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma, Obispo de Celaya, afirmó en rueda de prensa que la gran cantidad de jóvenes no indica un “despertar” de la fe, sino que refleja una realidad ya existente. Señaló que “hay bastantes jóvenes en México que viven su fe” y que “creen y expresan su fe en sus comunidades, en sus parroquias”.
El prelado rechazó la idea de que “los jóvenes se estén alejando de la Iglesia (…) o que la Iglesia ya no tiene jóvenes”. Para él, la multitud de peregrinos “es un signo evidente de un pueblo que cree” y afirmó que “los jóvenes en México tienen fe”.
Mons. Aguilar Ledesma también destacó la capacidad de los jóvenes para organizarse con meses de antelación para participar en estas manifestaciones de fe, “sin ningún acarreo, sin ningún pago, sin ninguna promoción partidaria”, motivados únicamente por “expresar su amor a Jesús, a la Santísima Virgen y una fidelidad a la Iglesia”.
Por su parte, Mons. Joseph Spiteri, Nuncio Apostólico en México, exhortó a los jóvenes a convertirse en “semillas de esperanza” al regresar a sus diócesis y comunidades. Subrayó que todos pueden “tener influencia para cambiar estructuras de pecado, estructuras injustas” y que el primer paso es construir comunidad y motivar a otros jóvenes, para que “el fuego seguirá creciendo”.
Andrea Perea, quien concluirá este año su mandato como presidenta de Testimonio y Esperanza, animó a la juventud a formarse para evitar “tener una fe corta” limitada a eventos puntuales. Explicó que “ese es el reto que nos llevamos hoy como jóvenes: reconocer que hoy es lo bonito, mañana lo que cansa y desgasta”.
En este contexto, resaltó la importancia de que los jóvenes se comprometan con la comunidad y su desarrollo, orientando ese compromiso hacia el “amor al prójimo”.
