En un reciente artículo de opinión publicado en el medio digital National Catholic Reporter el 2 de diciembre de 2024, se analiza cómo el primer viaje internacional del Papa León XIV a Turquía comienza a perfilar los rasgos propios de su pontificado en continuidad, pero también en contraste, con el legado de Francisco.
El primer viaje al extranjero del Papa León XIV, a Turquía, ha mostrado claras continuidades con el pontificado de su predecesor, Francisco, pero también algunas diferencias significativas. Desde su elección, diversos observadores, entre ellos el cardenal de Chicago Blase Cupich, han subrayado que León no es un “reemplazo” de Francisco, sino su sucesor, con un estilo propio. El nuevo pontífice ha seguido la estela de Francisco al elegir como destino inicial un país con una minoría católica muy reducida, en la línea del viaje de Francisco a Mongolia, y ha querido confirmar en la fe a comunidades pequeñas y dispersas.
Durante su estancia en Estambul, León XIV se reunió con ancianos, jóvenes y responsables civiles, y celebró misa con las comunidades católicas de Turquía en el Volkswagen Arena, donde se pudieron ver muestras de afecto como un cartel infantil en el que se leía: “Papa León, te queremos”. En la catedral latina del Espíritu Santo, también en Estambul, mantuvo un encuentro de oración con obispos, sacerdotes, religiosos, diáconos y agentes de pastoral del país, en el que pronunció uno de los discursos doctrinalmente más marcados de su viaje.
En ese encuentro, el papa recordó la importancia del Concilio de Nicea y su afirmación de la divinidad de Jesús y su igualdad con el Padre. Señaló que en Jesús se encuentra “el verdadero rostro de Dios y su palabra definitiva sobre la humanidad y la historia”. A partir de ahí advirtió sobre lo que denominó un “nuevo arrianismo” presente en la cultura actual e incluso entre creyentes, que se manifiesta cuando Jesús es admirado solo en un plano humano y respetado religiosamente, pero sin ser reconocido como Dios vivo y verdadero. Denunció que así se oscurece su divinidad y su señorío sobre la historia, reduciéndole a “un gran personaje histórico, un maestro sabio o un profeta que luchó por la justicia, pero nada más”, y subrayó que Nicea recuerda que Cristo no es una figura del pasado, sino el Hijo de Dios presente, que guía la historia hacia el futuro prometido por Dios.
En el ámbito del ecumenismo, León XIV insistió en la causa de la unidad de los cristianos, con la mirada puesta en el jubileo de 2033, cuando se conmemorará el segundo milenio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. En la línea de los últimos pontífices, destacó la especial cercanía de la Iglesia de Roma con las Iglesias orientales. Un momento simbólico fue su presencia en el lugar del Concilio de Nicea, acompañado por casi todos los patriarcas de las Iglesias orientales, considerado un nuevo paso hacia la plena comunión. Su relación cordial y fluida con el patriarca Bartolomé evocó encuentros históricos como el de Pablo VI con el patriarca Atenágoras en Jerusalén en 1964.
Sin embargo, también se apreciaron diferencias respecto a Francisco. León XIV decidió no rezar durante su visita a la Mezquita Azul de Estambul, a diferencia de Francisco y de Benedicto XVI, que sí lo hicieron. Algunos sectores tradicionalistas habían criticado en su día el gesto de Francisco, y también comentaron la elección de León de aparecer con la muceta escarlata en la logia de San Pedro tras su elección, interpretándola como signo de simpatías tradicionales. No obstante, el precedente de Benedicto XVI en la misma mezquita relativizó esas lecturas.
Otro rasgo distintivo se percibió en su intervención reciente ante canonistas reunidos en Roma en un curso sobre los diez años de la reforma del proceso canónico matrimonial. LeónXIV elogió las reformas del proceso de nulidad impulsadas por Francisco, pero advirtió de que “el juicio humano sobre la nulidad del matrimonio no puede sin embargo ser manipulado por una falsa misericordia”. Subrayó la necesidad de mantener un equilibrio entre las dimensiones eclesiológica, jurídica y pastoral, que a menudo se conciben como compartimentos separados o incluso contrapuestos. Señaló que es frecuente considerar que un enfoque más teológico o pastoral sería menos jurídico, y viceversa, lo que oscurece la armonía que surge cuando las tres dimensiones se entienden como partes de una misma realidad.
En conjunto, León XIV se presenta como continuador del camino abierto por el Concilio Vaticano II y por Francisco, pero con acentos propios: formación de canonista, pertenencia a la orden agustina y una insistencia particular en los “guardarraíles” doctrinales y jurídicos. Diversos análisis comparan su papel con el de Pablo VI respecto a Juan XXIII: comprometido con el mismo programa de fondo, pero con un estilo más cauto y una orientación más marcada hacia la gestión y la articulación normativa del proyecto eclesial heredado.
