Los obispos de Guatemala alertan de que las cárceles están en manos del crimen organizado

Los obispos de Guatemala alertan de que las cárceles están en manos del crimen organizado

La Conferencia Episcopal de Guatemala expresa preocupación por la violencia en las cárceles y el asesinato de policías en la capital.

En Ciudad de Guatemala, la tensión persiste a pesar de una aparente calma, según describe monseñor Rodolfo Valenzuela Núñez, obispo de Vera Paz y presidente de la Conferencia Episcopal Guatemalteca. La población mantiene una actitud cautelosa y temerosa, con numerosos ciudadanos que continúan evitando salir de sus hogares, mientras decenas de policías y militares patrullan los barrios en busca de miembros de las pandillas responsables de la muerte de diez agentes en emboscadas recientes.

El estado de emergencia aprobado por el Parlamento para un periodo de 30 días ha permitido la detención de más de doscientos individuos, entre ellos al menos veinte vinculados a las pandillas Barrio 18 y Mara Salvatrucha, que ejercen un control violento especialmente en el departamento y la capital. Estas revueltas carcelarias, originadas por miembros de estas organizaciones, buscan presionar para obtener condiciones penitenciarias más favorables. Sin embargo, según el presidente de la Conferencia Episcopal, "las cárceles están en manos de la misma criminalidad. Los miembros de las pandillas controlan las prisiones, hay agentes penitenciarios corruptos y un sistema judicial viciado que no hace cumplir la ley en esos centros".

La violencia desatada responde a los controles policiales y a la represión estatal, que provocan reacciones agresivas similares a las ocurridas a principios de semana. En palabras del presidente guatemalteco, César Bernardo Arévalo de León, "sabemos quién está detrás: grupos que se benefician de la corrupción y que se niegan a que vivamos, como país, en transparencia y justicia". No solo los pandilleros son responsables, sino también los intereses económicos e ideológicos que los respaldan.

Los obispos han hecho una llamada a la prudencia y a la paz, además de manifestar su respaldo a las familias de los policías fallecidos. Han solicitado a las autoridades cumplir con las promesas electorales de combatir la corrupción con todos los medios disponibles. Monseñor Valenzuela reconoce las debilidades del gobierno, pero insiste en que debe ser respaldado en esta lucha desigual contra las fuerzas políticas y económicas oscuras. Para fundamentar su postura, recuerda a monseñor Juan Gerardi, a padre Hermógenes López, a los misioneros del Sagrado Corazón y a otros religiosos y laicos víctimas de la violencia en tiempos recientes, quienes "nos animan a un camino de resistencia y esperanza".

En la jurisdicción de la arquidiócesis de Santiago de Guatemala, donde la policía encontró recientemente los cuerpos de tres mujeres, una de ellas embarazada, y dos adolescentes posiblemente víctimas de ajustes de cuentas entre pandillas, se ha suspendido por precaución la celebración de misas y reuniones eclesiales nocturnas. No obstante, en el resto del país las actividades pastorales continúan con normalidad.

Las revueltas en las prisiones y el asesinato de policías no solo generan inquietud por la seguridad nacional, sino que también amenazan el desarrollo del proceso político. La población muestra especial preocupación ante las próximas elecciones de segundo grado, en las que se elegirán magistrados para las Cortes de Justicia, Constitucional y Suprema Electoral. Si no se erradica la corrupción en estas instituciones, advierten, el resto del sistema no funcionará. Existen intereses ocultos que buscan impedir estos cambios institucionales.

Los obispos consideran que la criminalidad organizada puede combatirse mejorando los mecanismos de inteligencia del Estado y las Fuerzas Armadas, pero rechazan los procesos sumarios. Valenzuela advierte que se oponen a "acciones arbitrarias que acusan y condenan sin un juicio justo a los responsables de la violencia contra el pueblo". Además, subraya la necesidad de identificar y sancionar a quienes, desde posiciones políticas o económicas, fomentan la corrupción y la violencia que afectan a la nación.

Comentarios
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Julia Reyes
2 dias hace
La historia de Guatemala está marcada por ciclos de violencia y corrupción que se alimentan mutuamente, dejando a la población atrapada en una espiral sin salida. La influencia del crimen organizado en las cárceles refleja una incapacidad estatal que es tanto un síntoma como una consecuencia de un sistema judicial disfuncional. Es crucial no solo erradicar a los criminales, sino también desmantelar las estructuras que los respaldan para aspirar a una democracia verdadera.
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