Más de mil jóvenes celebran los diez años de Effetà en la Sagrada Familia

Más de mil jóvenes celebran los diez años de Effetà en la Sagrada Familia

Más de mil jóvenes que han participado en Effetà durante la última década se reunieron en la Basílica de la Sagrada Família para celebrar una década de esta iniciativa.

La celebración congregó a participantes procedentes de diversas diócesis catalanas, quienes llenaron el templo en un acto que pretendía agradecer los frutos obtenidos y mostrar la vitalidad de un proyecto que no ha dejado de crecer. Las entradas se agotaron con varios días de antelación y la expectación fue palpable desde primeras horas.

Al abrirse las puertas, los encuentros se multiplicaron en todos los rincones del templo. Antiguos compañeros de retiro se buscaron entre los bancos, se reconocieron tras años y compartieron recuerdos de aquel fin de semana que, en muchos casos, supuso un punto de inflexión. Cerca, los equipos de servidores ultimaban los preparativos para que todos se sintieran acogidos durante la celebración.

Previo a la Eucaristía, la atención se centró en las capillas donde se administraba el sacramento de la reconciliación. Las filas avanzaban lentamente mientras la nave principal ganaba en silencio. La transición de la alegría ruidosa de los reencuentros a la actitud de oración reflejaba la esencia de Effetà: comunidad y profundidad espiritual.

La misa estaba prevista para ser presidida por el arzobispo de Barcelona, el cardenal Joan-Josep Omella, pero su estado de salud se lo impidió. Los obispos auxiliares, David Abadías y Javier Vilanova, asumieron la presidencia en una celebración en la que los jóvenes tuvieron un papel destacado. El cardenal quiso estar presente al final del acto, mostrando un gesto de cercanía que fue recibido con afecto y gratitud.

Effetà forma parte de una tradición eclesial consolidada: la de los retiros breves e intensos que buscan provocar un cambio en la vida de sus participantes. Heredero de los cursos de cristianismo y cercano a Emmaús, mantiene la estructura de un fin de semana diseñado para favorecer un encuentro personal con Jesucristo, adaptando el lenguaje a la sensibilidad de las nuevas generaciones.

El nombre proviene del evangelio de Marcos, en el momento en que Jesús dice “ábrete” a un hombre que no puede oír ni hablar. Esta imagen se ha convertido en el hilo conductor de la experiencia: abrir heridas, plantear preguntas y abrir la puerta a una presencia capaz de transformar la percepción de uno mismo y de los demás. La propuesta parte de la vida concreta de cada persona.

Uno de los aspectos fundamentales de su desarrollo es su carácter claramente parroquial. Effetà no funciona como un movimiento con estructura propia, sino como una herramienta que cada comunidad pone al servicio de su realidad. El retiro es solo el inicio de un itinerario que continúa con grupos, encuentros y espacios de crecimiento compartido dentro de la Iglesia local.

Esta continuidad se manifiesta frecuentemente en la transición de participante a servidor. Muchos de quienes han vivido la experiencia deciden colaborar en la organización de futuras ediciones, motivados por el deseo de que familiares y amigos puedan vivir lo mismo. Así, el método se expande de forma orgánica, a través del testimonio personal y el compromiso voluntario.

Con el paso del tiempo, lo que comenzó en una parroquia de Barcelona ha superado barreras sociales y geográficas. Se ha arraigado en barrios muy diversos de la ciudad y se ha extendido a diócesis como Girona, Terrassa, Tarragona —representada en la Sagrada Família por más de treinta jóvenes con su consiliario—, Solsona y Sant Feliu de Llobregat. La variedad de procedencias presentes en la Sagrada Família era una muestra visible de esta expansión.

Algunos participantes describen el fin de semana como una experiencia “fuerte, capaz de acelerar procesos interiores que quizás llevaban tiempo estancados”. No se prometen cambios automáticos, pero sí la oportunidad de contemplar la propia historia a la luz del Evangelio. Para muchos, esto se traduce en reconciliaciones, decisiones o nuevos comienzos.

La imagen final del templo repleto de jóvenes dio sentido a esta trayectoria de diez años. Entre cantos, silencios y oraciones, quedó claro que la intuición inicial ha encontrado continuidad en el tiempo y que, para toda una generación, la invitación a abrirse sigue teniendo una fuerza inesperada.

Comentarios
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Marta Marín
8 horas hace
La celebración de Effetà es un claro recordatorio de que la fe puede revitalizar y transformar vidas. Si más jóvenes experimentaran este encuentro con Cristo, tendríamos un futuro más esperanzador. La Iglesia necesita esa energía renovadora, ¡no la dejemos escapar!
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