El Santo Padre concluye seis días de intensa actividad apostólica recorriendo más de 2.500 kilómetros y celebrando 21 actos ante millones de fieles.
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El Viaje Apostólico de Su Santidad León XIV a España llegó a su término esta mañana tras seis jornadas de actividad sin pausa, con 21 actos celebrados y más de 2.500 kilómetros recorridos sin incidentes. La conclusión del viaje tuvo lugar en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, donde el Santo Padre presidió una Santa Misa frente al océano antes de emprender el regreso a Roma, tras resolver un contratiempo con la aeronave papal.
El Comité Nacional ha valorado la visita como un hito que ha generado una ola de esperanza en la sociedad española. Este logro, tanto en su dimensión apostólica como social, responde a la fuerza del mensaje papal, la profundidad de sus reflexiones y la participación masiva de ciudadanos en los actos programados. En los próximos días, el Comité ofrecerá un análisis más pormenorizado de los resultados alcanzados.
Monseñor Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal Española, ha destacado que el Papa ha presentado "un pensamiento católico; es decir, un pensamiento integral" ante la complejidad de la realidad contemporánea y sus desafíos.
El viaje ha dejado constancia de hitos sin precedentes en la historia de las visitas papales al país. Por primera vez, un Papa intervino ante las Cortes Generales, celebró el Corpus Christi en territorio español, visitó un centro penitenciario y recorrió las Islas Canarias.
Según los primeros datos del Comité Nacional, más de 2,5 millones de personas asistieron a los 21 actos distribuidos en cuatro etapas. En Madrid, se registraron aproximadamente un millón y medio de fieles en la celebración del Corpus en Cibeles, más de medio millón de jóvenes en la Plaza de Lima y más de 70.000 personas en el Estadio Santiago Bernabéu. En Barcelona, unos 40.000 asistentes llenaron el Estadio Olímpico de Montjuic durante la Vigilia de Oración, mientras que en Gran Canaria, otros 40.000 participaron en la Misa del Estadio tras el encuentro en el muelle de Arguineguín. En Tenerife, más de 35.000 fieles concurrieron a la Misa final, además de decenas de miles que acompañaron al Papa en los recorridos en papamóvil.
Durante estos seis días, el Santo Padre recorrió más de 2.500 kilómetros, participó en los 21 actos programados y realizó 23 intervenciones, incluidas las pronunciadas a bordo del avión papal. La cobertura informativa reunió a más de 5.000 periodistas acreditados.
La consultora Barlovento ha informado que 28 cadenas de televisión emitieron programas especiales, alcanzando un total de 18,8 millones de espectadores únicos, lo que representa el 39,6% de la población española. A estas cifras se suma la cobertura internacional y la actividad en redes sociales.
El dispositivo de seguridad movilizó a cerca de 25.400 agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, junto a unos 2.000 efectivos y numerosos equipos de emergencias y asistencia sanitaria. Más de 25.000 voluntarios estuvieron al servicio de los peregrinos durante toda la semana. El viaje transcurrió sin incidentes en un contexto de alerta antiterrorista reforzada, gracias al comportamiento ejemplar de los peregrinos, el civismo de la población española y el extraordinario trabajo de los cuerpos de seguridad y servicios de emergencia, a quienes la organización expresó su más profundo agradecimiento.
A lo largo de su recorrido, León XIV abordó cuestiones de fe e hizo referencia a realidades sociales como la soledad, la salud mental, la pobreza, la situación penitenciaria, la migración y la dignidad del trabajo. Su mensaje evolucionó según las etapas, dirigiéndose tanto a creyentes como a no creyentes.
La etapa madrileña se centró en la vida social e institucional del país. En su primer discurso en España, el 6 de junio, el Papa instó a optar "por la claridad que ilumina y la franqueza que abre caminos". Ese mismo día, en el centro de acogida CEDIA 24 horas, recordó que "la caridad no admite demoras", y por la noche, ante los jóvenes en la Plaza de Lima, les animó a ser "chispa de una humanidad nueva", con la exhortación que resonó en todo el mundo: "¡Sed humanos!: hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables". En el encuentro Tejer Redes del Madrid Arena, con representantes de la cultura, la economía y la academia, afirmó que "la Iglesia anhela permanecer en diálogo con el mundo contemporáneo". Su intervención histórica ante las Cortes fue una defensa de la dignidad humana frente a los desafíos actuales, y ante la Virgen de la Almudena sostuvo que "para edificar algo nuevo hay que destruir los muros". En el Estadio Santiago Bernabéu, recordó que "la bondad, aunque sea de unos pocos, puede vencer el miedo de muchos".
La etapa barcelonesa aportó una dimensión más contemplativa al viaje. En la Vigilia de Oración del Estadio Olímpico de Montjuic, el Papa ofreció un mensaje de esperanza, afirmando: "¡Dios no nos abandona!". En la cárcel de Brians 1, donde escuchó el testimonio de dos mujeres privadas de libertad, aseguró a los internos que "el pasado no condena el futuro" y pronunció una de las frases más memorables del viaje: "¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor!". En Montserrat, en el marco del milenario del monasterio, invitó a dejar a los pies de la Virgen "las corazas que han endurecido poco a poco el corazón". Ante las entidades de caridad en la iglesia de San Agustín, pidió que no se normalice "la soledad y el abandono en la vida", y en la Sagrada Familia, donde inauguró la Torre de Jesucristo en el centenario de la muerte de Gaudí, definió la basílica como "una elocuente catequesis hecha de piedras, colores y luz".
En Canarias, el viaje elevó su voz hacia el mundo. En el muelle de Arguineguín, ante las realidades de acogida de la ruta atlántica, el Santo Padre planteó la pregunta que resume su paso por las islas: "Cada barca que llega no trae sólo migrantes; trae consigo una pregunta: ¿qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?". A los sacerdotes, religiosos y agentes de pastoral del archipiélago les instó a "elevar la mirada ante las dificultades". En la Misa del Estadio de Gran Canaria proclamó que "somos la presencia viva del Señor en el mundo, seamos portadores de su misericordia y de su paz". En el centro Las Raíces de Tenerife, tras escuchar el testimonio de varias personas migrantes, afirmó que "el amor de Dios no conoce fronteras" y reclamó aprender "el lenguaje de la cercanía". En la Misa final del puerto de Santa Cruz, se despidió con gratitud: "Gracias por lo que son y por lo que hacen, convirtiendo a esta isla en un lugar donde encontrar al corazón de Cristo".
El Papa León XIV concluyó su visita dirigiéndose al presidente de la Conferencia Episcopal Española, Monseñor Luis Argüello, con un mensaje claro: "Ahora os toca a vosotros trabajar". El Papa León XIV concluyó su visita dirigiéndose al presidente de la Conferencia Episcopal Española, Monseñor Luis Argüello, con un mensaje claro: ", instando a transformar la emoción en virtud y en acción concreta.
Desde el Comité Nacional se ha subrayado el carácter coral de la organización, que contó con la colaboración de la Santa Sede, la Conferencia Episcopal Española, la Casa Real, el Gobierno, las comunidades autónomas, los ayuntamientos y las diócesis. Se expresó agradecimiento a todas las administraciones públicas desde el inicio. Cada etapa dejó su propia impronta: desde la solemnidad del Corpus en Madrid y la multitudinaria celebración en Cibeles, hasta el puerto de Santa Cruz convertido en altar frente al océano, pasando por el milenario de Montserrat, la Sagrada Familia iluminada en el centenario de Gaudí, el muelle de Arguineguín y la realidad migratoria en Las Raíces, en Tenerife.
El Comité también expresó su reconocimiento a los periodistas, fotoperiodistas y operadores de cámara que hicieron posible la cobertura informativa del viaje. La próxima semana se convocará una rueda de prensa para presentar un balance detallado de la visita. Asimismo, se realizará una auditoría y un informe de impacto económico que estará disponible para los medios de comunicación.
Con la invitación a alzar la mirada, que ha dado nombre al himno y a la campaña oficial del viaje, León XIV deja en España un legado de palabras que interpelan a toda la sociedad, creyente o no, invitando a mirar más allá de los intereses particulares, hacia la convivencia, la acogida y la esperanza.
