El Papa defendió en Tenerife una integración basada en la dignidad humana y pidió la conversión de quienes explotan a los migrantes.
León XIV reclamó este viernes, 12 de junio, una cultura de la integración que vaya más allá de la mera asistencia durante un encuentro con migrantes, voluntarios y entidades dedicadas a la acogida celebrado en la Plaza del Cristo de La Laguna, en San Cristóbal de La Laguna (Tenerife). En la última etapa de su viaje a España, el Pontífice defendió que las personas migrantes puedan reconstruir su vida y participar plenamente en la sociedad que las recibe, al tiempo que lanzó una severa advertencia contra quienes se lucran con su sufrimiento.
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El Papa denunció expresamente a quienes organizan rutas clandestinas, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores o amenazan a mujeres vulnerables. Su mensaje fue contundente: “Deténganse. Conviértanse”. Además, advirtió de que “las lágrimas y la sangre de estos hermanos claman a Dios y sus sufrimientos llegan hasta Él” y aseguró que “el dinero arrancado a la vulnerabilidad de los pobres no dará paz, ni honor, ni futuro”.
San Cristóbal de La Laguna, definida por León XIV como una “ciudad sin murallas”, sirvió como marco para una reflexión sobre las barreras invisibles que dificultan la acogida. El Pontífice señaló que los obstáculos más difíciles de derribar no son físicos, sino aquellos que nacen “en la mirada, en el miedo o en la indiferencia”, e invitó a aprender “el lenguaje de la cercanía”, capaz de reconocer la dignidad de cada persona más allá de cifras o expedientes administrativos.
El Sumo Pontífice explicó que la integración no puede reducirse a una ayuda puntual ni a una mera respuesta asistencial. “La acogida abre la puerta; la integración ayuda a cruzar el umbral. La asistencia coloca bálsamo en la herida y la integración reconstruye el futuro”, afirmó durante su intervención.
León XIV añadió que integrar no significa borrar la historia de quien llega ni exigirle que abandone aquello que forma parte de su identidad. Tampoco supone crear espacios cerrados donde las personas convivan sin encontrarse realmente. Por el contrario, describió la integración como un proceso recíproco en el que quien llega aprende a habitar una tierra nueva y quien recibe amplía su propia casa sin perder su identidad.
La integración, según explicó el Papa, implica también una responsabilidad compartida. Recordó el deber de los Estados y de las sociedades de acogida de proteger y acompañar a los migrantes, pero animó igualmente a quienes llegan a implicarse activamente en su nuevo entorno mediante el aprendizaje de la lengua, el respeto a las leyes, el conocimiento de las costumbres y la participación en la vida común.
La dignidad humana ocupó un lugar central en el discurso. León XIV insistió en que la mirada cristiana debe situar siempre a la persona por delante de cualquier consideración jurídica o administrativa. “Hablamos, ante todo, de personas creadas a imagen y semejanza de Dios, antes que de categorías jurídicas o de problemas que administrar”, afirmó.
El Pontífice recordó que quienes alcanzan las costas europeas tras travesías extremadamente peligrosas necesitan ayuda material, pero también oportunidades reales para comenzar una nueva vida. Según explicó, buscan a alguien que les haga comprender que su vida no es un descarte y que su sufrimiento no es invisible, pero también desean poder aprender, trabajar, servir y participar plenamente en la sociedad que los recibe.
La diócesis, Cáritas, la pastoral de migraciones, las parroquias y numerosas organizaciones eclesiales y civiles recibieron el agradecimiento expreso del Papa por la labor que desarrollan en los procesos de protección, promoción e integración. También destacó el valor de quienes, después de haber sido acogidos, se convierten posteriormente en apoyo para otros migrantes.
León XIV dedicó uno de los momentos más emotivos de su intervención a quienes han perdido la vida intentando alcanzar Europa. “Una conciencia humana, y más aún una conciencia cristiana, no puede permanecer indiferente ante las víctimas de los naufragios y de la falta de ayuda, ante esos cementerios del mar. Cada vida perdida en estas rutas es un fracaso para la familia humana”, afirmó.
El Papa Prevost alertó además sobre lo que definió como un “naufragio silencioso” que puede producirse después de la llegada. Se refirió a situaciones de soledad, desempleo, falta de vínculos o exposición a redes de explotación que impiden una verdadera integración. Por ello defendió que integrar significa también evitar ese segundo naufragio y permitir que quienes llegan puedan reconstruir su vida y aportar sus dones a la sociedad.
La Iglesia, añadió, no debe limitarse a ofrecer ayuda material. Dirigiéndose a los católicos, pidió comunidades capaces de acoger y evangelizar con respeto y libertad, ofreciendo el testimonio de Cristo sin imposiciones y reconociendo también la riqueza que aportan quienes llegan.
La Sagrada Familia, recordó finalmente León XIV, también conoció la experiencia del desplazamiento cuando tuvo que huir a Egipto para proteger al Niño Jesús. Con esa referencia concluyó su intervención pidiendo que Canarias siga siendo una tierra donde toda persona pueda sentirse reconocida como hermano y donde la acogida se transforme en una auténtica integración.
