Encuestas recientes indican un cambio inesperado en la postura sobre el aborto entre los jóvenes estadounidenses.
Datos de Gallup y otras encuestas revelan que aproximadamente un 37 % de los adultos jóvenes en Estados Unidos se identificaron como pro-vida en 2025, lo que supone un aumento de entre 8 y 11 puntos porcentuales respecto a los resultados de 2022 y 2023. Del mismo modo, la proporción de jóvenes que apoyan el aborto legal en todas las circunstancias ha descendido entre 10 y 14 puntos, según las mismas fuentes.
Este cambio no implica que los menores de 30 años formen un bloque unánimemente pro-vida. Una encuesta del Pew Research Center de 2024 señala que este grupo sigue siendo más proclive que generaciones mayores a respaldar el aborto legal en “todos o la mayoría de los casos”, aunque también se observa una disminución en ese apoyo en comparación con años anteriores. Los analistas subrayan la importancia de la tendencia observada.
El panorama se complica al analizar los resultados electorales recientes. En referendos estatales sobre el aborto, las campañas pro-aborto han ganado en casi todas las regiones, salvo en Nebraska, Dakota del Sur y Florida. Esto evidencia una discrepancia: aunque muchos estadounidenses experimentan una creciente inquietud moral respecto al aborto, ello no se traduce automáticamente en respaldo a protecciones legales para el no nacido.
Los líderes pro-vida sostienen que la persuasión opera en dos niveles: primero, convencer de que el aborto termina con una vida humana; segundo, lograr que esa vida reciba protección legal, un objetivo que suele ser más difícil.
Entre los factores que impulsan esta evolución destacan las iniciativas pro-vida en campus universitarios, que han ampliado su alcance mediante debates, apoyo a embarazadas y testimonios personales. Además, algunos jóvenes se reenganchan con comunidades religiosas que plantean el aborto como una cuestión moral y antropológica, no solo política.
El fallo Dobbs v. Jackson Women’s Health Organization de 2022, que anuló Roe v. Wade, ha intensificado el debate nacional, trasladando la discusión a los legislativos estatales y a la opinión pública. Para muchos jóvenes, el aborto ha dejado de ser un derecho legal abstracto para convertirse en un tema visible y controvertido.
Sin embargo, el contexto general sigue siendo complejo para el movimiento pro-vida. Desde la revocación de Roe, la administración Biden eliminó la exigencia de visita médica presencial para obtener píldoras abortivas, una medida inicialmente adoptada durante la pandemia de COVID-19. Esto ha facilitado la distribución nacional de estos medicamentos, incluso desde estados pro-aborto como California y Nueva York hacia otros con leyes pro-vida, como Texas y Luisiana.
Los críticos sostienen que esta política socava las restricciones estatales, ya que las píldoras solicitadas en línea son difíciles de controlar. A pesar de la presión de grupos pro-vida, la Administración Trump no modificó esta regulación instaurada bajo Biden.
Por otro lado, las organizaciones pro-aborto continúan superando en gasto a sus adversarios y reciben un amplio respaldo mediático. Los principales medios suelen amplificar mensajes a favor del aborto, mientras que las afirmaciones pro-vida, especialmente sobre riesgos de la píldora abortiva, son frecuentemente cuestionadas o desestimadas.
En este contexto, incluso avances modestos resultan significativos. La encuesta nacional de Gallup en 2025 mostró un ligero aumento del sentimiento pro-vida en la población general. El politólogo y estadístico Dr. Michael New calificó esta tendencia como “notable” y destacó la “resistencia” del apoyo pro-vida a pesar de la intensa cobertura mediática negativa tras la aprobación de nuevas leyes.
Esta estabilidad es relevante frente a los mensajes post-Dobbs que advierten sobre supuestos riesgos para la vida de las mujeres debido a las restricciones. Para los defensores del movimiento, la permanencia de la opinión pública sugiere una base moral profunda.
