Un nuevo enfoque que busca equilibrar tradición y modernidad en la gobernanza eclesial.
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El Papa León XIV afronta desafíos significativos en su pontificado, particularmente tras su reciente viaje a España y la presentación de su primera encíclica. En este escenario, el Pontífice trabaja por definir su propia visión para la Iglesia Católica y el mundo, manteniendo la continuidad con sus predecesores mientras matiza o reajusta algunas de sus decisiones, según recoge ncregister.com.
La sinodalidad, concepto heredado del Papa Francisco, ha generado considerable debate sin alcanzar definiciones claras. Aunque el Pontífice ha mencionado repetidamente este término, observadores atentos advierten que lo vincula fundamentalmente a la colegialidad episcopal más que a la noción de una "Iglesia que escucha" basada en las "experiencias concretas" de un concepto impreciso denominado "pueblo de Dios".
La colegialidad constituye uno de los logros más relevantes del Concilio Vaticano II, que rechazó la concepción de los obispos como meros administradores subordinados al Papa en calidad de director ejecutivo. El Concilio proclamó que los obispos reciben su autoridad directamente de Dios mediante la ordenación, lo que implica que el Pontífice no es un monarca absoluto ni los obispos sus vasallos. Tampoco el Papa es un simple símbolo de unidad. Este equilibrio ha caracterizado la vida de la Iglesia a través de los siglos.
Las tres funciones episcopales —enseñar, santificar y gobernar— deben ejercerse en comunión con el Papa y bajo su autoridad como cabeza de la Iglesia. No obstante, Dios otorga estas funciones directamente, no como simple delegación pontificia. Al conectar la sinodalidad con la colegialidad, León XIV parece reorientar el concepto, alejándolo de interpretaciones de los años setenta donde la Iglesia supuestamente "escucha" la voz del Espíritu Santo mediante sesiones de escucha selectivas.
El Pontífice, al invocar la doctrina conciliar sobre colegialidad, reencauza la sinodalidad hacia la auténtica enseñanza del Concilio sobre gobernanza episcopal compartida, rechazando la idea errónea de que "pueblo de Dios" designa únicamente a los laicos como entidad política opuesta a la "Iglesia jerárquica". El documento Lumen Gentium precisa que el "pueblo de Dios" abarca a todos los miembros de la Iglesia —laicos, religiosos y clérigos— que caminan juntos hacia el Reino de Dios en perspectiva escatológica.
El término "sínodo" procede del vocablo griego que significa "caminar juntos". El Concilio buscaba afirmar que la Iglesia persigue un fin sobrenatural y que tanto laicos como jerarquía tienen responsabilidad de orientarse hacia ese objetivo. No existía, por tanto, la noción de que una eclesiología auténtica implicara separación entre institución y espíritu, donde la "experiencia subjetiva del Espíritu" se opone a una verdad doctrinal rigurosa. Esta retórica fue patente durante el proceso sinodal y en el pontificado de Francisco.
Al evocar la colegialidad, aunque de forma discreta, el Papa León XIV señala que la verdadera sinodalidad se fundamentará en la eclesiología genuina del Concilio, no en un retorno a la atmósfera cultural de los años setenta. El reciente informe del "Grupo de Estudio 9" sobre homosexualidad ilustra esta orientación: el Papa Francisco designó al cardenal Jean-Claude Hollerich de Luxemburgo para presidir el Sínodo, a pesar de sus discrepancias públicas con la enseñanza eclesial sobre homosexualidad.
El Sínodo incorporó figuras como el padre jesuita James Martin, conocido activista por la inclusión LGBTQ, como miembro votante, mientras excluía a líderes de Courage International, el mayor apostolado católico para personas con atracción hacia el mismo sexo que promueve la fidelidad a la doctrina eclesial. Esta omisión cuestiona la autenticidad de un proceso presentado como "escuchando todas las voces".
El autor del informe parece favorecer una modificación de la enseñanza eclesial, lo que explica la exclusión de Courage y sus críticas injustificadas. La confidencialidad de sus reuniones es esencial para ofrecer un espacio seguro a quienes experimentan estas realidades. La falta de pluralidad en las voces del informe revela una tendencia a filtrar las experiencias del "pueblo de Dios" para obtener resultados predeterminados.
Conforme el Papa León XIV avanza hacia el evento sinodal culminante de los próximos años, establece la colegialidad como principio fundamental para una sinodalidad genuina. La impresión general es que el debate ha alcanzado mayor madurez y ha terminado una época de superficialidad. Por ello, resulta crucial que los católicos oren por el Pontífice en esta tarea trascendental que le aguarda.
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