La Iglesia de Guatemala manifiesta preocupación tras las violentas revueltas en tres cárceles del país, que han provocado la muerte de diez agentes y la suspensión de misas dominicales.
Durante el pasado fin de semana, tres penales guatemaltecos sufrieron motines coordinados en los que los reclusos retuvieron a decenas de funcionarios y prendieron fuego a celdas y oficinas administrativas. Estas revueltas habrían sido organizadas por presos vinculados a la banda criminal Barrio 18, con el objetivo de obtener reducciones de condena y privilegios para sus líderes, especialmente para Aldo Duppie Ochoa Mejía, conocido como El Lobo, condenado a 1.680 años de prisión por 139 asesinatos.
Tras controlar uno de los motines, la respuesta de la banda fue violenta en varias regiones del país, con ataques a patrullas policiales que han dejado un saldo de diez agentes fallecidos y numerosos heridos. En este contexto, monseñor Gonzalo de Villa y Vásquez, arzobispo de Santiago de Guatemala, mostró la cercanía de la Iglesia con las víctimas y reiteró su compromiso con la promoción de la paz. Además, expresó su deseo de que la calma y la tranquilidad regresen a la capital y sus alrededores.
Por razones de seguridad, el prelado decidió suspender las misas dominicales vespertinas en toda su arquidiócesis “para evitar exponer a la población a riesgos mayores”.
El Parlamento ratificó ayer el estado de emergencia por 30 días, previamente aprobado por decreto presidencial del mandatario Bernardo Arévalo. Esta medida otorga a las fuerzas de seguridad poderes especiales para enfrentar no solo a Barrio 18, sino también a la banda Mara Salvatrucha, ambas calificadas por los gobiernos guatemalteco y estadounidense como organizaciones terroristas internacionales.
Con la declaración de emergencia se suspenden ciertas garantías constitucionales, como el derecho de reunión y manifestación, y se autorizan arrestos e interrogatorios sin orden judicial.
