La influencia de la religión en el crecimiento económico resulta más determinante de lo que habitualmente se reconoce.
Último boletín
Un estudio de la Fundación Rockwool, con sede en Berlín, demuestra que la religión juega un papel decisivo en el crecimiento económico y la prosperidad de los países, incidiendo directamente en comportamientos económicos fundamentales como la educación, el tamaño de las familias y los patrones de ahorro. Según informa religionnews.com, esta investigación cobra especial relevancia en un contexto donde Europa experimenta un proceso de secularización progresiva, aunque los valores religiosos continúan moldeando decisiones económicas fundamentales.
El informe, titulado "Religión y Crecimiento Económico: Lo que Sabemos y por Qué Importa", ha sido elaborado por un equipo de investigadores de prestigio internacional encabezado por Sascha Becker, profesor de economía en la Universidad de Warwick, junto a Jared Rubin de la Universidad de Chapman y Ludger Woessmann de la Universidad de Múnich. Becker subraya que "cualquiera que considere la religión como un factor marginal pasa por alto una parte de la estructura profunda de nuestras sociedades", una observación que pone de manifiesto cómo la religión sigue siendo un factor estructurante en la configuración de normas sociales e instituciones que determinan las políticas públicas.
La educación emerge como un ámbito crítico donde los gobiernos deben reconocer la persistencia de la influencia religiosa en el continente europeo. Aunque es bien sabido que la religión fue instrumental en la expansión de la alfabetización—la lectura se enseñaba para acceder a los textos bíblicos—, su impacto permanece vigente. Numerosos países europeos mantienen escuelas de carácter religioso, tradiciones educativas enraizadas en la fe y comunidades que valoran las instituciones religiosas como transmisoras de valores.
Becker advierte sobre la necesidad de evaluar críticamente cómo funciona la educación religiosa en relación con las competencias seculares. "Si los responsables de políticas desean mejorar las habilidades, la integración o la participación de las mujeres en la fuerza laboral, necesitan entender si la educación religiosa complementa las habilidades seculares, la alfabetización, la aritmética o la ciencia, o si las sustituye". El investigador añade que una política educativa aparentemente neutral puede generar rechazo si las comunidades la interpretan como una amenaza a su identidad cultural y religiosa.
En Inglaterra, la presencia de la religión en el sistema educativo es particularmente visible: aproximadamente un tercio de las escuelas estatales poseen designación de fe, mayoritariamente vinculadas a la Iglesia de Inglaterra, con un número significativo adscrito a la Iglesia Católica Romana y una minoría asociada a instituciones judías y musulmanas. Becker observa que incluso padres con posiciones seculares valoran estas escuelas por ofrecer una ética clara, disciplina rigurosa y expectativas académicas elevadas.
El informe examina asimismo cómo la religión condiciona las actitudes hacia la migración y la cohesión social en el continente. Las movilizaciones contra la inmigración que han surgido en varios países europeos frecuentemente entrelazan el cristianismo con debates sobre identidad nacional. En el Reino Unido, movimientos como Unite the Kingdom han reivindicado el cristianismo como componente del patrimonio británico, aunque numerosos clérigos han rechazado esta narrativa por considerarla incompatible con la ética cristiana de acogida al extranjero.
Instituciones religiosas como el Servicio Jesuita a Refugiados han sido determinantes en facilitar la integración de migrantes, proporcionando apoyo en el aprendizaje de idiomas y acceso a servicios locales. Becker señala que, aunque algunos migrantes profesan el cristianismo, otros no, y que las redes de instituciones musulmanas igualmente ofrecen asistencia a quienes llegan a Europa, demostrando que el apoyo religioso trasciende las fronteras confesionales.
El estudio concluye que comprender la religión resulta esencial para que los gobiernos diseñen estrategias de integración que eviten tanto el multiculturalismo ingenuo como el asimilacionismo simplista. Sin embargo, Becker precisa que la religión no constituye la única variable explicativa de la política migratoria de un país. España, por ejemplo, ha adoptado un enfoque más receptivo hacia los migrantes comparado con otras naciones europeas, donde organizaciones benéficas católicas han jugado un papel relevante, motivadas tanto por consideraciones pragmáticas—la necesidad de mano de obra—como por razones teológicas.
La semana pasada, durante su visita a España y las Islas Canarias, el Papa León XIV se reunió con migrantes y con las organizaciones que los rescatan en el mar, frecuentemente en travesías peligrosas entre África y la Península Ibérica. El Pontífice afirmó que "el evangelio nos pregunta si hemos reconocido a Cristo en aquellos que desembarcan, marcados por el miedo, el hambre y la violencia, tras haber soportado el desierto, la noche y el mar". Asimismo, exhortó a los gobiernos mundiales a asumir responsabilidad compartida sobre el destino de los migrantes, protegiéndolos del tráfico criminal y apoyando el desarrollo económico de sus países de origen.
Los investigadores advierten también sobre los efectos negativos que la religión puede generar en la sociedad. El caso de Afganistán ilustra esta realidad: la ideología del Talibán ha excluido a las mujeres del mercado laboral, paralizando el crecimiento económico. Paralelamente, algunas denominaciones cristianas prestan creciente atención a la crisis ambiental, animando a los fieles a adoptar estilos de vida más austeros, promover un desarrollo sostenible y limitar el consumo. Becker sugiere que esta orientación podría reconfigurar el crecimiento económico, instando a las iglesias a reflexionar sobre si es posible no obstaculizar el crecimiento, sino fomentar un modelo económico diferente y ecológicamente responsable.
No obstante, Becker expresa escepticismo sobre la capacidad de influencia ética de las iglesias en los poderes actuales, especialmente respecto a cómo algunas denominaciones abordan el capitalismo y sus consecuencias adversas, como sucede con la Iglesia Católica. "Estados Unidos tiene una alta asistencia a la iglesia, sin embargo, es la sociedad más capitalista", concluyó. En Europa, los principios de la enseñanza social católica—solidaridad y subsidiariedad—fueron incorporados por los fundadores de la Unión Europea, pero funcionan actualmente como principios constitucionales secularizados. La subsidiariedad ejemplifica cómo una idea de raíz religiosa se ha transformado: en la doctrina social católica significaba que las autoridades superiores debían apoyar, no reemplazar, a familias, comunidades y asociaciones locales. Hoy, en la UE, se ha convertido en un principio legal fundamental donde las decisiones deben adoptarse localmente bajo determinadas condiciones, evidenciando que las raíces religiosas forman parte de la genealogía institucional, aunque los principios han adquirido un significado más amplio y pluralista.
Participa en la conversación con respeto. Tu comentario se publicará automáticamente, aunque podrá ser retirado por la redacción.

Comentarios (0)