¿Empujan las élites europeas a una guerra contra Rusia? El papel oculto de Alemania

¿Empujan las élites europeas a una guerra contra Rusia? El papel oculto de Alemania

Peter Kopa

Colaborador de Opinión

 

El 14 de diciembre, el excanciller alemán Gerhard Schröder realizó unas declaraciones explosivas en una entrevista en vídeo que ha circulado ampliamente en redes y plataformas alternativas. En ella, formuló cuatro afirmaciones concretas sobre el actual canciller alemán, Friedrich Merz, que —de confirmarse— explicarían buena parte del rumbo político, económico y militar que ha tomado Alemania en los últimos años.

 

Schröder afirma que el 4 de octubre de 2018 se celebró una reunión estratégica en Nueva York, en Manhattan. Por parte alemana asistió Friedrich Merz acompañado por un grupo de doce personas, que posteriormente pasarían a ocupar posiciones clave en distintos ministerios. Por parte estadounidense participaron los máximos representantes de la élite financiera, encabezados por Larry Fink, director de BlackRock, junto a otros grandes fondos de inversión que, en conjunto, administran activos por un valor cercano a los 30 billones de dólares.

Según el excanciller, en ese encuentro se acordó lo que él denomina el “Acta Atlántica”, un pacto cuyo objetivo específico sería debilitar de manera planificada la economía alemana. A Merz se le habría asignado la misión de asumir el control de la CDU para ejecutar, una vez en el poder, una serie de medidas ya definidas.

Las cuatro decisiones clave

Las medidas acordadas, siempre según Schröder, pueden resumirse en cuatro puntos fundamentales:

1. Aceptar el fin del gas ruso para Alemania.
Alemania debía tolerar el corte del suministro energético procedente de Rusia. Este objetivo se habría materializado con la voladura del gasoducto Nord Stream el 26 de septiembre de 2022, atribuida a Estados Unidos y al Reino Unido. Como consecuencia directa, Alemania se vio forzada a importar gas estadounidense, transportado por barco y a precios muy superiores, con un impacto devastador para su competitividad industrial.

2. Transferir capital público a fondos gestionados por BlackRock.
En un plazo de tres años, alrededor de 120.000 millones de euros del patrimonio del Estado alemán habrían sido invertidos en productos financieros administrados por BlackRock. Parte de ese capital incluiría fondos segregados de pensiones. El esquema, según esta denuncia, es claro: las ganancias se privatizan, las pérdidas se socializan y recaen sobre Alemania.

3. Provocar el colapso de la industria alemana.
Especialmente del sector automovilístico, columna vertebral de la economía del país. La normativa de la Unión Europea que prohíbe los motores de combustión a partir de 2030 ha acelerado este proceso, debilitando a las grandes marcas alemanas frente a la competencia internacional.

4. Deprimir artificialmente los valores bursátiles alemanes.
La subida de tipos de interés tendría como objetivo reducir el valor de las empresas alemanas en bolsa para permitir su recompra posterior a precios bajos por grandes fondos. El control real, como es sabido, no requiere poseer el 51 %, sino paquetes accionariales estratégicos.

Resulta especialmente significativo que muchas de las personas presentes en aquella reunión no tenían aún mandato político ni cargo institucional. Para Schröder, esto revela un grado extremo de corrupción estructural y confirma la existencia de un poder supranacional que opera por encima de los Estados, alineado con los objetivos del llamado nuevo orden mundial y la Agenda 2030 impulsada desde Davos.

Europa al borde del conflicto

Este tipo de mecanismos no serían exclusivos de Alemania. Se observan dinámicas similares en otros países clave como España o los Países Bajos. En cambio, han encontrado resistencia en Estados como Hungría, Italia o Polonia, donde determinados responsables políticos han logrado frenar esa injerencia externa.

Paralelamente, Europa entra en una espiral de militarización cada vez más peligrosa. Alemania, Reino Unido, Francia y Suecia mantienen una retórica belicista que presenta a Rusia como una amenaza inminente, con el fin de justificar incrementos masivos del gasto militar. Todo ello bajo el pretexto del apoyo a Ucrania, pese a que este país, en términos militares, ya ha perdido la guerra.

El riesgo de una confrontación directa con Moscú es cada vez más evidente.

Las protestas sociales se multiplican en estos países. Una parte creciente de la población percibe que sus gobiernos traicionan los intereses nacionales, sacrificando bienestar, industria y estabilidad social en favor de agendas ajenas.

Europa, sin el respaldo directo de Estados Unidos y de la OTAN, no tiene capacidad real para enfrentarse a Rusia. Además, Moscú cuenta con el apoyo estratégico de China. El presidente Vladimir Putin ha advertido en repetidas ocasiones que cualquier ataque europeo recibiría una respuesta inmediata y extremadamente dura, utilizando armamento de última generación.

Alemania marca el paso

En Alemania, el giro se formalizó en 2022 con la llamada Zeitenwende anunciada por Olaf Scholz. En 2024 y 2025 ese giro se ha traducido en planes operativos que contemplan abiertamente un enfrentamiento armado con Rusia. El ministro de Defensa, Boris Pistorius, ha defendido presupuestos militares récord, incluidos más de 100.000 millones de euros en un fondo especial.

Reino Unido, Francia y Suecia: escalada sin retorno

El Reino Unido, bajo el gobierno de Keir Starmer, ha publicado una revisión estratégica cuyo objetivo explícito es preparar al país para una guerra contra Rusia, incluso con armas nucleares. Londres impulsa un rearme histórico con nuevos submarinos de ataque y una expansión masiva de su industria armamentística.

Francia refuerza su papel de potencia nuclear europea y aumenta el suministro de armamento avanzado a Ucrania. Emmanuel Macron insiste en que Rusia no debe obtener ninguna ventaja estratégica, lo que en la práctica implica prolongar indefinidamente el conflicto.

Suecia, tras su adhesión a la OTAN, ha incrementado de forma drástica su gasto militar. El gobierno ha aprobado paquetes de ayuda por decenas de miles de millones de coronas para artillería, drones, misiles de largo alcance y sistemas antiaéreos.

A ello se suman Polonia, los Estados bálticos y Finlandia, que presionan por más sanciones, más armamento y una mayor presencia de la OTAN en sus territorios.

Mientras Europa no ataque, habrá paz

Alice Weidel, líder del partido alemán AfD, ha denunciado públicamente el papel de Friedrich Merz y ha profundizado en las consecuencias del llamado Acta Atlántica. Si finalmente se alcanzara un acuerdo de paz entre Rusia, Ucrania y Estados Unidos, Europa todavía tendría la capacidad de no sabotearlo iniciando una guerra propia.

Putin ha reiterado que Rusia no atacará a ningún país europeo mientras no sea provocada. Pero también ha dejado claro que cualquier agresión recibirá una respuesta devastadora contra el Estado que haya encendido la chispa.

Europa vive hoy como dentro de una nube de gas inflamable. Basta un solo error, una decisión irresponsable, para provocar una explosión de consecuencias irreversibles. El futuro del continente depende de que sus propios gobiernos renuncien a jugar con fuego.

Iglesia Noticias no se hace cargo de las opiniones de sus colaboradores, que no tienen por qué coincidir con su línea editorial.
Comentarios
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Enrique Montero
30 minutos hace
Es alarmante ver cómo las élites europeas, supuestamente en el poder para servir a sus ciudadanos, parecen estar orquestando la ruina económica de Alemania con un juego sucio. La falta de transparencia en estos acuerdos y su potencial para arrastrar a Europa hacia una guerra deben ser denunciados y cortados de raíz. No podemos permitir que intereses privados manipulen nuestras naciones y nos lleven a un conflicto catastrófico.
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