La Iglesia armenia inspira la Semana de Oración por la Unidad de 2026

La Iglesia armenia inspira la Semana de Oración por la Unidad de 2026

La Semana de oración por la unidad de los cristianos 2026 se centrará en el llamado a una comunión más visible entre los discípulos de Cristo, con textos elaborados por la Iglesia apostólica armenia.

Los materiales para la Semana de oración por la unidad de los cristianos 2026 han sido elaborados por el departamento de relaciones interconfesionales de la Iglesia apostólica armenia, en colaboración con fieles de la Iglesia Católica y las iglesias evangélicas armenias. La versión definitiva de estos textos se concluyó durante un encuentro celebrado del 13 al 18 de octubre de 2024 en el Saint-Siège de Etchmiadzine, en Armenia.

Esta celebración ecuménica, titulada Luz de Luz para la Luz, se inspira en la oración diaria del amanecer compuesta por san Nersés el Gracioso, teólogo y pastor reconocido por su compromiso con la comunión entre las iglesias, destacado también por san Juan Pablo II. Además, los textos incluyen referencias a san Gregorio de Narek, místico y poeta armenio venerado tanto por católicos como por ortodoxos, declarado doctor de la Iglesia Católica en 2015. Una oración basada en sus escritos invita a vivir la unidad en la armonía de la diversidad, como flores de un mismo jardín.

El tema de esta edición se fundamenta en una afirmación del apóstol Pablo extraída de la carta a los Efesios: “Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también fuisteis llamados a una sola esperanza” (Efesios 4,4). Esta cita subraya que la unidad no se logra únicamente por iniciativas humanas, sino que es un don recibido, basado en el llamado común a seguir a Cristo y vivir según su Espíritu.

En el hemisferio norte, la Semana de oración se celebra del 18 al 25 de enero, siguiendo una tradición iniciada en 1908 por Paul Wattson, quien eligió estas fechas para abarcar el período entre las fiestas de San Pedro y San Pablo, resaltando así la dimensión apostólica de la unidad de la Iglesia. En el hemisferio sur, donde enero suele coincidir con las vacaciones de verano, las iglesias prefieren otras fechas, como la época de Pentecostés, que también tiene un significado especial para la unidad eclesial, vinculada a la efusión del Espíritu y al nacimiento de la Iglesia.

La introducción teológica y pastoral de 2026 señala que la unidad es una misión divina y constituye el núcleo mismo de la identidad cristiana. En la vida litúrgica de la Iglesia apostólica armenia, la oración por la unidad es constante, especialmente durante la proclamación del Credo, en la que los fieles profesan su fe en “la Iglesia una, santa, católica y apostólica”. Cada celebración eucarística incluye esta intención, y la liturgia dominical concluye con un gesto de paz acompañado del canto “La Iglesia se ha hecho una”.

La elección de Etchmiadzine como sede para la finalización de los textos destaca la historia y espiritualidad de una iglesia que ha atravesado numerosas pruebas, desde dominaciones extranjeras y la violencia de 1915 hasta las décadas bajo el régimen soviético. Estas experiencias han fortalecido un profundo compromiso con la unidad, considerada una dimensión esencial de la fidelidad a Cristo.

Desde sus orígenes, la Iglesia se entiende como una comunión fundada en la fe apostólica, la predicación y los sacramentos. En los primeros siglos, controversias teológicas importantes condujeron a los grandes concilios ecuménicos de Nicea (325) y Constantinopla (381) sobre la fe trinitaria, y de Éfeso (431) y Calcedonia (451) sobre la cristología. Las decisiones de estos últimos concilios provocaron separaciones duraderas con varias iglesias orientales. En 1054, el Gran Cisma entre Roma y Constantinopla consolidó la ruptura entre el Oriente ortodoxo y el Occidente latino, motivada por diferencias teológicas, litúrgicas y de autoridad.

La Reforma protestante, iniciada en 1517 con las tesis de Martín Lutero, cuestionó el magisterio, la sacramentalidad y la unidad eclesial, provocando una fractura profunda y duradera en el cristianismo occidental. Las guerras de religión de los siglos XVI y XVII intensificaron estas divisiones, dejando una huella que aún persiste en el panorama cristiano actual.

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