En el Vaticano, el 21 de enero de 2026, el Papa León XIV restauró la bendición de los corderos destinados a la confección de los palios de los arzobispos metropolitanos.
Esta mañana, en la Capilla de Urbano VIII del Palacio Apostólico, León XIV presidió la bendición de los corderos, retomando una tradición centenaria vinculada a la memoria de Santa Inés. Este rito, que había sido suspendido en los últimos años por el Papa Francisco, se celebra con la finalidad de obtener la lana necesaria para elaborar el palio, símbolo litúrgico que representa el vínculo especial entre el Papa y los arzobispos metropolitanos.
Los corderos que participan en esta ceremonia son esquilados, no sacrificados, y su lana es empleada exclusivamente para la confección del palio. La restauración de esta práctica también permitió al Santo Padre conocer al clero que trasladó a los animales hasta el Vaticano.
La relación entre Santa Inés y el cordero posee un significado tanto simbólico como lingüístico. Su nombre remite al griego haghnós (puro) y al latín agnus (cordero). En la iconografía, la mártir romana suele aparecer junto a un cordero, que representa la inocencia, el sacrificio y la fidelidad a Cristo, a quien se mantuvo leal incluso ante la muerte.
Esta tradición de bendecir los corderos está documentada desde los siglos IV y VI y ha perdurado como un signo visible de la memoria viva de la santa. En años recientes, el rito se celebraba durante la Santa Misa en la Basílica de Santa Inés, presidida por los Canónigos Regulares de Letrán, pero sin la bendición directa del pontífice.
