El Palacio de Vistalegre congregó este domingo a más de 6.000 personas, en su mayoría jóvenes, en “El Despertar”, un encuentro organizado por etapas que combinó silencio, conversación y un cierre musical. Tras un primer bloque dedicado a la interioridad, el diálogo dio paso a varias intervenciones. En ese tramo, René ZZ ofreció un mensaje de carácter personal sobre la insatisfacción en la vida actual y la necesidad de sentido, con referencias a la abundancia de opciones, al “abismo” del vacío y a un desenlace formulado en clave religiosa.
El formato de “El Despertar” avanzó por fases, alternando momentos de recogimiento y espacios de conversación antes de culminar con música, según la secuencia planteada por la organización del encuentro.
En esa parte del programa intervino René ZZ, quien adoptó un tono autobiográfico para describir, desde su experiencia, el malestar asociado a la satisfacción inmediata y la dificultad de sostener un horizonte de significado.
Bajo ese alias se presenta en redes René Ponte (también citado como René Olmo Ponte), un creador de contenido gallego que ganó notoriedad en Youtube desde 2019 con vídeos centrados en el tatuaje, combinando divulgación, humor y entrevistas. Con el paso del tiempo amplió su temática hacia hábitos, cultura y reflexiones personales, hasta consolidar una comunidad en torno a los dos millones de suscriptores; en los últimos meses, parte del foco se ha dirigido a su testimonio público de conversión al catolicismo, que él mismo ha difundido en su canal.
Al inicio de su intervención situó el contexto actual como un tiempo de posibilidades casi ilimitadas, con acceso inmediato a estímulos y herramientas para viajar o relacionarse, idea que expresó con una enumeración: “Estamos en un momento de la historia en el que, a veces, somos conscientes de que en nuestra realidad tenemos acceso prácticamente a todo, por primera vez en la historia de la humanidad. O sea, a día de hoy, da igual las que tengas, mañana podría viajar a donde quieras; podemos conocer prácticamente a todas las personas que nos apetezcan. Podemos comer lo que nos apetezca: están las aplicaciones de comida a domicilio, las aplicaciones de citas, las aplicaciones para viajar barato…”.
Desde ese punto, introdujo la tesis que vertebró el resto del discurso: la abundancia externa no evita el vacío interno, y lo formuló de manera directa ante el público: “Delante de nosotros hay una gran cantidad de opciones. Y, aun así, seguimos vacíos. Algunos más, otros menos, depende del momento”.
René ZZ llevó después esa percepción al plano existencial y al desconcierto ante el sentido de la vida, incorporando la conciencia de la muerte como un factor que intensifica la inquietud: “Yo creo que la mayoría de nosotros, desde que nacemos, aparecemos aquí y no entendemos muy bien por qué estamos, ni cómo hemos llegado, ni hacia dónde nos dirigimos. Y eso nos genera un agobio horrible, porque aún encima sabemos que vamos a morir”.
En ese recorrido, cuestionó la acumulación de “pequeños estímulos” como forma de sostenerse sin resolver lo esencial, y se puso a sí mismo como ejemplo al referirse al tatuaje: “Lo curioso es que todo este tipo de cosas conocen a la gente. Tatuarse —que yo eso lo hice bastantes veces y ya os aseguro que tampoco rellena al bandido—… Todo este tipo de cosas nos da como pequeños estímulos para sobrevivir”.
Otro mensaje central llegó cuando habló de la sensación posterior al logro, al describir el vacío que puede aparecer incluso tras cumplir objetivos, y lo expresó con la imagen del “abismo”: “Porque ahí dices: ‘¿Ahora qué? ¿Ahora qué hago? ¿Qué es lo siguiente?’ Y ahí es donde entra el abismo. Me encanta hablar del abismo porque lo he experimentado mucho. Es casi como mi amigo”.
Desde esa experiencia personal, presentó su síntesis en términos religiosos, con una afirmación extensa sobre aquello que, a su juicio, colma el vacío: “Lo que os puedo contar respecto a este vacío que parece que nunca se llena —en mi experiencia personal, pero creo que aplica prácticamente a todo el mundo; me atrevo a decir que absolutamente a todo el mundo—: solo hay una cosa que puede rellenar ese vacío. Y os lo dice alguien que lo ha intentado rellenar con muchísimas cosas. Para mí es Dios”.
También explicó ese giro como un tránsito desde la autosuficiencia hacia la escucha, tras recorrer distintos caminos, y relató su planteamiento con una petición explícita: “Ya lo he intentado por todos mis medios: de todas las formas, de todas las maneras. A lo largo de los años he madurado, he conocido, he viajado, me he tatuado, he escrito, he grabado… No sé qué hacer, Dios. Dímelo tú. Te escucho”.
En la recta final, dirigió el foco a los asistentes y vinculó la transformación personal con la influencia a través del ejemplo, al afirmar: “Es decir, tenemos que intentar restaurarnos, dejar que Dios nos restaure, para que los demás vean que Dios actúa. Y cada uno de vosotros, de los que estáis aquí, tenéis una capacidad transformativa espectacular”.
Su despedida retomó la idea inicial sobre la sobreabundancia y la dificultad de sostener la esperanza, y concluyó con una advertencia sobre la facilidad con la que se pierde en el contexto actual: “Y no quiero que perdáis la esperanza, porque se pierde muy fácil, sobre todo en la época que vivimos. Por lo que comentaba al principio: hay mucho de todo y nada llena”.
