La Conferencia Episcopal Venezolana publicó un mensaje que analiza la situación política y social del país tras los acontecimientos del 3 de enero, apelando a la esperanza y la responsabilidad.
Al concluir su 125ª Asamblea Plenaria Ordinaria, los obispos católicos de Venezuela fundamentaron su reflexión en la Escritura, tomando como referencia al profeta Isaías: “Tu luz se levantará como el alba”. A partir de esta imagen, emitieron una exhortación pastoral que interpreta la crisis actual con realismo, esperanza y urgencia moral.
El documento, difundido el 9 de febrero de 2026 por la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), reconoce que el panorama político y social ha cambiado profundamente tras los hechos ocurridos el 3 de enero. Sin minimizar la incertidumbre y el temor que afectan a amplios sectores, los obispos basan su análisis en la imagen evangélica de Cristo calmando la tormenta, afirmando que aunque la barca esté azotada, no está abandonada, y que Jesús permanece como “Dios-con-nosotros”, Emmanuel, incluso en medio de la convulsión nacional.
El mensaje se inscribe en continuidad con la alocución del Papa León XIV durante el Ángelus del 4 de enero, cuando subrayó que “el bien del amado pueblo venezolano debe prevalecer sobre toda otra consideración”. Esta frase se convierte en clave interpretativa para el diagnóstico episcopal sobre las heridas del país, que incluyen la escasez de empleos dignamente remunerados, la corrupción sistémica que actúa con impunidad y las reiteradas violaciones a los derechos humanos y civiles, especialmente la libertad de expresión, el debido proceso y el derecho a la defensa legal.
En el ámbito institucional, los obispos sostienen que la soberanía y la democracia deben traducirse en realidades concretas. Señalan que la reconstrucción nacional pasa por restaurar la independencia de los poderes públicos y garantizar la credibilidad de organismos clave como el Tribunal Supremo de Justicia y el Consejo Nacional Electoral. Solo instituciones percibidas como imparciales y confiables pueden asegurar elecciones verdaderamente libres y justas.
Respecto a las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, los obispos denuncian que la soberanía popular, expresada mediante sufragio universal, directo y secreto, fue socavada al no publicarse los resultados detallados por las autoridades estatales. En este contexto, los sucesos del 3 de enero son reconocidos como controvertidos: para algunos constituyen una violación del derecho internacional, mientras que para otros representan una posible apertura hacia la renovación democrática. Los obispos no se pronuncian ni a favor ni en contra de estas interpretaciones, pero reconocen su impacto disruptivo.
Una dimensión destacada del mensaje es la solidaridad concreta expresada por los obispos, quienes renuevan su cercanía con los presos políticos y sus familias, los millones de migrantes forzados, los pacientes sin acceso a medicamentos esenciales, los jóvenes con futuro educativo y profesional truncado, las comunidades indígenas marginadas y quienes han perdido sus propiedades por confiscaciones arbitrarias. También recuerdan a las víctimas de la violencia, pasada y presente, calificando sus muertes como pérdidas irreparables de vidas humanas.
En sus 22 puntos, la exhortación retorna con frecuencia a la autocomprensión de la Iglesia. Los obispos reafirman su compromiso con el bien común, especialmente con los pobres y vulnerables, y exhortan a todos los sectores sociales a priorizar este objetivo sobre intereses personales, ideológicos, partidistas o económicos. Señalan que la paz no se construye sobre el resentimiento ni la propaganda, sino que requiere rechazar la violencia, desmontar las mentiras y silenciar la “guerra de palabras” que mina la confianza social.
El camino propuesto es exigente e implica procesos de acercamiento, reconocimiento mutuo, perdón y reconciliación, junto con una purificación de la memoria histórica basada en la verdad y la justicia. El respeto a la dignidad humana y el compromiso con la justicia social constituyen pilares fundamentales para la reconstrucción del país.
