En 1975, Pablo VI sorprendió al rendir homenaje al representante del Patriarca ecuménico de Constantinopla, simbolizando la reconciliación entre las Iglesias en un gesto memorable durante la clausura del Año Santo.
El 14 de diciembre de 1975, en la víspera de la clausura del Año Santo y coincidiendo con el décimo aniversario de la revocación de las excomuniones mutuas, el Papa Pablo VI sorprendió al inclinarse para rendir homenaje al representante del Patriarca ecuménico de Constantinopla. Este gesto, ocurrido hace ahora cincuenta años, quedó inmortalizado en una fotografía desvaída que constituye su único testimonio gráfico. El Pontífice había anticipado su intención únicamente a su secretario particular, don Pasquale Macchi, quien recordó que el Papa le pidió que no lo impidiera y lo ayudara.
Durante la celebración en la Capilla Sixtina, a la que asistió el metropolita ortodoxo Melitone de Calcedonia, representante del Patriarca ecuménico Dimitrios I, Pablo VI se acercó a Melitone al término de la misa, se arrodilló y le besó los pies. Este acto inesperado fue recibido con un prolongado aplauso. Según el cardenal Johannes Willebrands, presente en el evento, el Papa Montini poseía el don de los gestos simbólicos, que a menudo resultaban más elocuentes que las palabras; así ocurrió con este acto que se convirtió en un símbolo claro de reconciliación entre ambas Iglesias.
El metropolita Melitone calificó el gesto del Papa como algo que solo un santo podría realizar, mientras que el patriarca Dimitrios señaló que Pablo VI había mostrado al mundo lo que puede ser un obispo cristiano: una fuerza para la reconciliación y la unidad. Este acto del Pontífice remite a la lavanda de pies realizada por Jesús y evoca asimismo los acontecimientos del Concilio de Florencia en 1439. En ese contexto, conviene no olvidar la misión de servicio a la unidad propia del Obispo de Roma, especialmente cuando las Iglesias contemplan ya el Jubileo de 2033 y el anhelo del retorno a Jerusalén.
