Rubio reivindica en Europa las raíces cristianas de Estados Unidos y Occidente

Rubio reivindica en Europa las raíces cristianas de Estados Unidos y Occidente

Durante la Conferencia de Seguridad de Múnich el 14 de febrero de 2026, Marco Rubio pronunció un discurso que trascendió el ámbito técnico del evento.

En su intervención, Rubio planteó una cuestión esencial: “¿Qué es exactamente lo que defendemos?” y respondió con claridad que los ejércitos no luchan por ideas abstractas, sino por un pueblo, una nación y un modo de vida. Esta perspectiva concreta constituyó el eje de su discurso, en el que definió a Occidente no como una mera estructura institucional o una alianza contractual, sino como una civilización.

Rubio afirmó que “pertenecemos a la misma civilización: la civilización occidental”, fundamentando este vínculo en siglos de historia compartida, la fe cristiana, la cultura, el patrimonio, la lengua y los sacrificios de generaciones anteriores.

El punto más destacado de su intervención abordó el origen espiritual de Estados Unidos. Al referirse a los fundadores de su país, señaló: “Los hombres que construyeron la nación en la que nací llegaron a nuestras costas portando los recuerdos, las tradiciones y la fe cristiana de sus antepasados, un legado sagrado y un vínculo ininterrumpido entre el Viejo y el Nuevo Mundo.” Con esta afirmación, subrayó la continuidad europea de América, profundamente marcada por el cristianismo. Además, ejemplificó esta conexión mediante símbolos arquitectónicos visibles: “Las bóvedas de la Capilla Sixtina y las majestuosas agujas de la catedral de Colonia no solo testimonian la grandeza de nuestro pasado y la fe en Dios que inspiró estas maravillas, sino que también anuncian las maravillas que nos aguardan en el futuro.”

Este discurso generó reacciones diversas. Algunos medios, incluso en Francia, lo calificaron como un “discurso MAGA”, interpretándolo como un intento de influir ideológicamente en Europa a favor de una “cultura MAGA”, en referencia al lema “Make America Great Again”. Según estas críticas, el objetivo sería “engañar a los europeos” y desviar a Europa de sus intereses estratégicos, aunque el tiempo dirá si esta interpretación es acertada.

Independientemente de la aceptación o rechazo de las ideas de Marco Rubio, el recordatorio de un legado común no puede descartarse como mera estrategia comunicativa. Algunos analistas destacan las tensiones actuales, como la disputa sobre Groenlandia, para ejemplificar lo que consideran un problema en la relación transatlántica. Sin embargo, estos conflictos, por reales que sean, no eliminan siglos de historia compartida. No es posible disolver una continuidad cultural, histórica y espiritual basándose únicamente en un desacuerdo geopolítico.

Existe, guste o no, un patrimonio común entre Europa y América, una memoria y raíces compartidas. Un ejemplo claro fue el incendio de Notre-Dame de París, que movilizó a numerosos estadounidenses entre los primeros en interesarse por el estado de la catedral y en expresar públicamente su pesar. En la reapertura del 8 de diciembre de 2024, estuvieron presentes las más altas autoridades estadounidenses, incluyendo expresidentes como Barack Obama y el presidente en funciones Donald Trump.

Comentarios
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Irene Zamora
28 minutos hace
La reivindicación de las raíces cristianas de Estados Unidos destaca la complejidad de la identidad occidental, que no se puede reducir a un mero enfrentamiento geopolítico. La ideología detrás del discurso de Rubio puede sonar divisiva, pero revela una necesidad urgente: recuperar un tejido cultural común en medio de crecientes tensiones. Ignorar esta herencia compartida podría llevar a un vacío de entendimiento en un mundo cada vez más polarizado.
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