El secretario del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, Flavio Pace, ha explicado el significado del ecumenismo en el marco de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que concluirá el domingo 25 de enero.
El diálogo entre los creyentes en Cristo durante esta semana anual, una de las citas ecuménicas más relevantes, coincide este año con la decisión del Papa León XIV de dedicar sus catequesis de los miércoles al Concilio Vaticano II, centradas en la Dei verbum. Esta coincidencia resulta significativa, dado que el Concilio mostró a los fieles “la experiencia de la divina revelación en una progresión”. Según el arzobispo Flavio Pace, la Dei verbum complementa y sitúa en una dimensión relacional la verdad intelectual abordada por la Dei filius del Concilio Vaticano I. Dios se comunica con los hombres “como a amigos”, tal como se observa en la experiencia de Moisés y en las palabras de Jesús en el Evangelio de Juan: “Yo os he llamado amigos”.
La revelación no se limita a un asunto teológico, sino que se centra en “la concreción de la experiencia humana de Jesús, la verdad, la mirada hacia las personas de su tiempo, las mujeres, las situaciones, los trabajos, los sufrimientos y las enfermedades físicas”, detalla monseñor Pace. En esta experiencia, Dios se hace carne y se manifiesta. Por ello, la carne de Jesús resulta esencial para encontrar la experiencia de Dios cristiano. Este encuentro une a los creyentes, quienes deben fortalecer la oración para alcanzar una unidad visible plena, como expresó el Papa León XIV en el Ángelus del domingo anterior. El fundamento de esta unidad es el Bautismo, pero a lo largo de la historia, con los cismas de Oriente y Occidente y las fracturas internas en las comunidades ecuménicas, esta unidad bautismal no ha generado una comunión completa. El objetivo es que el camino hacia una comunión plena permita “sentarse también a la única mesa de Cristo”. Este proceso teológico debe ir acompañado de oración común y del don del Evangelio.
El ecumenismo se presenta asimismo como un instrumento de paz, según Koch, quien describe esta experiencia como un diálogo que implica “ponerse frente al otro, finalmente desarmados, para escuchar el don del Espíritu que es el otro y, juntos, invocar que este camino se convierta en una verdadera comunión”. La Semana de Oración constituye un momento clave para las comunidades cristianas, que este año se basan en las reflexiones preparadas por la Iglesia Apostólica Armenia.
La clausura de la Semana tendrá lugar el domingo 25 de enero con la celebración de Vísperas en la Basílica de San Pablo Extramuros, presidida por el Papa León XIV. Esta basílica, visitada por el Santo Padre tras su elección y el pasado 14 de septiembre para la conmemoración ecuménica de los mártires testigos de la fe, está vinculada al ecumenismo. En ella, el rey Carlos recibió el título de confrade y en 1966 el Papa Pablo VI entregó su anillo episcopal a Michael Ramsey, arzobispo de Canterbury. Además, es el lugar donde se anunció el Concilio Vaticano II y donde se recuerda la experiencia de Pablo, que invita a vivir y pedir ser evangelizadores, guiados por el Espíritu.
Recientemente se celebraron los 1700 años del Concilio de Nicea, evento que, según monseñor Pace, no solo permitió conmemorar el símbolo de la fe, sino también mirar hacia el futuro. Destaca un encuentro privado en la iglesia siro-ortodoxa de Estambul, al que asistieron el Santo Padre y otros líderes, quienes dialogaron durante dos horas en una mesa redonda. Aunque no se han difundido detalles, se comprometieron a que no será la última reunión de este tipo.
En 2030 está prevista otra conmemoración ecuménica, el 500º aniversario de la dieta de Augsburgo y de la Confesión de Augsburgo. El arzobispo Pace señala que este evento representó un intento de encontrar una profesión de fe común tras la crisis con Martín Lutero, dentro de los países vinculados a la reforma. Esta conmemoración histórica se enmarca en un año que también incluirá otras iniciativas ecuménicas relevantes.
