El Papa León XIV reflexionó en la Plaza de San Pedro sobre el testimonio de Juan el Bautista y su mensaje acerca del éxito y la visibilidad en la sociedad actual durante el Ángelus del 18 de enero de 2026.
Durante el Ángelus celebrado en la Plaza de San Pedro, el Papa León XIV se apoyó en la figura de Juan el Bautista para ofrecer una lectura espiritual que cuestiona la relación contemporánea con el éxito, la visibilidad y la búsqueda de reconocimiento. El Santo Padre destacó que Juan el Bautista reconoce públicamente a Jesús como el Mesías y define su misión con las palabras: «Aquí está el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Jn 1, 29).
El pontífice subrayó que Juan no se presenta como un fin en sí mismo ni como un maestro a seguir, sino que dirige toda la atención hacia Cristo y acepta desaparecer cuando este se manifiesta: «El hombre que viene detrás de mí ha pasado delante de mí, porque antes que yo era» (Jn 1, 30). A pesar de su gran popularidad, Juan rechazó «la tentación del éxito y de la popularidad» y consideró cumplida su misión en el momento en que se retira de la escena pública.
El Papa extendió esta reflexión al contexto actual, señalando que la aprobación social, el consenso y la visibilidad influyen decisivamente en la formación de opiniones, comportamientos y relaciones. Esta constante búsqueda de reconocimiento puede provocar sufrimientos personales, divisiones y formas de dependencia interior. En este sentido afirmó: «En realidad, no necesitamos estos “sucedáneos de felicidad”», refiriéndose a satisfacciones superficiales e inestables que sustituyen al verdadero gozo.
En contraste, recordó que la alegría cristiana se fundamenta en el conocimiento de ser amados y deseados por el Padre celestial: «Nuestra alegría y nuestra grandeza no descansan en ilusiones pasajeras de éxito y popularidad, sino en saber que somos amados y deseados por nuestro Padre que está en los cielos». El pontífice describió a Dios como un ser cercano y atento a la condición humana, que «hoy, como siempre, viene entre nosotros […] para compartir nuestras penas y cargar con nuestros fardos».
El Papa concluyó su meditación con una invitación a no distraerse con las apariencias y a cultivar una vigilancia interior. Propuso seguir el ejemplo de Juan el Bautista amando la sencillez, practicando la sobriedad y reservando momentos de silencio y oración para «hacer el desierto» y permanecer disponibles para el encuentro con el Señor. Encomendó este camino a la intercesión de la Virgen María, presentada como modelo de humildad y sabiduría, ofreciendo así una orientación espiritual clara, basada en el Evangelio y sensible a las tensiones de la vida contemporánea.
En la misma jornada, el Papa recordó el inicio de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, una iniciativa con dos siglos de historia que León XIII promovió intensamente. Precisó que hace cien años se publicaron por primera vez las «Sugerencias para la Octava de oración por la unidad de los cristianos». El tema de este año, tomado de la Carta a los Efesios, es: «Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, como también fuisteis llamados a una sola esperanza» (Ef 4, 4). Las oraciones y reflexiones fueron preparadas por un grupo ecuménico coordinado por el Departamento de Relaciones Interreligiosas de la Iglesia Apostólica Armenia. El Papa invitó a todas las comunidades católicas a intensificar la oración por la plena unidad visible de todos los cristianos.
El compromiso por la unidad debe ir acompañado del esfuerzo por la paz y la justicia en el mundo. En este contexto, el pontífice recordó las graves dificultades que atraviesa la población del este de la República Democrática del Congo, que se ve obligada a huir, especialmente hacia Burundi, debido a la violencia, y enfrenta una crisis humanitaria. Solicitó oraciones para que prevalezca el diálogo entre las partes en conflicto, favoreciendo la reconciliación y la paz.
Además, expresó su cercanía espiritual con las víctimas de las inundaciones recientes en el sur de África.
El Papa dirigió un saludo cordial a los fieles presentes y a quienes siguieron la transmisión, alentando a vivir con esperanza y fidelidad el camino de la fe en medio de las pruebas actuales.
