El cardenal Pietro Parolin inaugura el Año Jubilar por el 600.º aniversario del milagro de Monte Berico

El cardenal Pietro Parolin inaugura el Año Jubilar por el 600.º aniversario del milagro de Monte Berico

El cardenal secretario de Estado Pietro Parolin inauguró el Año Jubilar Mariano y del Renacimiento en el santuario de la Virgen de la Misericordia en Monte Berico, Vicenza, con motivo del seiscientos aniversario de la aparición mariana que detuvo la peste en 1426.

El 7 de marzo de 1426, la Virgen se apareció a la campesina Vincenza Pasini en la colina de Monte Berico, que domina la ciudad de Vicenza, provocando el fin de la peste que asolaba la región. Desde entonces, numerosos fieles peregrinan al santuario dedicado a la Virgen de la Misericordia, especialmente el 8 de septiembre, día de la Natividad de María, para cumplir el antiguo voto. Actualmente, el santuario está bajo la custodia de los frailes Siervos de María.

Durante la solemne ceremonia eucarística, el cardenal Pietro Parolin, originario de Schiavon, en la diócesis de Vicenza, presidió la apertura del Año Jubilar Mariano y del Renacimiento convocado para esta conmemoración. En la iglesia se congregaron cientos de fieles, mientras que otros quinientos siguieron el acto desde la plaza de la Vittoria, donde se instaló una pantalla gigante.

En el altar acompañaron al cardenal cuatro obispos: monseñor Giuliano Brugnotto, obispo de Vicenza; el emérito Beniamino Pizziol; Adriano Tessarollo, obispo de Chioggia; y Claudio Dalla Zuanna, de la diócesis de Beira en Mozambique. Además, participaron decenas de sacerdotes y alrededor de un centenar de autoridades y representantes políticos, entre ellos el presidente de la región del Véneto, Alberto Stefani, el presidente de la provincia, Andrea Nardin, y el alcalde de Vicenza, Giacomo Possamai.

El cardenal Parolin afirmó que “María nos invita a dejar hablar a Dios en Cristo”, promoviendo una actitud de silencio interior que permita escuchar la voz del Señor. Según sus palabras, solo así Vicenza, el Véneto y los peregrinos que visiten el santuario durante este año jubilar podrán abrir “muchas puertas cerradas” y recomenzar historias rotas, avanzando hacia una igualdad radical que supere el sentido de superioridad que divide a las personas.

Los fieles comenzaron a reunirse desde el mediodía en las inmediaciones del santuario, muchos ascendiendo a pie por los pórticos que conectan la ciudad con Monte Berico. La celebración eucarística dio inicio a las 15:00 horas, precedida por la mañana por el Congreso Mariológico-Mariano Internacional extraordinario titulado “María Madre de la Misericordia entre la piedad popular y el renacimiento de las comunidades”. El obispo de Vicenza, monseñor Brugnotto, dio la bienvenida al cardenal Parolin y expresó: “Que María nos muestre el camino del compartir y la solidaridad. Hemos subido a esta colina para sentir la presencia maternal de María y acoger su invitación a escuchar la voz de su Hijo Jesús. A Ella le presentamos los anhelos de justicia y paz que brotan de nuestro pueblo vicentino y de tantos otros pueblos”.

En su homilía, el cardenal Parolin recordó los seiscientos años de historia del santuario, describiéndola como “una historia hecha de esperanza, de vida, de cambio, de renacimiento”. Destacó que “la Madre de Jesús es el comienzo de la Iglesia de los resucitados” y que el fundamento de lo vivido entonces y de lo que Vicenza y el Véneto están llamados a vivir ahora es el vínculo que Dios estableció entre la primera criatura resucitada y la humanidad en su recorrido histórico. El secretario de Estado del Vaticano subrayó que permitir a Dios hablar en Cristo a través de su Santísima Madre otorgó la libertad frente a la peste: la libertad para pensar y actuar, y para vivir la existencia cotidiana a partir de la muerte. Fue una curación integral, tanto del cuerpo como del espíritu”.

El cardenal también señaló que, en la actualidad, las palabras humanas intentan esclavizar cuerpos y espíritus, y que es necesario “dejar hablar a Dios en Cristo para que pueda escribirse en el presente una historia de libertad, donde todos vean respetado, promovido y acogido su nombre y su lugar en las sociedades”. Añadió que esta actitud permite que todos recuperen el derecho a la palabra y a la ciudad, favoreciendo así una convivencia más justa y fraterna.

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