Antonino Zichichi, físico de renombre mundial y referente de la investigación italiana en partículas elementales, falleció a los 96 años.
Nacido en Trapani en 1929, Antonino Zichichi se graduó en física en la Universidad de Palermo y desarrolló una carrera que lo llevó a colaborar en centros internacionales como el CERN en Ginebra y el Fermilab en Chicago. En 1965 dirigió el equipo que detectó por primera vez el antideuterón, una partícula de antimateria nuclear, lo que supuso un avance significativo en la física subnuclear. Fue profesor titular en la Universidad de Bolonia desde 1965 hasta 2006, donde posteriormente obtuvo la condición de emérito, y publicó más de quinientos trabajos científicos.
Desde 1986 presidió el World Lab, organización que apoya proyectos científicos en países en desarrollo y que fundó junto al físico Isidor Isaac Rabi. También ejerció como presidente del Instituto Nacional de Física Nuclear (INFN), de la European Physical Society (EPS), del Comité de la OTAN para el desarme en ámbitos nuclear, químico, biológico y convencional, así como de la World Federation of Scientists (WFS). Recibió doctorados honoris causa y distinciones en países como China, Alemania, Polonia, Estados Unidos, Argentina, Rumanía, Georgia y Ucrania. Fue impulsor de los Laboratorios Nacionales del Gran Sasso, inaugurados en 1980, y fundó en Erice el Centro de Cultura Científica “Ettore Majorana”, concebido como foro internacional para científicos y punto de referencia para varias generaciones de investigadores.
Además de su labor científica, Zichichi dedicó esfuerzos a la divulgación, defendiendo la importancia del método científico frente a supersticiones y simplificaciones. Algunas de sus posturas, especialmente en las últimas décadas, generaron debate, como sus reservas sobre la teoría darwiniana de la evolución y sus críticas a los modelos matemáticos empleados en el estudio del cambio climático. Siempre presentó estas cuestiones como asuntos metodológicos y de rigor científico, reivindicando la libertad de investigación y el diálogo, aunque consciente de su creciente distancia respecto al consenso mayoritario en la comunidad científica.
Su compromiso público incluyó la promoción de la paz y el desarme nuclear. Desde los años ochenta organizó en Erice los seminarios internacionales de “Ciencia para la Paz”, que congregaron a científicos de prestigio para analizar los peligros de una guerra nuclear y las responsabilidades éticas de la investigación. De estas reuniones surgió el Manifiesto de Erice, firmado por personalidades como Paul Dirac y Piotr Kapitza. Zichichi presidió el Comité de la OTAN para tecnologías de desarme y representó a la Unión Europea en el comité científico del Centro Internacional de Ciencia y Tecnología de Moscú.
Desde el año 2000 formó parte activa de la Pontificia Academia de las Ciencias y mantuvo una estrecha relación con la Iglesia Católica, considerando que ciencia y fe no están en conflicto sino que deben iluminarse mutuamente. Colaboró con varios pontífices, especialmente con Juan Pablo II y Benedicto XVI, defendiendo la superación de antiguas controversias, como el caso Galileo. Destaca la visita de Juan Pablo II al Centro “Ettore Majorana” en Erice el 8 de mayo de 1993, que simbolizó una alianza posible entre la investigación científica y la reflexión espiritual.
Antonino Zichichi defendió públicamente a Benedicto XVI frente a las críticas por su visita prevista a la Universidad de Roma La Sapienza en 2008, calificándolas como un acto de “cultura pre-aristotélica” y valorando la visión del Papa sobre la razón como fundamento del conocimiento.
