El obispo de Passau alerta: el Camino Sinodal divide y debilita a la Iglesia

El obispo de Passau alerta: el Camino Sinodal divide y debilita a la Iglesia

El obispo de Passau, Stefan Oster, expone once razones para rechazar el Camino Sinodal alemán, argumentando que sus efectos negativos superan ampliamente los positivos.

En un artículo detallado publicado en su blog, Stefan Oster analiza su experiencia en la última asamblea del Camino Sinodal en Alemania, donde participó recientemente. Reconoce aspectos positivos como los encuentros personales y el papel del Camino en abordar el escándalo de abusos en la Iglesia, especialmente en la atención a las víctimas y la promoción de investigaciones transparentes. No obstante, mantiene que este proceso resulta problemático para la fe y la Iglesia en general.

El obispo señala que el Camino Sinodal ha profundizado la polarización entre posturas liberales y conservadoras dentro de la Iglesia alemana y en su relación con el Vaticano y otras conferencias episcopales. Esta división ha facilitado la difamación y ha evidenciado una agenda liberal explícita, incrementando la presión pública sobre quienes no la apoyan plenamente. Además, relaciona las causas sistémicas del abuso con el "clericalismo" y la "mundanería espiritual" descritos por el Papa Francisco, aunque advierte que las soluciones propuestas por el Camino Sinodal difieren de las del pontífice.

Oster critica que el Camino Sinodal aborda temas como la moral sexual, el celibato y el acceso de las mujeres a los ministerios sacramentales, aunque estos no fueron identificados como causas directas del abuso en estudios como el MHG ni en investigaciones locales, como la de la diócesis de Passau. Considera necesario examinar el ejercicio del poder en la Iglesia sin debilitar su carácter sacramental, pero advierte que la mayoría del Camino Sinodal parece buscar precisamente lo contrario.

Desde su perspectiva, la crisis actual afecta a la comprensión cristiana de la humanidad, que él describe en términos de sacramentalidad, donde la Iglesia y la persona humana son signos visibles de la presencia de Dios. Explica que los sacramentos, como la Eucaristía y el Bautismo, comunican la gracia divina y que la vocación humana es ser un sacramento vivo, en comunión con Dios y con los demás. Destaca que esta visión implica una complementariedad espiritual y física en el matrimonio y un sacerdocio que hace presente la alianza entre Cristo y la Iglesia.

El obispo advierte que los esfuerzos por liberalizar la Iglesia, conscientes o inconscientes, tienden a eliminar la afirmación divina mientras se sobrevalora la promesa de Dios, lo que pone en riesgo la vocación sacramental de la humanidad. Cita al Papa Francisco, quien ha alertado contra la creación de una iglesia protestante en Alemania, y señala que esta tendencia puede conducir a una comprensión unilateral de la gracia, sin la necesaria respuesta activa del creyente.

Respecto al servicio a los pobres, Oster distingue entre hacerlo en nombre de Cristo o por razones meramente humanitarias, subrayando que la verdadera caridad implica comunicar a Cristo a quienes sufren. Critica la ausencia de un debate profundo sobre el significado del sacramento y la salvación en el Camino Sinodal, y sostiene que la crisis de la Iglesia es, ante todo, una crisis espiritual que requiere interiorizar la presencia real de Cristo.

En relación con la doctrina y la moral, considera que el seguimiento del Camino Sinodal supone una nueva moral sexual y antropología que exige cambios doctrinales, con la práctica precediendo a la doctrina para forzar su modificación. Rechaza esta dinámica y defiende la validez de la enseñanza tradicional, comprometiéndose a preservarla como obispo. Advierte que la implementación de estas reformas aumentará la división dentro de la Iglesia, marginando a quienes desean vivir conforme a la fe tradicional y etiquetándolos como extremistas.

El obispo lamenta que esta división no solo aleje a los fieles alemanes, sino también a iglesias locales de otros países, especialmente del Este y Sur Global, donde la mayoría no comparte los temas reformistas del Camino Sinodal. Considera que una mayor implementación acelerará la desintegración eclesial en lugar de su renovación, y describe la frustración y falta de impulso observadas en la última asamblea en Stuttgart.

Sobre el poder en la Iglesia, Oster coincide con el Papa Francisco en que el clericalismo y la mundanidad espiritual son heridas graves. Sin embargo, critica que el Camino Sinodal se centre en frenar el poder clerical cuestionando el carácter sacramental del sacerdocio, lo que, a su juicio, conduce a una lucha por el poder secular y a una "clericalización" negativa de los laicos. Señala que en Stuttgart se propuso que la Conferencia Sinodal tenga autoridad soberana para imponer decisiones, lo que implicaría la supresión de consultas diocesanas y no representa la sinodalidad entendida por el pontífice.

El obispo describe la composición prevista de la futura Conferencia Sinodal federal, que mantendrá la mayoría reformista y continuará marginando a los fieles comprometidos con la tradición magisterial, lo que, según él, perpetuará la autosecularización de la Iglesia alemana.

Finalmente, identifica señales de renovación fuera del Camino Sinodal, como el aumento de bautismos de adultos jóvenes en países como Francia, Bélgica, Suiza, Inglaterra y Estados Unidos, donde la formación se basa en tradiciones parroquiales y teológicas reconocidas. Observa que estos fieles buscan profundidad espiritual, liturgia y compromiso intelectual, y lamenta que en Alemania se cuestione su acogida.

Concluye que es necesario profundizar en la doctrina existente y comunicar su relevancia vital, acompañar con sensibilidad a quienes se sienten heridos por la Iglesia en temas de sexualidad y género, y fomentar un anhelo genuino de santidad y presencia de Dios. Destaca la importancia de quienes oran, aman y muestran conversión, recordando que los santos han sido siempre los que han transformado y guiado a la Iglesia a lo largo de la historia.

Comentarios
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Elena Álvarez
1 hora hace
La historia de la Iglesia está llena de tensiones entre renovación y tradición, pero el desafío actual se cristaliza en una polarización que podría fracturar su esencia. La advertencia del obispo Oster sobre el Camino Sinodal ilustra cómo las agendas liberales pueden alienar a quienes buscan mantener la fe ortodoxa, arriesgando no solo la unidad, sino también el sentido sacramental que sustenta a la comunidad cristiana.
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