La película Sirât, dirigida por Óliver Laxe, ha recibido reconocimientos internacionales y suscita un debate espiritual en torno a su contenido.
Sirât ha sido nominada a dos categorías en los Oscar: Mejor Película Internacional y Sonido, además de competir en los BAFTA 2026 por Mejor Película en Lengua No Inglesa, cuya ceremonia tendrá lugar el 22 de febrero en Londres. En España, la cinta acumula 11 candidaturas a los Premios Goya 2026, consolidándose como uno de los filmes nacionales más destacados en la temporada de premios.
El filme se caracteriza por una fuerte carga simbólica y espiritual, presente desde su título, que alude a un concepto religioso. En la película se incluye una cita que sintetiza este simbolismo: “Existe un puente llamado Sirât que une infierno y paraíso. Se advierte al que lo cruza que su paso es más estrecho que una hebra de cabello, más afilado que una espada”.
El director, Óliver Laxe, ha expresado en entrevistas su visión sobre la fe, afirmando: “no me gusta esto de creyente, siento que hay una inteligencia creativa detrás de todas las cosas” y concluyendo con la frase: “El mundo será espiritual o no será”. Este enfoque no se limita a la narrativa, ya que el cine para él representa un espacio que recupera un sentido compartido, defendiendo la sala como “templo”, “experiencia colectiva” y “ceremonial”.
La crítica ha señalado que ciertos elementos visuales y narrativos de Sirât evocan dimensiones rituales, como el ritmo de la rave y símbolos visuales que remiten a lugares sagrados, como un “tótem” asociado a una “caja negra” que recuerda a La Meca. En redes sociales circula una frase atribuida a Laxe sobre Dios: “no creo en Dios, lo conozco”, aunque esta expresión está vinculada en fuentes verificables a otros autores como Carl Jung, quien dijo: “No necesito creer en Dios; Lo conozco”.
El contexto cultural actual muestra una renovada presencia de la espiritualidad en el debate público, especialmente entre los jóvenes, aunque con diferencias según el país y el tipo de vivencia religiosa. En España, la secularización avanza y la juventud se aleja de la religión institucional, según el Informe España 2025 de la Universidad Pontificia Comillas, que señala un aumento sostenido de personas sin religión, con mayor incidencia en los sectores jóvenes.
Por otro lado, estudios recientes indican que muchos jóvenes practican una espiritualidad más personal que una afiliación religiosa formal. En otros países europeos, como Francia, se ha detectado un aumento en el número de bautizos de adultos en 2025, con un perfil juvenil creciente. En el Reino Unido, el informe The Quiet Revival señala un incremento en la asistencia mensual a actos religiosos desde 2018, concentrado en los jóvenes, aunque existen debates metodológicos que cuestionan esta tendencia.
En definitiva, aunque no se puede hablar de un retorno religioso homogéneo, sí se observa un clima de reactivación de cuestiones espirituales relacionadas con el dolor, la finitud, la comunidad, el perdón y la esperanza. Sirât conecta con esta realidad al presentar un relato de pérdida y búsqueda en un espacio liminal, utilizando un lenguaje simbólico que remite desde el inicio a la travesía entre infierno y paraíso.
