
No ha sido una reunión para cumplir agenda ni una escenificación de unidad prefabricada. El consistorio extraordinario de los días 7 y 8 de enero, a puerta cerrada en el Vaticano, ha sido otra cosa. Fue gobierno real. La Iglesia pensando en voz alta. Y un Papa que no confunde la autoridad con sordera.
Hay un detalle que lo dice todo: el Papa tomaba apuntes mientras hablaban los cardenales. No es un gesto menor. Es una señal clara de escucha atenta, de respeto real a las opiniones de su “senado”. Antiguamente, el Papa gobernaba la Iglesia con sus cardenales como en un gobierno colegial. Hoy en dia ya no es así, y en los ultimos siglos no ha sido así... tampoco creo que lo vaya a ser con este pontifice, Pero puede ser algo intermedio... Quien toma notas no sólo está esperando su turno para hablar; sino que está dispuesto a dejarse interpelar. Eso, hoy, es una forma muy concreta de vivir la unidad.
In Illo uno unum. En el único Cristo somos uno. El lema de León XIV deja de ser una frase solemne cuando se traduce en método: debatir, escuchar, contrastar y decidir juntos. Unidad trabajada, no impuesta. Este Papa escucha a sus "Príncipes", eso genera sensación de unidad, una unidad que no silencia, sino que integra.
Los temas tratados no fueron cosméticos: liturgia, sinodalidad, reforma de la Curia, evangelización del mundo moderno y el drama de los abusos, abordado como lo que es, un problema que exige responsabilidad asumida desde dentro, sin excusas ni atajos. Problemas reales, tratados como tales.
Que el Papa haya anunciado su intención de repetir este consistorio anualmente es quizá la noticia más importante. No es una excepción ni un gesto puntual: es una firma de pontificado. Un modo de gobernar que huye del personalismo y apuesta por un equipo unido, corresponsable y consciente del momento histórico.
La Iglesia no necesita más discursos sobre unidad. Necesita gestos que la construyan. Tomar apuntes, escuchar y volver a convocar no es una estrategia comunicativa. León XIV es un líder. Y, ahora, se nota.
