Cardenal Baggio: la Iglesia no promueve la inmigración ilegal

Cardenal Baggio: la Iglesia no promueve la inmigración ilegal

El cardenal Fabio Baggio, responsable en el Vaticano del estudio y la respuesta a los fenómenos migratorios globales, ha reclamado la ampliación de vías legales para los migrantes y ha denunciado la existencia de una narrativa negativa que distorsiona el trabajo de la Iglesia en este ámbito.

En una entrevista concedida al National Catholic Reporter el 19 de febrero, el cardenal Fabio Baggio, subsecretario del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, destacó que el Papa León XIV mantiene la misma preocupación pastoral sobre la migración que su predecesor, el Papa Francisco, quien convirtió la atención a los migrantes en un eje fundamental de su pontificado.

Baggio, que fue nombrado por Francisco en 2016 para dirigir la sección de migrantes y refugiados del dicasterio, rechazó las críticas que acusan a la Iglesia de involucrarse en la migración por intereses económicos, asegurando que la Iglesia Católica global a menudo actúa en favor de los migrantes sin contar con los recursos necesarios para ello.

El cardenal subrayó que las personas migrantes en situación irregular "son hijos de Dios y personas que llaman a la puerta de la caridad de nuestras comunidades" y que no deben ser objeto de discriminación. En este sentido, explicó que la Iglesia insiste en la importancia de la reunificación familiar y en acompañar a quienes se encuentran en situación irregular hacia la regularización de su estatus.

Durante la conversación, realizada en italiano, Baggio también abordó los retos tecnológicos y sociales que afronta la Iglesia, como el impacto de la inteligencia artificial en el empleo y la creciente desigualdad que genera comunidades elitistas que concentran recursos mientras otros trabajan para sostenerlas.

El mismo día de la entrevista, el Vaticano anunció que el Papa León XIV visitará Lampedusa el 4 de julio, un lugar emblemático para la atención a los migrantes, que fue el destino del primer viaje pontificio de Francisco fuera de Roma y que marcó el tono de su defensa de los migrantes durante su pontificado de doce años.

El cardenal recordó su experiencia como misionero scalabriniano y su trabajo en Buenos Aires entre 1997 y 2002, donde colaboró con el entonces arzobispo Bergoglio, futuro Papa Francisco. Destacó cómo desde sus primeros años Bergoglio mostró una gran preocupación por los más vulnerables, incluidos los migrantes que habitaban en las villas miserias de la ciudad, enfrentando pobreza y estigmatización.

Respecto a la evolución del fenómeno migratorio, Baggio señaló que la globalización ha facilitado el acceso a la migración para muchas personas y ha convertido a países que antes no eran ni de origen ni de tránsito en destinos migratorios. Además, ha aumentado significativamente la migración forzada debido a conflictos, desastres naturales y la crisis climática.

Sin embargo, también ha crecido la respuesta negativa de algunas comunidades y países, que perciben la llegada de migrantes irregulares como una amenaza. El cardenal explicó que esta reacción se alimenta de narrativas que enfatizan aspectos negativos como la falta de integración o la criminalidad, y que el lenguaje empleado contribuye a perpetuar estereotipos y discriminación, por ejemplo, al usar términos como "clandestino" o "ilegal" para referirse a personas.

En cuanto a la doctrina social de la Iglesia, Baggio recordó que los Estados tienen la obligación de acoger al extranjero "en la medida de sus posibilidades", pero también deben garantizar la soberanía nacional y la seguridad. Por ello, la Iglesia aboga por ampliar los canales legales de migración para combatir la inmigración irregular y evitar que las medidas restrictivas generen efectos contrarios.

El cardenal defendió que la Iglesia no promueve la inmigración ilegal y que su compromiso con los migrantes no responde a intereses económicos, sino a la caridad y la justicia social. Señaló que muchas iniciativas eclesiales se sostienen gracias a la generosidad de las comunidades y al trabajo voluntario, y que la acusación de que la Iglesia busca financiación estatal es parte de una narrativa negativa que no refleja la realidad general.

Ante la crítica de que el Vaticano debería abrir sus muros para acoger migrantes, Baggio explicó que el Estado de la Ciudad del Vaticano es un territorio pequeño con pocos habitantes y que el Papa Francisco ya ha acogido a personas mediante corredores humanitarios, pero que la verdadera respuesta de la Iglesia se manifiesta en la labor de las iglesias locales para facilitar la integración y acompañamiento de los migrantes.

El cardenal destacó el impacto que tuvo el Papa Francisco en la conversación global sobre migración, especialmente a partir de su visita a Lampedusa en 2013, que puso de relieve la pobreza y el abandono de los más vulnerables. Gracias a su impulso, se crearon numerosas oficinas y servicios pastorales dedicados a migrantes, refugiados y víctimas de trata, y muchas congregaciones religiosas incorporaron esta misión en sus estatutos.

Baggio subrayó que el pontificado de Francisco se inscribe en una tradición eclesial que viene desde Rerum Novarum y la constitución apostólica Exsul Familia de Pío XII, y que el Papa León XIV, con su propia experiencia migratoria, continúa esta línea con un estilo distinto pero con la misma preocupación pastoral.

Sobre su relación con el Papa Prevost, antes cardenal Robert F. Prevost, Baggio indicó que colaboraron en iniciativas interdicasteriales y que percibe en el actual pontífice una voluntad clara de promover la comunión eclesial y la unidad frente a las divisiones, así como un compromiso con la justicia global, la economía justa y el cuidado de la casa común.

Finalmente, el cardenal afirmó que el Papa León XIV mantiene una voz profética en materia migratoria, aunque con un estilo más elaborado en sus discursos. Destacó que cada pontificado necesita tiempo para definir sus prioridades y que el actual Santo Padre está en el camino adecuado, trabajando con las iglesias locales para responder a los desafíos futuros, que incluyen la tecnología, la desigualdad y la necesidad de garantizar migraciones seguras, regulares y ordenadas, siempre poniendo a la persona en el centro.

Comentarios
0
Luis Benítez
26 minutos hace
En una época donde la migración ha sido históricamente temida y vilipendiada, la postura de la Iglesia sobre el respeto a los migrantes es un recordatorio de que la humanidad no se mide solo por sus fronteras. Es necesario desafiar narrativas que deshumanizan y, en lugar de cerrar puertas, abrir caminos legales que permitan una convivencia más justa.
Like Me gusta Citar
Escribir un comentario

Enviar

Publish the Menu module to "offcanvas" position. Here you can publish other modules as well.
Learn More.

Hasta luego